Rocío Benítez - Zona de la Visión Perpetua

El Gallo de Oro de Juan Rulfo se filmó en Querétaro – Rocío Benítez

“Amanecía. Por las calles desiertas de San Miguel del Milagro, una que otra mujer enrebozada caminaba rumbo a la iglesia, a los llamados de la primera misa. Algunas más, barrían las polvorientas calles. Lejano, tan lejano que no se percibían sus palabras, se oía el clamor de un pregonero. Uno de esos pregoneros de pueblo que van esquina por esquina gritando la reseña de un animal perdido, de un niño perdido o de alguna muchacha perdida…”

Ese pregonero de gritos agudos y filosos, es Dionisio Pinzón, uno de los hombres más pobres de San Miguel del Milagro. Pero la vida humilde de este vocero cambia por completo en una pelea de gallos. Un gallo fino, uno de color dorado, a quien todos le apostaban, pierde y queda mal trecho. Su dueño está por rematarlo cuando Dionisio suplica por su vida. Con cariño y paciencia, el pregonero lo cuida hasta que el emplumado recobra aliento y energía para volver al círculo de pelea. Y mientras el gallo se llena de vida, la madre de Dionisio muere.

Repuesto el gallo gana varias apuestas para su nuevo dueño, además del querer de una cantante que se presenta de feria en feria, las mismas fiestas a las que asiste Dionisio, convertido ahora en afamado gallero. La cantante es conocida como La Caponera y es a ella a quien el pregonero le atribuye la buena suerte de su gallo, ese animal de plumaje dorado como el oro.

El gallo de oro es como se titula una pequeña novela de Juan Rulfo (1917-1986), a quien esta semana se recordó porque el pasado 7 de enero se conmemoró un aniversario más de su fallecimiento.

Las primeras líneas de esta columna abren la historia de El gallo de oro, obra poco renombrada, porque cuando se habla de Rulfo inmediatamente resurge su gran obra: Pedro Páramo. Pero la historia y poética de El gallo de oro, corresponden sin duda a la maestría de Rulfo.

También llegó al cine, y no fue cosa menor, la versión fílmica fue adaptada por dos grandes de la literatura: Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez. Ignacio López Tarso interpretó al pregonero Dionisio Pinzón, y La Caponera era Lucha Villa.

En 1964 es cuando Roberto Gavaldón filmó esta cinta, con la fotografía de Gabriel Figueroa, y lo hizo en locaciones de Querétaro, algunas de San Juan del Río, el Pueblo Mágico de Bernal y, aunque poco se cuenta y no hay registro (o aún los desconozco), también se filmaron algunas tomas (muy pequeñas) en Chichimequillas, poblado de El Marqués.

Y lo sé porque mi familia materna es originaria de ese lugar y siempre cuentan la historia del día en que llegaron al pueblo unas “gentes” y mandaron llamar a todos los hombres que tuvieran caballos para participar en la película. En la bola de los que acudieron ha llamado llegó el tío Berna, él era quien platicaba que todos los hombres atendieron la orden de correr con el caballo para acá y luego para allá, frente a la cámara. Y nada más por eso se ganaron unos buenos “pesotes”. La toma recrea parte del ambiente de juego y celebración de una de las tantas ferias a las que asistieron los protagonistas.

En una entrevista que le hicieron a Ignacio López Tarso, platica que García Márquez, un adorador de los gallos, los acompañó en varios días de la filmación y le fascinaba ver cómo se envalentonaba el gallo de oro, cuando entraba a pelear.

Qué maravilla para los que, sin saber de qué trataba la película, ni quién escribió la historia, ni la adaptó, participaron en dicha filmación. Seguro alguno estrechó la mano de García Márquez, sin saber que era el gran Gabo. Y muchos más vieron la película en la pantalla grande, maravillados por la historia o por Lucha Villa (una de las estrellas del momento), sin conocer que tres grandes de la literatura estaban detrás de la película.

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