Qro, Tierra de Artesanos

Villa Progreso, una comunidad marcada por la cerámica desde hace más de dos décadas

Historia: Jesús Arriaga/EnLaLupa.com

Fotos: Guillermo González/EnLaLupa.com

Eva Servín abre la puerta de su domicilio para recibir a los recién llegados. La casa, estilo rústico, alberga también el taller y tienda de artesanías de cerámica punteada que abrió desde hace más de dos décadas, en Villa Progreso, municipio de Ezequiel Montes.

Abre la puerta de la tienda, donde se exhiben las piezas que hacen en la familia y que también ayudan a la comunidad, dando empleo a una decena de personas que elaboran las artesanías de cerámica horneada y punteada.

Eva muestra las diferentes piezas que se exhiben. Desde tazas con imágenes de la muñeca Lele, hasta vajillas completas de más de 60 piezas y cuyo diseño las hace piezas únicas. Incluso, los precios muestran el valor de la cada una de ellas.

La sala de exhibición luce llena de las piezas que han hecho. “Antes no teníamos tanto surtido”, dice Eva mientras observa los porta garrafones que también elabora junto con su familia.

La labor de Eva comenzó en 1998, cuando originarios de Coyoacán, en la Ciudad de México, llegaron a Ezequiel Montes y decidieron incursionar en las artesanías. Han pasado 21 años y el negocio se consolidó.

Entre las piezas que más llaman la atención está una vajilla, con más de 60 piezas. “No son baratas”, dice Eva. Tiene razón, la vajilla alcanza los 16 mil pesos. Las piezas en general no son económicas, pero cada una está finamente elaborada, por lo que muchos pagan su valor sin chistar.

Apunta que muchos de los compradores de sus productos son extranjeros, que valoran mucho el trabajo artesanal. Dice que también los nacionales, pero los visitantes de otros países mucho más.

Luego de un rato, Eva conduce a los visitantes a su taller, ubicado en la parte de atrás de su casa. Antes, se pasa por unas macetas de casi un metro de alto y unos 80 centímetros de diámetro. “Estas están hechas de pedacería, de lo que se nos rompe hacemos estas macetas, y quedan bien”, dice Eva mientras pasa a un lado de los artículos.

Conduce hasta el taller, en la parte de atrás de su vivienda. Adentro, una decena de mujeres y hombres trabajan en la elaboración de los diferentes modelos de artesanías. Todos tienen una función en específico. Por un lado se moldean las piezas que se secan ahí mismo, en los hornos que se tienen en el mismo lugar.

Recuerda que en un inicio eran los mismos vecinos los que elaboraban las piezas, por lo que decidieron contratar a alguien más. “Pusimos un local en Tequisquiapan. Ahí nos iba más o menos bien. Luego una de mis cuñadas, con el mismo producto, puso un local en Bernal. Ella era la que nos compraba regularmente.

Ya pudimos comprar otra parte del terreno, porque aquí nada más tenía un taller chiquito, pero toda la familia nos había apoyado para poner el taller, y poco a poco con la venta de la cerámica se fue pagando. A la fecha es lo que tenemos después de 21 años en Villa Progreso”, subraya.

El taller luce lleno de mujeres, en su mayoría, quienes no paran de trabajar.  María del Socorro Palma González coloca una línea a una pieza. La destreza con la que hace su trabajo evidencia que tiene años de experiencia.

María del Socorro dice que tienen 19 años trabajando en el taller. Su trabajo es poner las líneas en el borde de las tazas y los saleros. “Todo lo que es azul, todo lo que lleva el pico de las jarras. Todo lo azul. Cuando entré aquí no sabía hacer nada de esto y aquí me enseñaron. Cuando son líneas delgaditas es más difícil, cuando son más gruesas no tanto”, apunta.

Explica que depende de lo elaborado de las piezas el tiempo que tarda en hacerlas, pues hay algunas, como las macetas, que son más rápidas de hacer, mientras que las más pequeñas y las que se hacen a mano, sin ayuda de un torno, son más difíciles.

María de Socorro trabaja en un torno vertical, donde no puede colocar piezas cuadradas  o de otra forma, como las cruces, que son más laboriosas.

La mujer indica que entró a trabajar ahí porque no había otra cosa, pero luego porque le gustó mucho el trabajo. Agrega que se siente muy bien de saber que su trabajo, su esfuerzo y su paciencia logra cruzar las fronteras y llegar a otros países, “saber que se van lejos las cosas que uno hace”.

María del Socorro regresa a sus actividades. Con cuidado acerca el pincel a la pieza, mientras que con el pie hace girar lentamente el torno. Como por arte de magia aparece una delgada línea azul en la pieza de cerámica que ya tiene el color gris de base. Cuando da una vuelta María retira el pincel. Detiene el torno y coloca la pieza junto a una decena que ya elaboró durante media mañana.

Las mujeres escuchan música, de vez en cuando algunas de ellas hacen una broma y ríen, mientras continúan con los ojos puestas en las piezas que elaboran. Son mujeres jóvenes y mayores, cada una guarda su espacio. Trabajan sin prisa, pero no hacen pausas.

Eva conduce a otro lugar del taller, a donde está la bodega. El lugar permanece lleno de productos ya terminados que esperan a ser vendidos, o llevados hasta una tienda en Querétaro o en otra ciudad. Las piezas están empacadas y catalogadas.

Eva ve con tranquilidad el esfuerzo de 21 años de trabajo, dos décadas que han marcado la vida de su familia y la de la comunidad.

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