Andrés Garrido del Toral - Memorias Peregrinas

Un héroe queretano olvidado – Andrés Garrido del Toral

Amanece la población de Querétaro el 11 de marzo de 1867, en pleno Sitio de Querétaro, con la alarma de que casi todas sus fuentes están vacías, pues unos soldados republicanos, provenientes de la fábrica de La Purísima (hoy Seminario Diocesano), han roto el tercero de los arcos del acueducto (de oriente a poniente), y desde La Cruz se ve que cae del arco roto una enorme cascada del vital líquido que se riega por el llano, y entre tanto trabajan activamente los pozos y cisternas que en casi todas las casas –sobre todo de pudientes existen. También la falta del precioso líquido es mitigada por la existencia de unas setenta artesas públicas y privadas.

Mientras tanto en un templo de la ciudad, un hombre muy joven, pianista y maestro de piano, se prepara espiritualmente para emprender una misión que puede costarle la vida misma: ¡Debe salir de la huerta de La Cruz, a gatas, por todo lo alto del acueducto hasta llegar al arco tercero y arreglar el daño hecho por los republicanos en la acequia que corre por lo alto de los arcos! En gran problema estaba metido nuestro personaje, ya que debía colocar pencas de maguey sobre el arco averiado para que pudiera pasar algo de agua a la ciudad; y todo esto sin ser sentido por los republicanos, y además no dejar huella de su trabajo, porque si los chinacos descubrían su artilugio seguramente reforzarían la vigilancia sobre el acueducto. Así que en los próximos sesenta y tantos días de sitio, el joven tendría que atravesar a las dos de la madrugada la cañería, colocar las pencas de maguey, dejarlas allí hasta las cuatro am, y luego retornar entre las sombras y a paso de gato por la formidable arquería

Por diversas voces autorizadas le llamé en mis obras a este hombre como Trinidad Arauz, pero gracias a una bisnieta del mismo sabemos que el nombre real de este heroico hombre fue Bruno María Reynoso, quien luego emparentó con los Arauz. Dice la bisnieta de don Bruno María que la familia era afecta a Maximiliano, por simpatía natural o conveniencia, pero de que lo era -junto con su familia- no hay duda. Las razones que tuvo para ese conjunto de actos heroicos fueron sus ideas monarquistas y la tremenda sed de la población de bajos recursos, obligándolo a tomar una rápida decisión cuando observaba que inocentes morían por sometimiento y mero capricho de miembros de ambas fuerzas en pugna. La responsabilidad como ser humano, aunada al coraje y el dolor, lo condujo a realizar una intrépida acción, aun a costa de su vida, al contravenir las órdenes militares. El límite de su tolerancia había llegado y sin pensarlo más, solo, agazapado entre los escombros de la ciudad, con excepción de las noches de plenilunio en que corría más peligro de ser visto y sacrificado por una bala chinaca.

El joven Bruno María Reynoso fue un gran profesor de piano, y aunque era afecto a Maximiliano de Habsburgo, nunca aceptó de éste recompensa alguna, ni siquiera cuando el dizque emperador le ofreció un título nobiliario. Era y es difícil despreciarle un regalo o un título a un monarca, pero este humilde conservador y monarquista queretano dio el ejemplo de que lo compelió a realizar actos heroicos su ideología pura y no la ambición. Se asemejó a John Lennon en aquello de renunciar a un título nobiliario. En esa época de crisis y hambruna, con la ciudad queretana devastada, rechazar ayuda para comer o beber, era una idea loca, pero este héroe local, no pidió nada ni para él ni para su familia. ¡Ya me imagino cómo les fue al tomar la soldadesca republicana la ciudad sitiada el 15 de mayo de 1867! Esto nos demuestra que generalizar no es justo. Hay hombres y mujeres de carne y hueso valiosos en todos los bandos, facciones y partidos. Les vendo un puerco radical y rencoroso, fifí-chairo.

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