Luis Tamayo Pérez - Ecosofia

Para conmemorar: Greta Thunberg – Luis Tamayo Pérez

El 8 de marzo pasado se celebró el Día Internacional de la Mujer y para conmemorarlo me permitiré hacer una pequeña reflexión acerca del papel que en nuestros días realiza una simplemente ejemplar: la pequeña Greta Thunberg.

Desde mi punto de vista, Greta Thunberg es ejemplar porque es una niña que no sólo piensa, discute y actúa, también se permite llorar y desesperarse. Una pequeña capaz de espetar en la cara sus crímenes a los peores depredadores del mundo, desde los CEOs de las principales corporaciones de la tierra, hasta los dirigentes de las naciones más poderosas.

Esta pequeña, desde hace poco más de un año, ha logrado despertar a buena parte de los jóvenes de las naciones occidentales, a esos que parecían estar condenados a un mundo contaminado y sobrecalentado, a la estupidización generalizada, a estar perdidos en la moda, el consumismo, el reggaetón o la adicción a sustancias y gadgets electrónicos.

Esto es muy importante porque, tal y como indica el Dr. Clemente Rueda —hasta hace muy poco secretario del Programa de Investigación sobre Cambio Climático de la UNAM que dirige el Dr. Carlos Gay— desde hace dos siglos la humanidad crece sin medida, agotando los recursos de la tierra y afectando a todos los ecosistemas de la misma.

Después de la firma del Acuerdo de París (2015), la llegada a la presidencia de Donald Trump y la consecuente salida de Estados Unidos de tal acuerdo, se han dado eventos de gran relevancia en el tema del medioambiente como la presentación del Reporte Especial sobre el aumento en la temperatura terrestre del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC); el resurgimiento de la Coalición por la Gran Ambición durante la COP 24 en Katowice, Polonia –reiterada en la COP 25 de Madrid de diciembre 2019—;el inicio de los diálogos de Talanoa; el anuncio de la UNESCO del 6 de mayo del 2019 sobre el inicio de la Sexta Extinción Masiva de las Especies con el ingreso de una cuarta parte de ellas a la Lista roja de especies en peligro de extinción.

“Como civilización, estamos ante el mayor reto colectivo global, autoinducido, que pone en riesgo la permanencia de todas las especies del planeta (incluida la nuestra)” (Rueda, De Paris a Katowice, PINCC/UNAM, México 2019: 15).

Por otro lado, hace poco más de un año, el 8 de octubre del 2018, el Grupo de expertos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) lanzó un aviso desesperado: si no se realizan a nivel mundial las medidas de reducción de Gases de Efecto Invernadero (CO2, NOx, SOx, por sólo mencionar a los más extendidos y dañinos) que la humanidad lanza por toneladas a la atmósfera desde el inicio de la era industrial, alcanzaremos el punto de no retorno en apenas doce años, lo cual implica que, pasado ese límite, todas las medidas que implementemos serán inútiles.

Afortunadamente, y como un rayo de esperanza, gracias a los “Viernes por el futuro” que la pequeña Greta inició hace poco más de un año, muchos jóvenes del mundo han comenzado a movilizarse para intentar detener las consecuencias de un modelo civilizatorio depredador que amenaza con acabar con las condiciones materiales de existencia de la humanidad… y ello ¡hacia el final del presente siglo!

El mutismo selectivo de Greta

Esta niña particular tiene apenas 17 años y fue diagnosticada como afectada por el síndrome de Asperger (un trastorno del espectro autista) que, en su caso, se traduce en un mutismo selectivo. En su descargo podemos decir que, si quedarse mudo ante las habladurías o la estupidez es “mutismo selectivo”, pues… ¡bendito sea! Nos permitiría hablar sólo cuando nuestra intervención tuviese verdaderamente sentido e importancia.

Pero el mutismo selectivo de Greta no le impide escuchar e intervenir cuando es menester… y lo hace con mucho tino y eficacia. Su palabra es valiosa, contundente y por ello nos ha regalado frases de una claridad abrumadora. Desde que inició en Estocolmo su School Strike for Climate, después denominada Fridays for Future —es decir, unas curiosas manifestaciones realizadas todos los viernes a la entrada del Parlamento sueco para exigir medidas realmente comprometidas a los legisladores de su país para detener la degradación climática, a la cual, poco a poco fueron sumándose más y más jóvenes que simplemente expresaban: “¿Para qué estudiar para un futuro, que puede no estar allí? ¿Para qué gastar tanto esfuerzo en educarse cuando los gobiernos no escuchan a quienes se educan?”—.

La “ecofeminista” que despertó a los jóvenes

 Poco a poco, a lo largo y ancho del planeta, han venido ocurriendo movimientos asociados y coordinados: en algunos países simplemente “marchas por el clima”, en otros han incluso ocurrido conferencias, simposios e incluso “cumbres” (Summit) alternativas a las organizadas por el Banco Mundial o el G7 o el G20, donde los jóvenes expresan su hartazgo ante unos gobernantes y empresarios que mucho prometen pero hacen muy, muy poco… mientras el fenómeno climático se agrava y las condiciones de vida en la tierra se deterioran.

Al respecto nunca sobra recordar, tal y como se manifestó en el Quinto informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC AR5) presentado en el 2013, que el dióxido de carbono (CO2), un gas que liberan masivamente no sólo las plantas generadoras de electricidad que utilizan carbón sino todos los motores de combustión interna, se mantiene, prácticamente sin disminuir el efecto sobrecalentador, más de 500 años en las capas altas de la atmósfera, es decir, que en el año 2250 la tierra estará calentándose como consecuencia de los gases emitidos por la primera revolución industrial, la de mediados del siglo XVIII.

La pequeña Greta Thunberg, con sus Fridays for Future y demás acciones, ha generado un movimiento mundial donde los jóvenes exigen a los gobernantes de sus naciones modificar un modelo civilizatorio depredador que amenaza con robarles el futuro.

Tal y como muestran Joel Bakan (2004), Naomi Klein (2014) y Robert Proctor (2008) en el mundo existen fuerzas oscuras interesadas en que nada cambie, en que se mantengan las cosas como están por más terrible que sea el futuro. Tales fuerzas —que se han enriquecido gracias a una ciudadanía ciega y consumista— son muy poderosas y se manifiestan como deniers (negacionistas), es decir, como aquellos que niegan la existencia del calentamiento global y sus consecuencias y no dudan en tratar a la pequeña Greta de “enloquecida” o de asesinar o aplicar todo el peso de la Ley a aquellos que se atreven a desafiarlos.

La que despertase a los jóvenes de su letargo no podía sino ser una niña peculiar, una ecofeminista, una con la suficiente inteligencia, valor y visión de futuro que les permitiese percatarse del enorme riesgo en el que se encuentra la humanidad, una que, en tanto portavoz de los aún no nacidos, pudiese reclamar sus derechos y exigir los cambios que deben darse en nuestros tiempos para no convertir su existencia en un infierno.

Esa niña es Greta Thunberg y, gracias a ella, muchas otras y otros, han despertado. Si su llamado es escuchado, eso puede constituir la mejor oportunidad que tiene nuestra civilización para evitar un muy oscuro futuro.

A partir de todo lo anterior no podemos sino reconocer en Greta Thunberg a una de las mejores exponentes actuales del Ecofeminismo, un vasto movimiento que reconoce el papel de las mujeres en la lucha para defender la naturaleza, la mejor civilización y los ecosistemas.

Y el cambio lo hizo primero con ella misma y su familia –a quienes convenció de volverse vegetarianos— y, después de recuperarse de un TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) y una más que comprensible depresión, inició un movimiento que ya es mundial.

Luis Tamayo Pérez

PhD, Profesor Investigador

Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Querétaro

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