Juan José Arreola - Código Político

El poder absoluto – Juan José Arreola

Ha sucedido a líderes de diversas latitudes del mundo que encabezaron revoluciones o cambios políticos en nombre de los más pobres, de los desvalidos o de los que nada tienen, con la promesa de que estando en el poder, todo cambiaría en su favor.

Le sucedió al líder de la Revolución china, Mao-Tsé-Tung así como al comandante del Frente Sandinista para la Liberación Nacional, Daniel Ortega, en Nicaragua.

La tragedia fue similar en Cuba con su líder máximo, Fidel Castro Ruz, así como en Venezuela, con Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro.

Por supuesto que esta cadena de fracasos políticos comenzó en la extinta Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, con Joseph Stalin al frente, quien incluso mandó liquidar a opositores de su propio partido a fin de perpetuarse en el poder.

Los años pasan y la receta sigue siendo la misma: el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente.

La evidencia de la historia

La historia ha demostrado que siempre se avanza en sentido contrario cuando se pretende controlar la maquinaria del Estado, acotar en su favor el ejercicio de gobierno y autoproclamarse los únicos que en verdad son democráticos y defienden a los marginados y olvidados.

Cuando aparecen esas condiciones, comienzan las tragedias de los pueblos “liberados” por mesías políticos.

Primero en el discurso, se mantiene la confrontación con los opositores a quienes se les descalifica e incluso se llega a insultar y hasta a perseguir políticamente.

Después, se proclama la destrucción o el desmantelamiento de la vieja estructura que -en sus dichos- estaba al servicio de los poderosos, los explotadores, los corruptos, los contrarrevolucionarios, los conservadores.

El tercer paso es apoderarse de las instituciones autónomas o independientes: los organismos defensores de los derechos humanos, las instituciones electorales, las instancias de acceso a la información y de transparencia gubernamental.

El remate viene con las modificaciones a las leyes, de tal suerte que la perpetuación en el poder se convierta en legal, sea por la misma persona, sea a través de sus sucesores o de su partido político.

Líderes “iluminados”

Todos estos líderes guardan otra profunda similitud -a pesar de su distancia cronológica que existe entre ellos- que es el suponer que son poseedores de la verdad; que solo ellos tienen la capacidad de conducir a sus pueblos y, por consecuencia, que sus decisiones son las mejores.

Así, en Cuba se cancelaron todos los partidos políticos existiendo solo el Partido Comunista Cubano; en China, se mandó matar a los opositores mientras que en Nicaragua se persigue a la prensa opositora.

En Venezuela hay censura y persecución, mientras que la URSS se impuso, a punta de bayoneta, la incorporación de decenas de pueblos y grupos étnicos al país, sólo por pensar que sería mejor para ellos por ser “liberados” por los revolucionarios rusos.

Estos líderes, al no tener oposición (por haberla aplastado) peros sí un séquito de aduladores y/o seguidores que no critican ni objetan, las ocurrencias brotan “a flor de piel”.

Como ellos son el poder; ellos son quienes deciden, quienes opinan y tienen las más geniales ideas, pues las imponen ante su grupo de “colaboradores” que no chistan ni hacen gestos; sólo obedecen…y defienden las genialidades de sus líderes.

Peligro, peligro

El reto de todos los pueblos, incluyendo a México, es la preservación de la democracia. A pesar de que ésta (la democracia) sigue siendo imperfecta, lo que se ha avanzado ha costado mucho a los mexicanos, incluyéndose revoluciones (o guerras civiles), protestas, represión y hasta masacres.

Hoy es buen tiempo para la reflexión. Nuestro deber es evaluar qué hacemos y hacia dónde vamos.

Lo peor que nos pudiera suceder, si no asumimos nuestras responsabilidades cívicas y políticas, es que el país siga la ruta de otras tantas naciones que permitieron que políticos mesiánicos asumieran el poder absoluto.

Periodista

Lic. en Periodismo Digital

Twitter: @juanjosearreola

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