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Ana Laura: debemos luchar por los sueños; no importan las críticas ni los fracasos

Historia: Patricia López Núñez/EnLaLupa.com

Fotos: Guillermo González/EnLaLupa.com

La música clásica reconecta con el alma, asegura Ana Laura, cantante desde los 5 años y trompetista desde los 8 años. Ganadora del Premio Estatal de la Juventud 2019 en la categoría de Expresiones Artísticas, es una de las pocas trompetistas de música clásica en el país y de las más jóvenes.

Ana Laura Jiménez Romero lo da todo por la trompeta. Ensaya hasta 6 horas por día, sustituye las fiestas por las partituras y la televisión por una preparación constante. Anhela que las personas dejen de menospreciar la música clásica de la que se enamoró desde niña, sobre todo cuando a los 7 años ingresó al Conservatorio José Guadalupe Velázquez.

Su talento le permitió ser la única mujer y la persona más joven, de entre los 8 seleccionados de un concurso internacional de trompeta y eso la hace muy feliz. Actualmente se prepara para otros concursos en Michoacán, Yucatán y Zacatecas, además que asiste a programas de radio y televisión en varios estados.

Está consciente de que la trompeta es un instrumento inusual para las mujeres, porque “es raro encontrar a mujeres que toquen la trompeta en género clásico, hay algunas en género vernáculo, pero no en esta categoría, en el clásico, las mujeres eligen más violines, chelos y otros instrumentos de cuerda”.

Tal vez se debe a que la trompeta es un instrumento muy “celoso” y exige mucho tiempo, demasiada disciplina, porque basta con un día sin tocarla para que la embocadura “se haga dura”. Por eso, Ana Laura le destina entre 4 y 6 horas diarias a ensayar y a mejorar su técnica.

“Requiere esfuerzo físico y disposición, porque puedes estar cansada, pero si no lo haces con ganas es como no estudiar nada. Tocar la trompeta es una forma de expresar lo que siento, de comunicarme con la música, con mi sonido, para que más jóvenes de mi edad vean que la música clásica, la trompeta, es muy buena y que es una oportunidad, es una liberación, es una forma de expresarme”, subraya.

El canto como complemento

Con un padre que toca la trompeta en un mariachi, Ana Laura también canta desde los 5 años. Aunque ensaya todos los días, le dedica menos horas que a la trompeta, a pesar de que también cuenta con premios por esta causa, pero su sueño es ser concertista en trompeta o instrumentista.

“La música clásica es muy menospreciada, dicen que aquí te vas a morir de hambre, que mejor te dediques a otra cosa, que te metas a un grupo, que consigas otra carrera. Lo he escuchado bastantes veces, pero es lo que me apasiona y si hago todo por la carrera en la que estoy metida, no importa cuánto dinero se gane, sino el gusto y la pasión que le meta a esto”, añade.

Muchas personas le recomiendan dedicarse exclusivamente al canto, porque es muy buena y creen que tendría más éxito. Aunque le gusta cantar, no puede abandonar su preferencia por la trompeta.

Por eso, el único interés de Ana Laura es mejorar su técnica y su desempeño, para demostrar que “sí se puede vivir de lo que una ama”, principalmente porque desde pequeña tuvo el apoyo de sus padres y puede presumir de una infancia “muy musical”.

De no ser por sus padres, agrega, tal vez no tendría ese gusto por la música, ni la oportunidad de estudiar y tener los instrumentos con los que ensaya y que son realmente caros.

“Mi papá es mariachi y lo veía cantar y tocar la trompeta, yo pensaba: wow, yo quiero hacer eso, quiero que la gente me vea, que a la gente le guste que vea. Cuando dije que quería cantar, me metieron a clases de canto, cuando quise tocar la trompeta, me buscaron los mejores maestros para tener una formación buena”, relata.

Su mamá quería que Ana Laura fuera violinista y ensayó este instrumento durante un tiempo, pero a los 8 años se armó de valor para decir que lo suyo era la trompeta, así que no quedó más que respetar su decisión. Con las clases de trompeta, también le dijo adiós a las fiestas y a la televisión, para dedicarse a las partituras y a los ensayos de conciertos.

La música para reconectar con el alma

A Ana Laura le da tristeza que la música clásica quede en el olvido, frente a otros ritmos más sencillos o modernos, porque es una manera de reconectar con el alma. “Hay música de distintas épocas que llevó muchísimo tiempo, muchos compositores que dedicaron toda su vida a crear obras hermosas, la música es una manera de expresarse y hay muchos géneros para todos los gustos, pero la música clásica se va perdiendo”, lamenta.

Como ejemplo, piensa en excompañeros de escuela, que sólo escuchaban pop y reguetón porque la música clásica era para viejitos y muy aburrida, mientras que para ella es una manera de conectar con el alma.

“Da tristeza ver cómo se pierde un arte que fue muy glorificado durante años. Quiero terminar mi carrera, que dura como 10 años y buscar apoyos para volverme concertista, tocar la trompeta ante grandes públicos, en Berlín, en Estados Unidos, en el extranjero, en México, no sé si se cumpla, pero lo daré todo por hacerlo”, afirma.

En 2018, cuando tenía 16 años, obtuvo la mención honorífica en el Premio Estatal de la Juventud. Con la cosecha de otros premios en el país y su experiencia en diversos escenarios, el año pasado consiguió el Premio Estatal de la Juventud, pero su meta no es ganar premios, sino ganar confianza, mejorar su estilo y vivir de su arte para comunicarse con los demás.

El arte, dice, implica no tenerle miedo a dedicarse a lo que se ama, ni frenarse por las críticas negativas o por los fracasos y equivocaciones, porque lo único que importa es llegar a otros.

“Todos debemos dedicarnos a lo que amamos, sin tenerle miedo al no, debemos luchar por los sueños, no importa si los comentarios vienen de la familia o de los amigos, hay que luchar por lo que se quiere”, insiste

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