Arturo Maximiliano - Caleidoscopio

Reelección, su orfandad y cobardía – Arturo Maximiliano

Finalmente, después de más de seis años, algunos legisladores se acordaron de algo: que en 2014 se había publicado una reforma constitucional, que estaba vigente y aplicándose en las elecciones locales, pero sobre todo que no había ni una letra escrita que reglamentara el cómo se llevaría a cabo ésta.

Fue en febrero de 2014 cuando se publicó en el Diario Oficial de la Federación, la reforma política promovida por el presidente Enrique Peña Nieto y sus aliados del “Pacto por México”, incluido el PAN y el PRD. En su momento ésta fue aplaudida por la clase política, aunque pasó prácticamente desapercibida para la población en general.

Entre otras cosas, esta reforma contenía nuevas disposiciones sobre diversos temas políticos electorales, incluido uno que había sido tabú en la historia política contemporánea de nuestro país: la reinstauración de la reelección.

La frase “sufragio efectivo no reelección”, acuñada principalmente para lo presidencial, había sido extendida a todos lo cargos de elección popular, quizá en su momento sin mayor reflexión, pero esto terminó cuando en 2013 se votó por las cámaras y las legislaturas locales este importante cambio.

La reforma política en general fue de gran calado. Incluyó cambios de fondo al sistema democrático mexicano, entre ellos la posibilidad de establecer gobiernos de coalición; la transformación de la PGR en Fiscalía General de la República; creación de las candidaturas independientes; modificación a reglas sobre la propaganda electoral; nuevos derechos con respecto al voto de mexicanos residentes en el extranjero; así como también estableció en la Constitución la posibilidad de que los ayuntamientos, legisladores locales y federales, pudieran reelegirse, en estos últimos casos ocupando el cargo hasta por 12 años.

Volver a permitir la reelección tuvo, entre los argumentos de sus promotores, la idea de que hubiera una verdadera representación de los ciudadanos, dejando en manos de los electores el evaluar la actuación de diputados locales, federales, senadores y ayuntamientos.

Los primeros en pasar la aduana fueron los presidentes municipales y sus planillas de regidores y síndicos, así como cientos de legisladores locales. En ese momento poco importó al Congreso aprobar una legislación secundaria, tampoco dijo nada la comentocracia centralizada en la Ciudad de México.

Quienes se postularon para un segundo periodo, legisladores e integrantes de cabildos, tuvieron que ir a los tribunales para despejar todas las lagunas existentes al no haber ley secundaria. Los senadores y diputados federales, una vez más, no habían hecho su trabajo.

Ahora que se retomó el asunto, varios se muestran indignados. Algunos legisladores que la aprobaron en 2013, cobardemente, trataron de imputarles en redes sociales a los actuales diputados, la autoría de la reelección constitucional, cuando los legisladores hoy en funciones sólo reglamentaron los términos en los que habrían de contender si se presentan a la reelección.

Los grupos parlamentarios opositores, sin cuya participación no se hubiera logrado la reinstauración de la reelección en 2013, no se presentaron a sesionar, pero aún sin ellos, lo que se aprobó está en la línea de lo lógico y la tradición política en otros países donde la reelección es permitida hasta de manera indefinida, que los legisladores que se postulen para reelegirse no tengan obligación de dejar sus escaños o curules.

En realidad nadie ganó ni perdió aquí. Cuando se legisla sin entender que las condiciones políticas son tan cambiantes, es cuando se definen erróneamente ganadores y perdedores de las reformas. Recordemos que, tratando de cuidar lo que se tenía, ni PRI ni PAN quisieron aprobar la segunda vuelta presidencial, figura que extrañaron algunos en su intento por frenar a AMLO.

Los legisladores, de mayoría o pluris, no deben asumir que serán reelectos, algunos quizá sean castigados. En su momento otros llegarán en su lugar, y también batallarán para ser reelectos, varios sin conseguirlo, aún desde el cargo, con el presupuesto de la oficina y con todo e informes que promuevan sus logros. Falso es que esta semana se aprobó la reelección, como tan falso y ruin es decir que se dio un paso hacia la reelección presidencial.

 

@AMaximilianoGP

maximilianogarciap@gmail.com

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