Columna Invitada

Cartas de Berlín (I) – Karla González

Berlín, febrero 8 de 2020, 10:30 horas. Manuel y yo decidimos ir al Jardín Botánico y en el trayecto al S Bahn, le propongo jugar lo que tradicionalmente hacemos desde que nos mudamos a Reinickendorf, a unos 8 kilómetros de Tegel Airport: contar los aviones que pasan rozando el techo de la zona habitacional, pareciera ser que el tren de aterrizaje del aeropuerto comienza entre Wedding y Reinickendorf.

“5 aviones en 15 minutos”, —me apresuré a tener el primer conteo oficial—, mientras Manuel esperó minutos más para su dictamen final. “Yo conté 10”, concluyó.

Nuestro juego de apreciación nos resultó divertido porque una vez más le dije que instalaré mi puesto oficial de conteo aeronáutico afuera de la casa.

Y es que desde las seis de la mañana, el primer ruido externo que escucho es el motor de los aviones que pasan por encima de la unidad habitacional; es un sonido al que mis oídos parecen estar acostumbrados.

Antes de dormir vimos en las noticias, y dicen que el virus de Wuhan empieza a salir de control en China con 35 mil casos y 722 muertes, pero aún no es “preocupante”, en Europa apenas llegamos a los 33 casos: Italia tres, Alemania 14, Francia 11 y España 1, el tema aún no requiere de medidas drásticas, ni ciudades con declaratoria de emergencia.

23 de febrero de 2020.“Amiga, creo que ya es el último día normal, ya tomaron la decisión de cerrar escuelas por dos semanas”, dice una amiga que radica en Italia, en un mensaje vía WhatsApp.

Foto: Thomas Sparrow

29 de febrero de 2020. El canal de noticias alemán informó que Italia superó los mil contagios y registró 29 muertos. En 21 días países europeos comenzaron a temblar pero sin tomar decisiones contundentes, ni dar indicaciones claras a la población. Así que la rutina no cambia, aún hay salud, hay control y una plena ignorancia a lo que nos enfrentaremos días después.

17 de marzo de 2020. Con precaución y un poco de desconfianza, di un pequeño paseo con mi bebé, para tomar un baño de sol y respirar aire fresco, quizá no estuve más de diez minutos fuera de casa, apenas llegué a los 100 metros de distancia. Manuel no nos acompañó, a partir de hoy trabaja desde casa, debido a una clara instrucción del CEO de la consultoría en la que trabaja. Y sin establecer fecha de regreso al lugar de trabajo, esto fue lo que argumentó:

“Derzeit zielen sämtliche Maßnahmen, die in Deutschland getroffen werden, darauf ab, dass sich die Verbreitung des neuen Coronavirus verlangsamt. Auch wir wollen diese Maßnahmen unterstützen(…)
Bitte arbeite also ab sofort, wenn immer möglich von zu Hause aus.”

En la traducción al español, “por el momento todas las medidas tomadas en Alemania están destinadas a frenar la propagación del virus corona. También queremos apoyar estas medidas. Por lo tanto, comience a trabajar desde casa, siempre que sea posible.

Foto: Thomas Sparrow

Entré a casa y mi esposo sólo preguntó: ¿cuántos? Uno solo, un avión, le contesté. Después llamé a mi mamá, una hermosa mujer de 70 años dicharachera y alegre, platiqué con ella la situación que atraviesa Alemania, y posteriormente le envié por mensaje el video que el gobernador del estado de Querétaro difunde en las redes oficiales para que los ciudadanos tomen las medidas de prevención. Terminé por pedirle que haga caso omiso de las cadenas des-informativas que llegan a su teléfono, que cualquier duda, primero lo consulte conmigo y yo me encargo de investigar.

18 de marzo del 2020, 11:43 horas. Revisé la página del noticiero Tagesschau, y observé que en diez días la cifra se multiplicó hasta los más de nueve mil casos, según en su mapa interactivo que se alimenta de los datos arrojados por la universidad estadounidense de Baltimore, Johns Hopkins.

Mientras tanto, la Organización Mundial de la Salud dice que son tres mil casos menos en su última actualización del 17 de marzo.

Al respecto, Angela Merkel declaró que la Unión Europea cierra sus fronteras; es decir, extranjeros no residentes tienen prohibido, durante 30 días, el acceso a Europa.

Cartas de Berlín (II) – Karla González

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