Julio Figueroa - Vistas

En memoria del padre – Julio Figueroa

-Es tan difícil expresar el momento como describir la eternidad, dice Octavio.

 

Querido Efraín: otra estación más, y las que nos faltan, hasta llegar a la nuestra.

Amanecer con pájaros. Bajo del camión, todavía esta oscuro. Silenciosa la calle y agradable el aire fresco. Voy a la funeraria.

Buena conversación íntima con Efraín y Margarita, recorriendo las estaciones del padre y la familia, y las últimas vicisitudes. La doctora que en la misma hora atendió a una parturienta y a un moribundo.

Don Pablo Mendoza Castillo en su féretro. Chiquito e inmaculado. Como que el pecho quiere respirar, volar. Me recordó a mi amigo Juanelo en su ataúd. Hermoso retrato junto al féretro: los ojos queriendo ver más allá del cielo. Un jardín de flores blancas en los ojos de los presentes.

Rumbo a la iglesia detrás de la carroza, andando, como en los pueblos. Es una mañana asoleada y parece un día festivo. Verdes los árboles de la vida y dorado el día.

La misa luctuosa, con el cuerpo presente, con los familiares, amigos y conocidos, si no se queda en una simple reunión de sociales, es una prodigiosa liga de todos los presentes. El “religarse” que ofrece toda religión, más allá de la enajenación. Es el reencuentro con los otros y con el misterio de lo sagrado, lo desconocido y con nosotros mismos, pienso.

La música de órgano y los coros de la iglesia, en la hora del adiós o en la comunión matrimonial, son poesía pura elevando el alma colectiva y personal, enchinando el cuerpo, creo.

Eduardo (2013), Esperanza (2016), Ramiro (2017), Pablo (2020), Los muertos de la familia Mendoza Zaragoza, que nos recuerda que las familias no sólo crían alacranes, sino también crean psicólogos, amas de casa, médicos, trabajadores, sociólogos, ingenieros, sacerdotes…

Esperanza y Pablo, 64 años juntos en la tierra, en las buenas y en las malas, en las verdes y las maduras, con tres años de diferencia llegaron a la estación final. Ambos vivieron el don de la vida, hasta llegar a la plenitud de la misma, y alcanzar la Gracia del Señor.

Pablo fue un niño y un hombre de campo, del duro y hermoso trabajo del campo. Que las circunstancias lo hicieron emigrar a la ciudad, adaptarse a otros ámbitos y otros trabajos, y sacar adelante a 12 hijos.

Todo ser vivo es un grano de trigo que puede caer en tierra fértil o yerma. Un grano de maíz y milpa, un grano de fruta y árbol. Un brote de flor. Aquí importa la tierra, el agua, el sol, el clima; pero también el carácter, la voluntad, la decisión, la fuerza interior contra las circunstancias.

La vida es una semilla que puede guardarse o arrojarse a los cuatro vientos, sembrarse en la tierra, en la comunidad, en el mundo o en el vacío. El potencial es infinito y efímero (tiene fecha de caducidad), esperado e inesperado, previsible e imprevisible.

La meta es llegar a la plenitud y dar frutos y luego morir. Vivir en plenitud hasta la muerte y aceptar el fin y crear vida. Este es el sentido humano: vivir en plenitud y morir dando frutos, como la semilla en tierra fértil. “Y la vida perdurable / del polvo, de los frutos, y del polvo”.

Esta es nuestra acción de gracias en nombre de nuestro hermano y padre Pablo. Quien aró y sembró la tierra, vivió y creó comunidad, parió y partió de este mundo con la fe intacta -del deber ser.

Vivir la vida y sus oportunidades. No encerrarse en sí mismo sino entregarse al mundo. Para vivir la vida hasta la muerte y dar frutos. Y saborear el amor eterno, gracias al don de la vida que nos fue concedido.

Demos gracias a Dios, oremos… -concluyó el padre Jesús.

El bello sermón del padre Jesús Mendoza Zaragoza apenas duró nueve minutos. Yo llevo algunas horas garabateando estas notas. A partir de sus bellas y bien pausadas palabras, he tratado de plantar estas semillas en el espacio de luz. Ofrezco mis disculpas al padre Jesús por traducir mal y tal vez tergiversar sus claras y cristalinas palabras cristianas.

¡Hasta dan ganas de morirse y escuchar su misa celestial, le dije!

La ovación final a don Pablo (1926-2020), rumbo al crematorio.

Tras los abrazos y los adioses de los amigos, salí de la iglesia y caminé hacia la parada del camión. Sí, parece un día festivo, Efraín, un domingo, un día lleno de sol y pájaros y gente viva, ¡y apenas es martes!

Martes de tianguis en la Presidentes. Fui a comprar los víveres de la comida. Qué caro está todo. No sólo de letras vive el palabrero. ¿Cuál será nuestra estación final?

 

Q, Presidentes, 18-19-II-2020.

 

-¿Te parece hoy un buen día de comienzo?

-Me parece un día festivo.

-¿Por qué festivo?

-Porque lo veo lleno de sol y de pájaros y de gente viva.

-Pero vienes de un funeral…

-Tal vez por eso.

-Para mí es un día de comienzo.

-Adelante.

-¿No me preguntas de qué?

-No, comenzar y acabar algo es bueno.

-¿Lo que sea?

-Es tu libertad y tu responsabilidad.

-¿Y tú qué haces?

-Platicar contigo.

-Jajajaja.

-Es en serio.

 

Las certezas del Yo que duda. Carlos Monsiváis.  

“Y que a la hora de mi muerte logre

morir como los hombres y me alcance

el perdón y la vida perdurable

del polvo, de los frutos, y del polvo.”

 

-Octavio Paz, “La vida sencilla”.

 

¿Quieres dejar algún comentario?

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

To Top