Tania Palacios Kuri - Voz en Acción

Ante la ola de feminicidios se necesitan acciones, no perdones – Tania Palacios Kuri

La vida de una niña debe ser mágica, no trágica, con mayores oportunidades que miedos y más juegos que depredadores.

El contexto en México cobra voz propia y nuestras palabras deben ser más concisas que ornamentales.

Hace algunos años, en Querétaro reclamábamos el asesinato de Araceli, una niña de 12 años originaria de San Ildefonso, Amealco. Su caso ha sido como el de muchas víctimas, cargado de prejuicios, de injusticia, de indiferencia, de maldad.

Fátima ha sido una vida de 7 años que visibiliza una historia de cientos de años de feminicidios. Ella es para México lo que la punta del iceberg para la vista. Hay mucho más sumergido bajo el agua en el “Boulevard de los Sueños Rotos”, como le diría Joaquín Sabina a nuestro país.

No existe un antes ni un después sin ellas. Antes que ser diputada, soy compañera, hija, hermana, amiga, soy mujer… irónicamente la historia nos ha obligado a decir esto último con daños y miedo.

Pareciera que el panal de abejas de la violencia contra la mujer fuera un big bang constante. Alimentado a nivel mundial por el poder, el miedo, causas perdidas, respuestas fallidas, políticas incapaces, insuficiencias históricas y responsabilidades abstractas.

Pareciera también ante los hechos que manchan la palabra “mujer”, que no somos más que una “condición” expuesta ante una sociedad que juzga, critica, somete, violenta, amenaza y en otros casos mata. Digo sociedad porque todos somos parte del problema y no nos hacemos cargo de la solución.

No puedo dejar de expresar la desagradable sensación a los hechos que hoy tienen el nombre de Fátima por bandera, pero siempre lo ha cargado la palabra mujer.

Pronuncio su nombre con respeto a su memoria y de todas las víctimas que no tuvieron apellidos populares, pero sí destinos catastróficos. Muchas mujeres que se convirtieron en casos y se hicieron famosas por su sufrimiento teniendo una vida digna de fama por su talento.

Me indigna señalar que ha pasado a formar parte de la lista de víctimas de feminicidio y que el austericidio institucional muchas veces deja de prevenir.

Sus nombres reclaman justicia. Sus casos levantan indignación. Son también un llamado, un alto a la violencia de género.

La Organización de la Naciones Unidas (ONU) estima que, en México, 6 de cada 10 mujeres han sido violentadas en su vida, más del 40% ha sido víctima de alguna agresión sexual.

De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2017, 3 mil 430 mujeres murieron a causa de un presunto homicidio. Nueve mujeres son asesinadas al día.

Tenemos un jefe de Estado que nos habla del perdón para los delincuentes, asegura que hay cosas más importantes como la rifa de un avión que atender la tragedia expuesta como fue el feminicidio de Ingrid Escamilla. Hablamos de abrazos y no de balazos.

Con gran indiferencia se encierra y archiva políticamente el caso de Fátima en un sistema “neoliberalista”. Se cierran las puertas a la procuración de justicia para todas nosotras. Duele.

La cifra de feminicidios se ha duplicado

Exigimos que de la misma manera se dupliquen los protocolos, los esfuerzos, las medidas de seguridad… que se priorice la vida de las personas.

La solución no descansa en un decálogo. La muerte de tantas mujeres, víctimas de violencia no puede ser normalizado. No es un asunto de evaluar quién ha sido nuestro peor o mejor presidente de la República. Es un problema de todos, de instituciones y sociedad.

No podemos normalizar lo indefendible. Romper con los estereotipos, dejar de alimentar al monstruo de la violencia, ponerle fin a los factores que influyen para que las historias de las mujeres terminen en sangre.

 

Estamos viviendo una verdadera descomposición social. Cada punto cardinal es un escenario de terror, emergencia ambiental, guerras, maltrato animal, violencia y lo que más duele es la indiferencia…

¿Cuál es la respuesta inmediata?

Es un grave error pensar que las políticas e iniciativas que dan empoderamiento a las mujeres es la solución a la emergencia de género. El llamado es para todos, hombres y mujeres. ¡Dejen de depositar la responsabilidad y la gravedad en las mujeres!

Todos los días estamos más expuestos a material audiovisual lleno de apologías estimulantes de violencia antes que de tolerancia. Seamos responsables de lo que consumimos. Cuidemos lo que vemos y démosle contenido que nutra a lo que compartimos.

Apoyo las manifestaciones tanto virtuales, como las que se hacen a pie. Invitemos a marchar con políticas públicas y reclamar con acciones y no perdones. Hoy, hago uso de ese recurso en este espacio. Exijo paz, justicia, alto, ni una más, ni una menos…

No politicemos. ¡Actuemos!

Que la piel de gallina sea por exaltar la palabra mujer y no por mutilarla.

 

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