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Jóvenes promueven el reencuentro social a través de herramientas corporales

Historia: Patricia López Núñez/EnLaLupa.com

Fotos: Guillermo González/EnLaLupa.com

 

El entrenamiento físico y la danza se vuelven el espacio para que las personas olviden sus temores, reaprendan a encontrarse y se atrevan a abrazarse a través de las actividades de En Ningún Lugar, organización de jóvenes que ganó el Premio Estatal de la Juventud 2019 en la categoría Expresiones Artísticas.

Lucila Selene Flores Gallegos y Diana Sofía González Quiroz forman parte del grupo que lleva actividades culturales, artísticas y deportivas a comunidades, escuelas, migrantes y espacios donde se hace necesario promover el reencuentro social, la reapropiación del cuerpo mismo y hasta el sentimiento de vivir en libertad.

Entre los proyectos más destacados de En Ningún Lugar, se encuentran las acciones para “descriminalizar el fenómeno migratorio”, llevar actividades a estancias infantiles y primarias, para que las niñas, niños y jóvenes accedan a herramientas corporales que faciliten su desarrollo, además de la intervención en empresas, para que los trabajadores se sientan integrados y más capaces de convivir entre ellos.

Lucila es gestora cultural y Sofía es artista escénica. Ambas tienen 28 años y cuentan con el apoyo de otros cuatro compañeros, dos de ellos de Mazatlán, una chica de Colombia y otro compañero de Tijuana. En un inicio, todos ellos estudiaron en la misma universidad y decidieron viajar de Mazatlán a Querétaro para crear un espacio que fuera más allá de la danza en los salones.

“No decimos que es una clase de danza porque empiezan a poner cierta resistencia, pero los invitamos a entrenar, a acercarse al cuerpo. Brindamos herramientas físicas y corporales que les permiten conocer su fuerza, ser más hábiles con su cuerpo, ponemos obstáculos que los reten, quieren correr, pararse de manos, dar marometas. Una vez que el cuerpo está activo por el ejercicio cardiovascular, hay más disposición física y más conexión con los otros, nos interesan las relaciones frente a frente”, explicó Sofía.

El cuerpo contra el mundo digital 

A través de la intervención que realiza este grupo de jóvenes, más que una clase de danza, la gente recibe la oportunidad de aprender “a acercarse sin miedo, sobre todo en este tiempo en que cada vez hay menos contacto físico, que todo es más digital y que se pierde la costumbre de darse la mano y vernos a los ojos”.

Sofía señaló que al participar en estas actividades, hay cambios inmediatos en las personas. Como ejemplo, basta pensar en la intervención que se realizó en una comunidad de Amealco, donde “al principio los niños tenían mucho miedo, porque trabajan desde pequeños y su mentalidad no está en la infancia sino en la obligación con su familia”.

“No dejaban que les tocáramos el hombro, les costaba trabajo saludarse, se ponían nerviosos y les cambió la mentalidad, al final trabajaban bien, no les costaba trabajo cargarse unos a otros o abrazarse, había un cambio abismal”, recordó.

Los resultados con la infancia y la juventud llaman la atención de empresas públicas y privadas, al grado de que cada vez más gente recurre al apoyo de En Ningún Lugar y solicita la intervención para ayudar a las personas a entrenarse de una manera distinta, como una excusa para reencontrarse y convivir mejor.

Lucila agregó que cada vez más las empresas entienden que sus trabajadores no solo se llenan con dinero y que necesitan darles otras opciones que mejoren su desarrollo, para que no solo “estemos envueltos en la vida laboral, sin tiempo para la vida personal, sino que nos involucremos unos con otros, que tengamos acercamiento con los demás”.

Recalcó que todos los proyectos de la organización tienen una investigación teórica,  así como un sustento social, para que sea posible responder a las necesidades sociales de Querétaro.

La meta: resignificar el arte y vivir de él 

En Ningún Lugar empezó a convertirse en un espacio de consultoría, donde se pueden crear acciones específicas para resolver problemas concretos en empresas o comunidades, como lo realizó en el proyecto Zona Libre, que involucró a los artistas con la Secretaría de Cultura estatal.

Aunque hasta ahora se trabaja con becas, vinculaciones y patrocinios, Lucila expresó que hay mucha gente que se acerca para hacer donativos y la intención es que cada proyecto sea autosustentable, porque implica el reconocimiento al trabajo de los artistas y la importancia social del arte.

Sofía reiteró que en el caso de los integrantes de En Ningún Lugar, todos se dedican de manera exclusiva a las actividades de la organización, así que la idea es cambiar la concepción de que el artista no gana dinero, para que puedan hacerlo de manera digna y vivir de su arte.

La organización tiene cuentas en redes sociales donde muestran los proyectos y actividades que se realizan, pero sobre todo se dedican a generar esquemas que permitan entender al cuerpo y la manera de reencontrarse con los demás.

 

Por eso les resulta importante llevar atención a grupos vulnerados, como la población migrante. Aunque no se dedican de manera exclusiva a apoyar a los indocumentados, sí les llevaron atención y promovieron el cambio de su imagen ante las poblaciones en las que se encuentran.

“Nos involucramos en la temática para descriminalizar el fenómeno migratorio que se vive en la ciudad de Querétaro, que las comunidades no les tengan miedo y que entiendan la situación que viven porque es un fenómeno fuerte aquí en la ciudad”, resaltó Sofía.

El proyecto de En Ningún Lugar pretende que los queretanos accedan a más y mejores herramientas corporales, que les permitan ser más hábiles con su cuerpo y que sean capaces de sentir seguridad al relacionarse con el resto de la gente, porque “en la medida en que somos conscientes de nuestro cuerpo, podemos abrir el pensamiento crítico y la empatía”.

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