María Pérez Rojas - Una Mirada

¡Bienvenidos los insultos en las redes sociales! – María Pérez Rojas

Lamentable resolución del Vigésimo Segundo Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Primer Circuito del Tribunal Superior de la Federación. La sentencia obliga al diputado Gerardo Fernández Noroña a desbloquear a un usuaria que lo insultó y agredió verbalmente. Los mensajes contienen las palabras “estúpidos”, “pendejadas”, “ardido”, “encabronado”, “pinche”, “ridículo”, “incongruente”, “mamando”, “madres”, “chingados”, “imbécil”, “farsante de poca monta”, “fresa” y “loco”.

En el contexto en que se emitieron, la sentencia concluye que no constituyen expresiones vejatorias, pues, si bien son provocativas y pueden causar algún tipo de molestia, disgusto u ofensa, no se realizan inferencias crueles, ni contienen un desprecio personal hacia la autoridad responsable. De ahí que no se actualiza un comportamiento abusivo por parte del usuario, porque al ser un funcionario está expuesto al escrutinio público. ¿Qué tal?

Se tutela la libertad de expresión y garantiza el cumplimiento artículo 6 constitucional de tener accesos a todo tipo de información que los funcionarios públicos difunden o comunican inclusive a través de sus redes sociales.

El mismo artículo señala los límites de la libertad de expresión, pero no puntualiza los indultos como tal. Pero existe el daño moral por la vía civil.

Estoy de acuerdo en que los servidores públicos no deben bloquear a sus seguidores, pero no estoy de acuerdo en que hayan determinado que los insultos no deben de ser vistos como un comportamiento abusivo de los usuarios.

Lastimosa resolución

La libertad de expresión debe tener un límite. Se puede criticar y opinar pero, ¿por qué con adjetivos, descalificaciones e insultos?

¿Los magistrados no estudiarían civismo? Habrá que invitarlos a revisar la definición del concepto por la Real Academia de la Lengua: “comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia pública”.

Según Richard Stephens, psicólogo y autor de Black Sheep: The hidden Benefits of Being Bad («Oveja negra: los beneficios ocultos de ser malo»), dice que mientras la mayoría del lenguaje se ubica en la corteza y en áreas específicas en el hemisferio izquierdo del cerebro, las groserías podrían estar asociadas a un área más vieja y rudimentaria de ese órgano, es decir hasta biológicamente es rudimentario.

La parte positiva de todo esto es que los insultos son catárticos. Detrás de cada insulto hay emociones que se expresan y eso es hasta analgésico para la persona que las dicen, pero sólo tendrán poder si el que las recibe decide darles ese poder.

“Podré estar en contra de tus ideas, pero defenderé con la vida tu derecho a decirlas”, dijo Voltaire.

Por último, la libertad de expresión debe tener un límite: se llama ética cívica, y es la que debe asumir todo ciudadano para con la colectividad.

Es responsabilidad de todos elevar el nivel de debate y practicar la inteligencia emocional en el debate político.

María Pérez Rojas

Fuente: Recurso de revisión R.A. 49/2020. Tribunal Superior de la Federación.

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