David Castellanos - Lo que un día fui

Diario de una loca (I) – David Castellanos

El título está mal. Ni es un diario, ni estoy loca, pero, a fin de cuentas, ¿qué está bien en mi vida ahorita?  Podría hacer una lista de todas las cosas que me han salido mal y no sería un diario, serían tomos apilados en un rincón.  Tomos que terminarían empolvados como los sentimientos que alguna vez tuve por ti. Me encantaría decirte que todo va de maravilla y que desde tu adiós todo va viento en popa.  Y podría jurar que en muchos sentidos puede que así sea, pero hay otra realidad que quise evitar a toda costa, pero terminó consumiéndome. Explotó en mi cara toda esa realidad que sepulté en alcohol y estupefacientes.  Pensé en olvidarte pero mentía, bastaba una canción para volver de nuevo a recordarte y al hacerlo no había marcha atrás, era un clavado a la vorágine de lo que no tuvo final, porque nunca tuvo principio.

Entonces ¿de qué valía recordar? A cada línea que aspiraba, sólo se hacía más borroso el pasado y entre cada cerveza y caballito de mezcal, se desdibujaba la fantasía y llegaba la realidad, la que tanto me negué a aceptar. ¡Qué sencillo hubiera sido resignarme a ratos de pasión y algarabía! ¿Dónde estuvo mi error entonces? En meter sentimientos donde sólo debí haber metido la verga. Pocas palabras, resultados positivos. Y aunque esa hubiera sido la solución perfecta, temo desilusionarte queridx, no soy hombre de pocas palabras. Soy un cúmulo de palabras que muchas veces callo; soy pasión que se desborda como el río que sobrepasa sus cauces; soy delirio, soy frenesí.

Siendo honesto, no es fácil sobrellevarme. Amo con locura y con vehemencia. Puedo estar sumamente emocionado y una sóla palabra o broma pueden volcarme a una tristeza y desánimo. Soy como el mar, a veces tranquilo, a veces huracán.

Podría seguir contándote qué y cómo soy, pero ¿acaso no lo sabes? Oh queridx, tú viste muchas facetas de mí en tan poco tiempo. Viste mi luz, pero también mi oscuridad y no sé qué parte me confundió más: si el desprecio hacia mi oscuridad o la indiferencia hacia la claridad. Quise mostrarte siempre la mejor parte y fallé en eso, casi como querer días soleados y renegar de los lluviosos.

Por mucho tiempo fui ese chico al que le gustaban las cosas imposibles, el que ambicionaba el todo y nada a medias. Me encantaban los retos difíciles y así fue como te vi a ti. Eras la típica persona que no quería nada serio – fuiste muy gentil en decírmelo desde el principio y recordármelo en cada recaída mía (gracias, supongo)- y yo soñaba con cambiarte. Y di rienda suelta a mi loca imaginación, no puedes culparme por eso. Imaginaba una vida utópica, y en palabra coloquial: pendeja. Me costó aceptar que nunca te llevaría el desayuno a la cama en bóxer, que nunca tendríamos esas vacaciones paradisíacas para descansar de la ciudad. No ofreceríamos fiestas de cócteles ni iríamos al teatro. No habría conciertos de ópera ni un gallito juntos. Cúlpame por todo, menos por imaginar.

Te quise como loca y no te diste cuenta.

P.D (Como dije al principio, ni es un diario, ni estoy loca, ni mucho menos te quise como tal).

David Castellanos

Diario de una loca (II) – David Castellanos

Diario de una loca (III)

Diario de una loca (IV) – David Castellanos

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