Columna Invitada

Impactos del coronavirus en las emisiones de gases de efecto invernadero – Antonio Sarmiento Galán

Es difícil ignorar el tema que está en la mente de la mayoría, y aunque no es directamente una historia ambiental, es claro que el coronavirus podría tener grandes implicaciones ambientales. En esta etapa es difícil decir cuáles serán, pero este resumen tiene la intención de considerar algunas posibilidades basadas en los datos disponibles hasta ahora.

Antes que nada, es necesario recordar lo que el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) ha dicho desde hace ya varios reportes: el aumento en el valor promedio de la temperatura global no está determinado por el valor de las emisiones de gases de efecto invernadero en un momento dado y mucho menos por la tasa de emisiones en un lapso tan corto como es la duración de una pandemia; el valor promedio de la temperatura global está dado por el total de las emisiones acumuladas desde que se inició la quema de combustibles fósiles y eso es, precisamente, lo que convierte al fenómeno en una desgracia, pues aunque mágicamente dejásemos de emitir gases de efecto invernadero, la temperatura global seguiría aumentando hasta alcanzar un equilibrio determinado por todas las emisiones pasadas.

Las crisis globales estimulan las caídas de emisiones

Dicho lo anterior, no cabe duda que las grandes crisis han causado descensos en las emisiones de gases de efecto invernadero, pero por algo se han adjetivado como ‘grandes’. Ésa es la escala que se necesita para que la disminución se note en la siempre creciente curva de emisiones causadas por la actividad humana (figura) y su efecto no sólo ha durado poco sino que la disminución ha sido inmediatamente borrada por la loca carrera del crecimiento económico en el marco de un sistema económico que siempre pone por delante a su dios: el capital. Nótese en la figura que las pendientes posteriores a las caídas en las emisiones son, en general, mayores a las pendientes previas a las caídas.

El desplome del precio del petróleo

El precio del petróleo ha caído por los suelos. BP y Shell se han visto afectados, mientras que otra compañía petrolera, Tullow Oil, advierte que es posible que no sobreviva. Una guerra de precios entre Rusia y Arabia Saudita podría marcar la entrada a una era de petróleo realmente barato. El Washington Post informa que la Casa Blanca está buscando obtener ayuda federal para las compañías que obtienen petróleo del esquisto y que ya han sido afectadas por el bajo precio del petróleo. Un editorial en el mismo diario declara que el «último perdedor y un posible objetivo previsto» de la guerra de precios del petróleo es Estados Unidos, el principal productor mundial de crudo. Finalmente, Bloomberg informa que la situación actual está llevando al gobierno chino a considerar comprar más crudo para las reservas estatales.

La visión tradicional es que una caída en los precios del petróleo perjudica los esfuerzos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, ya que las personas usan más petróleo y descartan alternativas como los autos eléctricos. Fatih Birol, jefe de la Agencia Internacional de Energía, advirtió que el petróleo barato puede retrasar la transición hacia una energía más limpia en todo el mundo.

Pero también hay razones para pensar que las viejas reglas puedan no aplicarse esta vez, y que el impacto climático del petróleo barato no tiene que ser tan duro.

El petróleo barato, por ejemplo, a menudo ha deprimido las ventas de automóviles eléctricos. Pero hoy en día, una gran parte de las ventas de vehículos eléctricos está siendo impulsada por regulaciones en lugares como China, Europa y California. Esos no van a desaparecer. Además, los precios de las baterías han caído rápidamente con el tiempo, lo que significa que los autos eléctricos se están volviendo cada vez más competitivos con los autos convencionales, incluso si se ignoran los costos de combustible.

En general, una caída en los precios del petróleo también conduce a un aumento en los viajes, ya que las personas aprovechan los precios bajos en la gasolinera o las tarifas aéreas más baratas. Pero es menos probable que ocurra esta vez, ya que las preocupaciones sobre el brote de coronavirus mantienen a muchas personas en casa (figura).

El coronavirus también “infecta” los hábitos de trabajo y de transporte

Una gran pregunta es si el brote de coronavirus podría alterar permanentemente los hábitos de trabajo y transporte de las personas a medida que las empresas se sientan más cómodas con el trabajo remoto y las videoconferencias, reduciendo la demanda de petróleo con el tiempo.

Otra dinámica a tener en cuenta es el hecho de que la caída del petróleo, que está ejerciendo una presión financiera sobre las compañías de perforación, podría hacer que algunas compañías reconsideren sus planes de invertir en tecnología baja en carbono. Alternativamente, algunas compañías pueden decidir que las fuentes renovables como la eólica y la solar son en realidad una inversión más segura en un mundo de precios inestables del petróleo.

Si bien las emisiones de China han sufrido una fuerte recesión a corto plazo (figura), los gobiernos de todo el mundo sin duda buscarán revitalizar sus economías una vez que la crisis disminuya; la pregunta entonces es: ¿cómo lo harán? Si países como China intentan revitalizar su economía subsidiando industrias contaminantes como el acero y el cemento, las emisiones podrían dispararse en los próximos meses.


Algunas de estas industrias, como la industria de la aviación, ya están comenzando a pedir ayuda pues el brote mundial de coronavirus está dificultando los esfuerzos para frenar las emisiones de las aerolíneas, incluso cuando la demanda de boletos se desploma y las personas cancelan sus planes de viaje (figura).

El Sunday Times informó el viernes que algunas aerolíneas en Europa están desplegando «vuelos fantasma», aviones que vuelan sus rutas habituales sin pasajeros, para no perder sus espacios de vuelo en los aeropuertos bajo una regulación de la UE que obliga a las aerolíneas a mantener activas las rutas de vuelo o correr el riesgo de perderlos ante sus competidores. Y el New York Times informó el viernes que muchos en la industria de las aerolíneas están utilizando el costo financiero que enfrentan como resultado del virus para detener los planes de nuevos impuestos sobre los viajes aéreos y los esfuerzos para limitar las emisiones de las aerolíneas.

Las industrias se enfrentan también al hecho de que los gobiernos bien podrían recurrir a la energía limpia para estimular el crecimiento económico, según la Agencia Internacional de Energía. Durante un período de crisis económica, las preocupaciones climáticas a menudo se desvanecen, han señalado muchos analistas; pero hay otro escenario: los gobiernos podrían aprovechar este momento para promulgar nuevas políticas climáticas.

Los bajos precios del petróleo suelen ser una buena oportunidad para eliminar los subsidios a los combustibles fósiles, que han aumentado en los últimos años, o aumentar los impuestos sobre las emisiones de bióxido de carbono, ya que es menos probable que los consumidores sientan el impacto.

Por otro lado, con tan poca información disponible -menos de tres meses de mediciones- es muy difícil separar los efectos de todos los factores que intervienen en las emisiones. Por ejemplo, las emisiones del sistema eléctrico mundial han visto una caída del 2% -su mayor caída en tres décadas- en gran parte gracias al colapso de la energía generada a partir de la quema de carbón en los Estados Unidos y Europa.

 

Éstas son buenas noticias, pero no lo suficientemente buenas, señalan los autores del informe del grupo de expertos Ember, anteriormente conocido como Sandbag: «Se está avanzando en la reducción de la generación mediante carbón, pero ni remotamente se trata de algo similar a lo que necesariamente demanda la urgencia para limitar el calentamiento global».

El combustible fósil más sucio sigue vivo para luchar otro día, defendiéndose con grandes proyectos en Asia y Australia, financiados incluso cuando algunos de los bancos más grandes del mundo comienzan a negar su apoyo financiero y aceptados por sus habitantes después de sentir en carne propia los efectos de la pérdida de grandes extensiones boscosas.

Otro factor es el hecho de que China bajó el crecimiento de sus emisiones de CO2 respecto de lo programado en 2019; es decir, sus emisiones crecieron sólo entre 1.7 y 2% y no entre 4 y 5 % como se esperaba.

Sin embargo, aunque la disminución mundial de emisiones por la baja en el uso del carbón y la reducción en el crecimiento de las emisiones de CO2 de China pudiesen sobrepasar a la disminución en las emisiones de China por el confinamiento debido al coronavirus -o cuando menos opacarla- el problema es peor aún: ambas disminuciones quedan a merced de las emisiones de los incendios forestales que cada día son mayores en número y extensión alrededor de casi todos los pocos lugares en donde todavía existen bosques y que sin duda han sido considerablemente mayores y doblemente costosas pues también se pierde parte de la segunda mejor trampa de bióxido de carbono y segunda mejor fuente de oxígeno.

También hay que considerar que en algunos países se han estado realizando recientemente cambios políticos cuya intención es alejarlos de la necesaria -y cada día más urgente- reducción de emisiones. Tal es el caso de Inglaterra, no de todo el Reino Unido, cuyo canciller evitó liberar el impuesto sobre combustibles, una medida hábilmente manejada como muy probable para que el Reino Unido dejase la Comunidad Europea, y que por segunda vez no se cumplió; ello implica que las emisiones de Inglaterra en la próxima década vuelvan a ser 5% más altas, cuando menos, de lo que hubieran sido si el impuesto se hubiese liberado desde la primera ocasión, hace 10 años.

Las predicciones del impacto total del coronavirus

El impacto total del coronavirus es aún desconocido y podría llegar a ser mucho mayor a lo supuesto hasta el día de hoy. Como ejemplo, veamos la predicción realizada en una presentación a los hospitales en la Asociación Americana de Hospitales por el Dr. James Lawler, profesor del Centro Médico de la Universidad de Nebraska, indicando sus «mejores conjeturas» sobre cuánto podría propagarse el virus en los Estados Unidos.

La presentación, titulada «Lo que los líderes de atención médica deben saber: preparación para el COVID-19«, tuvo lugar el 26 de febrero, con representantes del Centro Nacional de Capacitación y Educación sobre el Ébola; ya veremos, dentro de muy poco, si la predicción resultó ser acertada o no.

Hay otro ejemplo que debemos considerar con mucho cuidado y que se refiere a la equivalencia en número de afectados por tan sólo un retraso de un día en la implementación de las medidas necesarias para contener el contagio (figura) y la razón por la cuál esto ocurre (figuras).

Esto ya es una pandemia, no puede eliminarse; pero lo que podemos hacer es reducir su impacto.

Algunos países han sido ejemplares: el mejor es Taiwan, muy conectado a China y con menos de 50 casos hoy en día. Este artículo científico explica todas las medidas que tomaron de forma temprana, centradas en la contención. Ellos han sido capaces de contenerlo, pero muchos países no tienen su experiencia y no han podido hacerlo; ahora, están centrados en mitigar los efectos de la enfermedad. Tienen que hacer el virus tan inofensivo como sea posible.

Si reducimos las infecciones tanto como podamos, nuestros sistemas sanitarios serán capaces de gestionar los casos mucho mejor, reduciendo la tasa de letalidad. Y si extendemos esto en el tiempo, llegaremos a un punto en el que la sociedad podrá ser vacunada, eliminando todo el riesgo a la vez; así que nuestro objetivo no es eliminar los contagios por coronavirus, es posponerlos.

Ellos han sido capaces de contenerlo, pero muchos países no tienen su experiencia y no han podido hacerlo. Ahora están centrados en mitigar los efectos de la enfermedad. Tienen que hacer el virus tan inofensivo como sea posible. De acuerdo con la gráfica anterior, mientras más pronto se implementen las medidas de contención (distanciamiento social), más postergaremos los casos, mejor podrá funcionar el sistema sanitario, más baja será la tasa de mortalidad y más alto el porcentaje de población que podrá ser vacunado antes de ser infectado.

Sea cuál sea el futuro de lo discutido en las líneas anteriores, queda claro que las respuestas del sistema van siempre en la dirección de evitar las pérdidas de capital (figura) antes que la vida y lo que la mantiene.


Antonio Sarmiento Galán

¿Quieres dejar algún comentario?

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

To Top