Luis Tamayo Pérez - Ecosofia

Un virus que no es como los otros – Luis Tamayo Pérez

Cuando la humanidad es atacada por un fenómeno que no puede reconocer (pues es la primera vez que ocurre) no tiene la menor idea de cómo reaccionar. En la Grecia antigua denominaban hápax a esos fenómenos que era la primera vez que ocurrían y por ello no podían ser reconocidos. En consecuencia, cuando aparecen, la humanidad reacciona tarde y mal. El nuevo coronavirus, dado que para muchos conciudadanos aporta una experiencia totalmente nueva e irreconocible, es un hápax.

En mi entrega de la semana pasada revisaba el informe 56 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cual señalaba que la cantidad de infectados en México era de 56 y sin ningún muerto (aunque las autoridades mexicanas indicaron ese día que debía contabilizarse ya un muerto).

Al día de ayer –25 de marzo de 2020— sumamos en México ya (Informe 65 de la OMS) 370 infectados y 4 muertos (aunque las autoridades mexicanas indicaban que ya son 405 infectados y 5 muertos). Nuestros servicios de salud, afortunadamente, aún no están colapsados pues la curva que mantiene la pandemia es manejable para nuestro sistema de salud. Parece que la estrategia diseñada por la Secretaría de Salud mexicana no ha sido, hasta el momento, incorrecta.

Otro fenómeno que es también un hápax para la humanidad es el del Calentamiento Global Antropogénico y es por ello que se está tardando tanto en responder y, quizás, no logre detener un fenómeno que amenaza con destruir nuestra civilización y producir la sexta extinción masiva de las especies hacia el final del presente siglo.

Otras epidemias de las que guardamos memoria han sido más manejables. Cuando la crisis generada por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), la humanidad podía, al menos al principio, determinar los grupos de riesgo, reducir los contagios e incluso el infectado podía localizar a quién le había transmitido la enfermedad. En el caso de la gripe porcina del 2009 (AH1N1) el asunto no fue tan grave porque la contagiosidad era fundamentalmente por vía aérea y el virus permanecía poco tiempo en los lugares que infectaba.

En el caso del nuevo coronavirus la cuestión es enteramente diferente. Tal y como indican diversos estudios, la permanencia del nuevo coronavirus es muy prolongada –y ello depende del material en el cual se asiente—, lo cual nos coloca en un riesgo enorme simplemente por salir y tocar las cosas que siempre hemos tocado —picaportes, mesas, sillas y todos aquellos objetos de uso compartido. El coronavirus perdura durante horas o días dependiendo de la naturaleza de las superficies.

Es por tal razón de que, como indica el Dr. Enric Caubet, al final casi todos vamos a infectarnos (el 70% de la humanidad), la cuestión es cuidar que lo hagamos de manera espaciada (para no sobrecargar a los sistemas de salud y especialmente a los de cuidados intensivos) y con la menor carga viral posible.

Esto último es muy importante. No es lo mismo contagiarse por los estornudos que nos vierte directamente un contagiado que tocar una superficie tocada largo tiempo atrás por un infectado. El primer caso, si correspondemos al grupo de mayor riesgo (mayores de 65 años y con sistema inmunitario deprimido) tendríamos una importante probabilidad de reaccionar con una neumonía y morir. En el segundo caso si correspondemos al mismo grupo etario, y si nuestro sistema inmune reacciona como debe ser, adquiriremos una infección molesta que quizás nos lleve al hospital, pero nuestro organismo podrá resistir.

Esto es muy importante. Dado que no se aprecia que aparezca una vacuna en el futuro próximo, más vale que los grupos de alto riesgo (adultos mayores con sistema inmune deprimido) se acostumbren a pasar varios meses con una vida de limitado contacto social y con máximos cuidados en el vínculo con los objetos del mundo –desde perillas de puertas, mesas, sillas y todos aquellos objetos de uso compartido que pululan en derredor.

Cuando, pasados unos cuantos meses, la enorme mayoría de los humanos se hayan contagiado –y por ende hayan desarrollado los anticuerpos correspondientes— y el virus deje de estar distribuyéndose en el mundo, podremos de nuevo abrazar y besar a nuestros ancianos, antes no. Por el momento, a causa de la naturaleza peculiar de este microorganismo, esas conductas, y esto es muy importante que lo apreciemos, por el bien de nuestros ancianos, están prohibidas.

Luis Tamayo Pérez

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