Eric Rosas - La onda plana

Leucocitos biónicos – Eric Rosas

La naturaleza mutante de los seres vivos obedece a una esencial e interminable búsqueda de adaptación y mejora. En los humanos estos cambios se suceden con mayor discreción debido a que las macro-moléculas que contienen nuestro material genético – las del ácido desoxirribonucleico o ADN –, se encuentran suficientemente protegidas por las complejas estructuras que envuelven a nuestras células. Aún así, las excesivas dosis de las porciones altamente ionizantes del espectro electromagnético, como la fracción lejana de los rayos ultravioleta contenida en la irradiación solar, los rayos gama o los rayos X, pueden eventualmente causar cambios en nuestro ADN que pueden derivar en tumores, a veces benignos, pero otras tantas, cancerígenos.

En cambio, en los seres vivos más desprotegidos como las bacterias o los virus las mutaciones son una constante, porque sus ácidos ribonucleicos o desoxirribonucleicos están totalmente expuestos a estos baños ionizantes. Esto facilita que, por ejemplo, cada año nuevas cepas de los virus mutados sean capaces de causar infecciones en los humanos, pues al ser distintos a los del año previo, nuestro sistema inmunológico las desconoce y por ello se encuentra imposibilitado para neutralizarlas adecuadamente. Esta limitación de los leucocitos de nuestro sistema inmunológico puede paliarse con la administración preventiva de vacunas y es por ello que su elaboración se vuelve un asunto de suma importancia para evitar propagaciones de proporciones pandémicas, de infecciones causadas por nuevas cepas de microbios.

La fabricación “tradicional” de vacunas

El método “tradicional” de fabricación de las vacunas consiste en el debilitamiento de la misma cepa, de manera que ésta disminuya su peligrosidad, pero conserve su capacidad para estimular al sistema inmunológico del infectado. Lo que se logra mediante la inoculación controlada con dosis ínfimas de estas versiones debilitadas del microorganismo. Sin embargo, esta técnica de fabricación de vacunas, aunque ha resultado exitosa y salvado millones de vidas, puede tomar dos o tres años, ya que se requiere transitar por varias etapas que aseguren que la vacuna sea efectiva, pero inocua al mismo tiempo. Debe primero ser probada en conejillos de indias de laboratorio, luego en grupos seleccionados de humanos voluntarios y, tras la obtención de las aprobaciones necesarias por parte de las autoridades sanitarias de los distintos países, finalmente producida en cantidades industriales para su distribución a nivel mundial y aplicación en la población que lo necesite. Por supuesto que un procedimiento como este resulta sumamente costoso y no alcanza a hacer frente oportunamente a los brotes inesperados de nuevas infecciones.

Nuevas tecnologías para acelerar el desarrollo de vacunas

Ante estas desventajas y las recientes malas experiencias que se han tenido con los brotes de nuevas cepas de virus, muchos laboratorios en todo el mundo están experimentando con novedosas técnicas que permitan reducir el tiempo para obtener la vacuna. Algunas de estas innovaciones consisten en la manipulación del material genético del microbio mismo; en la extracción de anticuerpos de aquellos individuos que, habiendo padecido la enfermedad, resulten recuperados; o en el diseño de proteínas de uso genérico que puedan servir como base para desarrollar varias vacunas simultáneamente.

Pero los laboratorios más avanzados del orbe están incorporando tecnología de avanzada, por ejemplo con técnicas de simulación computacional a base de algoritmos de inteligencia artificial, que ayudan a simular un sinnúmero de estructuras proteínicas simultáneamente, para así ahorrar tiempo de ensayo en el laboratorio; o de imagenología como la microscopía electrónica criogénica, que permite visualizar las cápsides de los virus con un detalle casi a nivel atómico. Esta altísima resolución les permite a los científicos identificar con mayor facilidad las propiedades estructurales y bioquímicas de los microorganismos.

Por lo pronto, ante la actual pandemia del Covid-19, que está azotando a la humanidad entera, ya se han tenido que poner en práctica algunas de estas nuevas tecnologías para el desarrollo acelerado de vacunas. Esperemos que pronto podamos constatar su efectividad.

Lo anterior, dicho sin aberraciones.

Eric Rosas

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