Eric Rosas - La onda plana

Un mundo alternativo – Eric Rosas

Un mundo alternativo, ese que los combustibles fósiles nos arrebataron, podría jamás ser conocido por la humanidad, pues, según algunos estudiosos del desarrollo e innovación tecnológicas, estas actividades siguen las tendencias que les dictan la abundancia o la escasez de recursos, como los naturales y los humanos. Entre los académicos, existen quienes aseguran que la Revolución Industrial, que modificara radicalmente el paisaje del mundo hace poco más de dos siglos, originó sus principales avances tecnológicos buscando solventar una problemática muy concreta: la escasez de trabajadores habilidosos, que les permitieran a los empresarios aumentar su productividad y ganancias.

En esta búsqueda de soluciones a un problema concreto, las innovaciones que prosperaron fueron aquellas que tuvieron la coincidencia de utilizar insumos o combustibles que se encontraban abundantemente en el entorno, como lo fue el carbón mineral. De esta forma prosperaron invenciones como la máquina de vapor –alimentada con carbón–, que resultó fundamental para el desarrollo de los transportes –locomotora y buques a vapor–, y también para todas las máquinas de las primeras factorías instaladas a finales del siglo XVIII y principios del XIX.

A inicios del siglo XX dos tecnologías para impulsar a los automóviles –la eléctrica y la de combustión interna–, se enfrentaron también para definir el derrotero del desarrollo del mundo entero en la época reciente. Si la propuesta de Nicola Tesla hubiera predominado, el mundo sería sin duda muy distinto al que tenemos ahora. Pero en su lugar, fue Henry Ford quien se impuso y su modelo T de combustión interna, así como sus múltiples descendientes, pavimentaron el camino para toda una industria que tenía combustibles fósiles en abundancia y con su explotación llenaba las carteras de los grandes magnates de las compañías petroleras.

Según estas experiencias y evidencias, el camino que podría seguir el desarrollo tecnológico actual, continuaría llevándonos por idénticos rumbos dictados por el mismo criterio: la necesidad de encontrar soluciones a los problemas presentes, pero sujetas a la disponibilidad de los recursos. Esta realidad choca con el propio concepto que subyace a la idea de innovación, en la que se supone que habría un sisma, una disrupción, que permitiría cortar con el pasado para generar un futuro completamente diferente y hasta un tanto disociado de sus propios antecedentes.

Por fortuna en las principales escuelas de economía del mundo, también hay quienes piensan que el desarrollo tecnológico y la innovación pueden ser dirigidos, para intentar evitar las rutas de colisión con sus propios efectos negativos. Y que, además, a diferencia de las circunstancias prevalecientes antaño, la humanidad enfrenta ahora una monumental crisis ambiental y atestigua avances tecnológicos sin precedentes, en materia de la inteligencia artificial y robótica.Lo que les hace visualizar estrategias de reducción del fondeo para investigaciones que fomenten el avance tecnológico en aspectos de inteligencia artificial y robótica, que doten a estas tecnologías con las habilidades que también pueda desarrollar el humano y que terminarían desplazándolos de sus actuales puestos de trabajo, como está sucediendo ya en algunos casos, lo que inclusive ha inducido a algunas prestigiadas voces a proponer que los robots sean gravados con impuestos. En su lugar quizá sería mejor orientar los estudios que doten a los robots con la inteligencia artificial para apoyar a los humanos en tareas de soporte a la toma de decisiones, en las que el criterio y la sensibilidad humanos parece que jamás podrán ser emulados.

Sin embargo, aunque lo primero pudiera implementarse, habría un obstáculo mayor a vencer, el del enorme bagaje tecnológico desarrollado en un solo sentido a lo largo de siglos. Esta plataforma tecnológica y financiera ha sido construida por un conjunto de industrias que han emergido a consecuencia de ellas mismas, como lo hacen las ramas de un árbol. Cambiar el enfoque de desarrollo e innovación hacia uno para el que no existe infraestructura alguna, es una batalla contra lo desconocido que nadie quiere librar, como lo estamos viendo también en México.

Lo anterior, dicho sin aberraciones.

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