María Pérez Rojas - Una Mirada

Nueve de marzo, un paro nacional demandando un alto a la cultura misógina – María Pérez Rojas

“Lo único que permanece es el cambio” Heráclito.

Se escucha que el paro nacional #UnDíaSinNosotras per se perdió su agenda. En mi opinión, la demanda es legítima de las mujeres mexicanas, de las civiles, de las trabajadoras, de las madres, hijas, abuelas, de las feministas, de las conservadoras, en fin, de todas las mujeres que se indignan ante la violencia del grado y forma que ésta sea para cualquier niña o mujer.

En números y tendencias no me concentro, pues todos sabemos que esto existe no de hoy y que han ido la alza en los últimos años. Una gran ventaja es que ya se conocen y difunden los feminicidios, lástima que no en todos los estados.

En lo que quiero poner mi mirada esta vez es en el escozor que me he percatado causa en muchos hombres y muchas mujeres este movimiento y más si se escucha el término “feminista”.

La semana pasada, en un evento familiar, pasé a sentarme a lado de una tía, platicando del tema me dijo: “Hija, me acuerdo de las palabras de tu abuelo; la mujer siempre va a ser responsable de cualquier problema que se tiene en una familia”. Le contesté: Tía, si te escuchan decir eso las mujeres de hoy, te linchan. Sólo se quedó pasmada. A mi padre , algún día lo escuché decir: “Qué bueno que no me tocará vivir esta época, refiriéndose a la época donde la mujer puede ser libre, autónoma e independiente, pero no es incompatible con amar y ser amada con toda su fuerza y su vulnerabilidad, ¿pero qué hay detrás de esta negación, enojo, resistencia? Considero que además del miedo a perder o compartir ciertos privilegios, estatus o complicidades, lo que pasa es que la mente de estas personas funciona con un “software” aprendido, una manera de pensar adquirida, incluido el concepto de feminismo, de mujer, de pareja, de roles, de amor, de respeto, de equidad, de masculinidad, de caballerosidad… Todo está aprendido.

El hardware de un teléfono “x”, sólo puede funcionar con ese software. Piensa que es una unidad y no es consciente que puede cambiar de software, actualizarse o resetearse. Así la mente de estos hombres y mujeres que no son conscientes y no aceptan los cambios que está exigiendo la sociedad.

No son conscientes que a diario y, en todo momento, la materia física está en transformación aunque no lo percibamos. Así tenemos que adaptarnos a los nuevos cambios. La adaptación al cambio es un factor para la evolución y todavía hay muchas resistencias en nuestra cultura patriarcal y machista en reconocer esto. Se traduce a respeto y equidad. El camino es la autoconsciencia y la educación y en su defecto la fuerza del estado a través de las sanciones y castigos.

Pero, ¿qué esperamos las mujeres de este paro en un país donde, según la asociación civil Impunidad Cero, el nivel de impunidad en México es mayor al 98% y la tasa de delitos que no se denuncian y no se investigan es de 93%? Sí, el Estado ha tenido y tiene la responsabilidad de revertir estas cifras. El Contrato Social de Rousseau, representado por nuestra Carta Magna, donde las personas que vivimos en sociedad se supone renunciamos a nuestra libertad de hacer lo que nos de la gana, a nuestro egoísmo a cambio de derechos y de vivir en paz, es evidente que no está funcionando y es porque no se castiga y no se denuncia.

Aterricemos en acciones. Empecemos por denunciar públicamente. Cada mujer denuncie públicamente en redes y formalmente a quien sepa que haya violentado a una mujer y sigamos exigiendo a la Federación y a los estados la eficiencia en el nuevo Sistema Penal Acusatorio, no solo por las mujeres sino por todos los hombres y mujeres que también son víctimas de personas malas. Todo un reto.

 

María Pérez Rojas

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