Eric Rosas - La onda plana

Casualidades de guerra – Eric Rosas

La lucha por la hegemonía mundial que actualmente están librando la República Popular de China y los Estados Unidos de América, cada vez muestra con mayor obviedad su hondo calado. Si al inicio de la actual administración estadounidense, el discurso pretendió hacer creer a todos que el móvil era puramente comercial, y concretamente por la insatisfacción con una balanza deficitaria para la economía norteamericana, luego de varios meses transcurridos las verdaderas motivaciones han ido surgiendo a flote poco a poco, revelando la preocupante intensidad de la confrontación que día tras día sigue escalando entre ambos gigantes.

Cuando hace meses la policía canadiense, siguiendo órdenes dictadas desde Washington, detuvo a Meng Wanzhou, la directora financiera de la transnacional de las telecomunicaciones Huawei Technologies, las alertas se encendieron en el ámbito mundial de la tecnología, pues de inmediato se avizoraron los peligrosos alcances que esta acción podría llegar a desencadenar. Desde entonces la firma china no ha podido zafarse del escrutinio y del asedio estadounidenses, en todos aquellos países del mundo en los que busca hacer negocios.

La respuesta asiática fue, desde mi perspectiva, mucho más meditada y efectiva. La compañía ofreció liberar gran parte de sus desarrollos para contrarrestar la campaña de desprestigio que se orquestó desde la avenida Pensilvania. También mostró cuán infinitamente adelantada está su tecnología, con respecto a la del resto de sus competidores. El gobierno de Pekín no dejó sola a Huawei Technologies, pero, además, sedujo a Elon Musk ofreciéndole todo lo que su empresa Tesla necesitaba para mudar su producción a suelo oriental, abriéndole de par en par las puertas de la muralla a la empresa líder del mundo en el ensamble de automóviles eléctricos.

El golpe en el ánimo de la Casa Blanca y en el inflado orgullo de su debilitado inquilino debió haber sido devastador, cuando a finales del 2019 la giga-fábrica de Tesla en Shanghái inició sus operaciones con un volumen de producción que sólo en China se puede alcanzar. Quizá por eso es que esta semana la respuesta de Washington lleva como destinatario precisamente a Musk, mediante el arresto del doctor Charles Lieber, destacado profesor de la Universidad de Harvard.

Como una muy poco fortuita coincidencia, el profesor Lieber ha sido arrestado por la Oficina Federal de Investigaciones –Federal Bureau of Investigations, FBI–, bajo la sospecha de haber mantenido “tratos ilegales” con el gobierno chino. Estos supuestos tratos ilegales se derivan de una investigación que descubrió que el Dr. Lieber colaboró con la Universidad Tecnológica de Wuhan –sí, curiosamente la máxima casa de estudios de la misma ciudad en la que brotó el coronavirus– para establecer un laboratorio de primer nivel en el campo de la nanociencia.

Pero ahí no acaba la historia, pues entre las líneas de investigación que lidera el Dr. Lieber en la Universidad de Harvard –mismas que lo colocan como un referente mundialmente reconocido, e inclusive, potencial laureado Nobel–, está el desarrollo de baterías de iones de litio basadas en nano-alambres. Sí, estamos hablando de la tecnología que forma el corazón de los vehículos eléctricos, como los que Tesla está produciendo en enormes cantidades en su planta de Shanghái. Pero, ahí tampoco acaba la historia. El prominente científico estadounidense, quien ha sido citado en diversas oportunidades por Elon Musk, también es pionero en el desarrollo de conexiones neurológicas. Sí, las que permitirán dentro de poco tiempo que muchos dispositivos inteligentes “puedan conectarse” al cerebro humano y ser operados con el pensamiento. Y, sólo casualmente, otro de los negocios en los que Musk está incursionando desde hace algunos meses.

Casualmente también, las otras dos personas señaladas por el FBI junto con el Dr. Lieber, son nacionales chinos que en los años recientes tuvieron prolongadas estancias como investigadores visitantes en el laboratorio del Dr. Lieber en la Universidad de Harvard. Uno de ellos, un militar chino de alto rango, y el otro, detenido en diciembre, cuando intentaba sacar de contrabando hacia China, una veintena de ampolletas con material robado de un hospital de enseñanza.

Lo anterior, dicho sin aberraciones.

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