Por el gusto de ser queretanos

Bruno Guerrieri: salió del Mediterráneo en busca de más calor… y lo halló en Querétaro

Historia y fotos: Braulio Cabrera/EnLaLupa.com

Das un paso y estás en un bello andador italiano. Acabados en piedra por todos lados, una pila de leña para el horno, hierbas de olor, mesas en la terraza y una puerta con un gran letrero rojo: “pizzeria”.

Al cruzar, el aroma te da la bienvenida.

Siempre encontrarás a Bruno, amasando pasta, metiendo una pizza al horno, tomando una orden o platicando con alguna mesa (a veces, con varias, al mismo tiempo).

Francés de nacimiento, pero de padres italianos, Bruno Guerrieri creció en la ciudad de Le Havre (al norte de Francia). La combinación de esas dos tradiciones en la mesa fueron la base para la pasión por el buen comer y su gran habilidad culinaria.

A los 17 años, se mudó a Milán para trabajar en el renombrado Hotel Westin Palace. “Allí comencé como lavaplatos, desde abajo; pero vieron que era listo y que quería aprender más y, poco a poco, fui trabajando más en la cocina”, cuenta.

Gracias a esa oportunidad, Bruno pulió su sazón tradicional con los más altos estándares europeos. Para cuando deicidio seguir su camino por el mundo, ya era un experto en cualquier pasta o salsa.

“Originalmente iba a ir a Cuba junto con un amigo. Los planes cambiaron y mejor nos fuimos a Miami. Ahí conocí a mi esposa: ella era mexicana y fue quien me convenció de venir a México; yo ya había dado el gran paso de salir de mi país, así que ir a México no era tan difícil”, recuerda Bruno.

Hace 20 años, Querétaro lo conoció, por primera vez, con un pequeño restaurante italiano en Luis Vega y Monroy. Ahí, Bruno –con el apoyo de su familia– puso en práctica más de 14 años de experiencia gastronómica para preparar platillos y postres que como él, llegaron para quedarse.

“La Ciudad de México no era una opción. Ni a mi esposa ni a mí nos gustaba el caos de allá. Entonces, pensamos en Querétaro. A mí me gusta porque es mucho más cálido que Francia (incluso que Italia) y porque es una ciudad tranquila, agradable”, comenta.

Bruno Guerrieri es muy flexible y amigable; no importa si es la primera o la décima vez que te ve, siempre platicará contigo. Esto le ayudó a adaptarse rápidamente con los queretanos, haciendo buenas amistades. Aunque hay cosas que le han costado más trabajo.

“Aún prefiero la comida italiana. Mientras que la comida mexicana necesita, digamos, treinta ingredientes, la italiana necesita tres o cuatro. Es muy rica, pero necesita menos trabajo”, confiesa mientras ríe.

Algo que dice Guerrieri es que, la gente en Querétaro es buena gente. Por supuesto, reconoce que hay personas malas, pero son más los buenos. Esa misma confianza en las personas es la que Bruno proyecta con todos sus comensales y amigos, quienes siempre están a gusto en el restaurante.

Días como el 10 de mayo o el 14 de febrero son de los más importantes para la pizzería. “Hay mucho trabajo, y es muy bueno. A veces llegamos a tener a más de 50 personas. Esos días cerramos más tarde y acabamos agotados, pero lo disfruto”, admite.

Ese trabajo se multiplica varias veces pues Bruno se ha dado a la tarea de que todos sus platillos sean preparados al momento y con ingredientes frescos del día, así que hay que tener todo listo. Incluso el queso de las pizzas es de un productor artesanal local.

Sazón, calidez, calidad y amabilidad son palabras que retratan a Bruno Guerrieri, un hombre que salió del mediterráneo en busca de más “calor” y lo encontró en la gente de Querétaro y, le gustó tanto, que él mismo se volvió queretano.

 

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