Luis Tamayo Pérez - Ecosofia

Del Coronavirus o cómo nuestros hijos pueden convertirse en los asesinos de sus abuelos – Luis Tamayo Pérez

En el mundo actual, la apertura democrática que la web permite genera que todas las voces sean reducidas a meras opiniones –eso que en los tiempos de Sócrates se denominaba la doxa—. Por otra parte, la episteme, es decir, el conocimiento riguroso y bien fundamentado, es considerado también como otra opinión cualquiera. Esto es así porque el formato en el cual se presenta es prácticamente el mismo, lo cual produce que a las mayorías les cueste mucho trabajo hacer la distinción. Y esto es lo que agrava la crisis que ha generado el coronavirus.

El caso de la Covid-19 generada por el nuevo coronavirus

La actual pandemia de Covid-19, generada por la nueva mutación de un coronavirus producida en la región central de China, es un estupendo ejemplo para entender la manera en cómo el mar de información que se presenta en la web y los mass media puede confundirnos.

Como todos recuerdan, en un primer momento la información sobre el coronavirus que la web brindaba era clara y abiertamente contradictoria: por un lado estaban los apocalípticos de siempre, los que sostenían que el coronavirus era una terrible amenaza e incluso el inicio del fin de la humanidad; y, por el otro, los que sostenían, con datos y estadísticas que los respaldaban, que la tasa de mortalidad de la Covid-19 era menor que la de la influenza estacional, esa que casi todos hemos sufrido y, por tanto, difícilmente nos espanta. Incluso la Organización Mundial de la Salud se tardó varias semanas en reconocer el carácter pandémico de la Covid-19.

La contagiosidad es el problema

En consecuencia, en varios países, el nuestro incluido, las autoridades sanitarias también se tardaron en darse cuenta de que el problema no era la letalidad del virus –mata a un porcentaje relativamente pequeño de los afectados; aunque eso varía bruscamente entre los diferentes grupos etarios: a los niños ni los afecta, a los jóvenes apenas los toca y a los viejos y a los enfermos los daña en un importante porcentaje— sino su elevada contagiosidad –pues se trasmite no sólo de forma aérea, como la influenza, sino por contacto y de manera prolongada, es decir, que el virus continúa transmitiéndose durante horas—e incluso días— a las personas que tocan los objetos antes tocados por un contagiado.

Esto se agrava con el hecho de que, como los niños y los jóvenes son levemente afectados y su movilidad es muy elevada, ellos pueden ser agentes de transmisión durante casi dos semanas, es decir, que con síntomas muy leves e incluso nulos pueden ser, durante dos largas semanas, transmisores inconscientes de la enfermedad. El principal enemigo, entonces, es la movilidad de los ciudadanos.

La ciudadanía puede fácilmente convertirse en transmisora involuntaria del virus y ocasionar que la pandemia se esparza hacia aquellos que son muy vulnerables: los viejos y los que tienen un sistema inmunológico deprimido. Son ellos los que pueden ser veloz y gravemente afectados y, en consecuencia, obligados a asistir a las diversas clínicas y hospitales. Este virus, además, por su novedad, es más difícil de erradicar de los organismos de los recuperados: la reincidencia de los supuestamente recuperados se ha calculado en China en un enorme 14%.[1]

Todo esto se traduce en que muy fácilmente pueden ser rebasados los servicios de salud de las diferentes naciones, pues no es lo mismo que 1,000 casos graves se acumulen en un solo día a que lo hagan en el curso de un mes.

En el primer caso no habrá camas, respiradores y demás equipo médico suficientes en los hospitales, por lo que los afectados no podrán ser ingresados y comenzarán a morir en las calles, como ocurrió en Wuhan.

Mientras que, en el segundo caso, aunque sea la misma cantidad de enfermos, como se presentan en un espacio más largo de tiempo y los pacientes anteriores se van recuperando, las camas y equipos son suficientes.

No fue por otra razón que los chinos se vieron en la necesidad –y asombrosamente tuvieron la capacidad de hacerlo— de construir un hospital entero en unos cuantos días. Sólo así han logrado contener la enfermedad. Lo que las estadísticas sobre la dispersión de la pandemia que podemos revisar en el sitio web de la Organización Mundial de la Salud muestran es, fundamentalmente, que el daño que el coronavirus produce depende directamente de la muy diferente calidad de los servicios de salud existentes en las diferentes naciones.

Comparando reacciones: Alemania e Italia

Por poner sólo un ejemplo, la nación alemana, una de las que primero reportó casos importados de China,[2] tiene –tal y como indica el Informe de situación 56 de la Organización Mundial de la Salud (el del 16 de marzo del 2020)— 4 mil 838 casos y 12 fallecidos

Italia tuvo su primer caso importado varios días después[3] que Alemania. Tiene ya 24 mil 747 infectados y 1,809 fallecidos.[4] Y todo esto sin contar el colapso económico a causa del cierre no sólo de empresas sino de fronteras, lo cual, para una nación eminentemente turística como Italia, es una verdadera tragedia.

Y nuestro turístico y valemadrista México es mucho más parecido a Italia que a Alemania por lo que, si la población no sigue rigurosamente las medidas que indica la Secretaría de Salud, el asunto podría salirse de control.

La mejor medida: reducir el contacto social

De ahí deriva la importancia de reducir ya al máximo el contacto social y resguardarse en casa durante al menos un mes: lo que dicha medida busca es evitar el colapso sanitario, es decir, que la tasa de contagio se reduzca al mínimo y, sobre todo, que los afectados graves lleguen de manera lo más espaciada posible a los hospitales. Eso garantizará su cuidado correcto y también protegerá al personal de salud, pues no se verá rebasado por la multitud de afectados que un virus tan contagioso puede generar.

No permitamos que nuestros hijos se conviertan en los asesinos involuntarios de sus abuelos. Lograr detener el contagio inmediato y masivo requiere que prácticamente todos nos comportemos ya como si estuviésemos ya en la fase 3 de la enfermedad y nos encerremos en casa durante tres o cuatro semanas. Los que estemos en posibilidad de hacerlo, salgamos estrictamente –y con las mayores precauciones— sólo a comprar víveres y demás suministros.

La Covid-19 no nos ha dado dado vacaciones, como algunos retrasados están afirmando, estamos ante una verdadera amenaza que, aunque tiene escasa letalidad –mata a apenas un a poco más del 1% de los afectados— tiene la capacidad de producir un colapso sanitario. Expliquemos el asunto recordando el ejemplo aportado por la Dra. Laura Frade Rubio,[5] si en la Ciudad de México, la cual tiene 8.5 millones de habitantes, se infecta sólo el 70% de la población (5 millones 950 mil personas), el 10% (595 mil) se enfermará de manera tan grave que requerirá hospitalización y no existen, en todos los hospitales públicos y privados de la capital mexicana, la cantidad de camas de hospital, respiradores y demás equipos que tan enorme cantidad de pacientes exige. Finalmente, de todos esos infectados morirían, sólo en la Ciudad de México, 59 mil 500… y ello en un lapso muy corto de tiempo.

Los asesinados serían, principalmente, aunque no exclusivamente entonces, los abuelos y los enfermos, pues los niños y los jóvenes apenas se darían cuenta de que les transmitieron la enfermedad… y no por toser en presencia de sus abuelos sino simplemente por, por ejemplo, tocar un picaporte que, horas después, el abuelo tocó.

El grado de inconsciencia de los mexicanos –como acaba de probar el festival Vive latino 2020— nos convierte en una nación susceptible de ser abatida por una enfermedad de este tipo. No lo permitamos.

Luis Tamayo Pérez

 

[1] Cfr. https://codigof.mx/la-reincidencia-del-covid-19-en-pacientes-dados-de-alta-pone-en-estado-de-alerta-a-los-sistemas-sanitarios-globales/

Conviene tambien revisar el artículo del 29.02.2020 en El País de Macarena Vidal, Curados que vuelven a dar positivo por Coronavirus: inquietud en Asia por los reinfectados: https://elpais.com/sociedad/2020/02/28/actualidad/1582900093_723655.html

[2] Según indicó la OMS, el primer caso importado de China a Alemania fue confirmado el 28 de enero del año en curso.

[3] El 31 de enero.

[4] https://www.who.int/docs/default-source/coronaviruse/situation-reports/20200316-sitrep-56-covid-19.pdf?sfvrsn=9fda7db2_6(Consultado el 17 de marzo de 2020).

[5] Autora del ensayo Colapso sanitario, colapso económico (2020) y del libro La educación deseada (México, 2016).

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