Eric Rosas - La onda plana

H. G. Wells: El profeta – Eric Rosas

La humanidad está enfrentando una pandemia sin precedentes. Nunca antes en la historia una enfermedad había alcanzado tal nivel de contagio global como el que se pronostica que logrará el Covid-19. Por primera vez, un microscópico virus amenaza con poner en jaque a los siete mil quinientos millones de terrícolas, evocando las peores pesadillas del británico Herbert George Wells.

Igual que en “La guerra de los mundos”, la humanidad completa sabe que combate contra un microbio, pero por ahora no cuenta con armas para defenderse y sólo le ha quedado replegarse. Es posible que, como en la obra literaria, la suerte llegue pronto en auxilio de los humanos y quizá el aumento de la temperatura en el verano del hemisferio norte pueda mitigar la propagación del virus, pero también es posible que el enemigo, sin haber prejuiciado su actuación dado su desconocimiento de los presagios de Wells, simplemente continúe su avasallador paso infeccioso.

Mientras el mundo completo busca desaforadamente algún tratamiento profiláctico que le proteja del Covid-19, alguna vacuna, terapia, etc., la reclusión de miles de millones de personas en los cinco continentes ha dañado ya irreversiblemente la economía del mundo entero. Las primeras predicciones de la firma consultora alemana Statista, acerca del impacto económico mundial del Covid-19 (hechas antes de que la Organización Mundial de la Salud lo declarara como pandemia), estimaban una reducción de 0.6 % del crecimiento mundial pronosticado antes en 3 % para el 2020. Tal contracción correspondía ya a la pérdida de unos 77 mil millones de dólares americanos.

El daño a las principales economías – México solía estar entre las quince primeras – suponía una pérdida promedio del 2.4 % de su Producto Interno Bruto. Pero desde entonces la situación sólo ha empeorado y estos números con certeza serán más negativos de los previsto.

Los modelos matemáticos que intentan anticipar la propagación de la infección aún no logran establecer con suficiente certeza qué tiempo tomará vencer al virus. Podría ser que la crisis se prolongue hasta septiembre. O quizá nuestro infinitesimal invasor nos sorprenda de nuevo y oleadas posteriores de contagio terminen por postergar nuestra victoria hasta entrado el año próximo. En cualquier caso, su embate inicial nos ha orillado ya a cambiar nuestras prácticas habituales de socialización, pero también las laborales. Y luego del Covid-19 nada será igual.

La conversión tecnológica definitiva

La pandemia nos ha mostrado un mundo que sabíamos se aproximaba inexorablemente, automatizado, robotizado; en el que el humano descargaría las tareas difíciles, arduas, peligrosas, pesadas, en los brazos mecánicos de las máquinas y en la ubicuidad del Internet; en el que los humanos tendrían el control a distancia de los medios de producción y aprovecharían para dedicar su tiempo a la realización de actividades más creativas y a la toma de decisiones; pero en el que la drástica conversión traería la enorme resistencia entre los miles de millones de trabajadores menos calificados y por ello requeriría de tiempo para re-educar a las masas, entrenarlas y prepararlas para el nuevo escenario laboral y económico.

La intervención imprevista del Covid-19 acelerará este cambio y la humanidad difícilmente reculará una vez pasado el trance. Las nuevas herramientas tecnológicas están encontrando el momento oportuno para su incorporación definitiva en innumerables industrias en todo el orbe.

Sectores como la manufactura avanzada acelerarán su conversión y prescindirán de los vulnerables empleados tan pronto como les sea posible. Y hasta actividades como la comunicación habrán de ver modificadas sus acostumbradas prácticas. Será interesante atestiguar cuántos cambios tomados ante la contingencia presente, serán desarticulados luego de los meses de confinamiento, en los que la productividad del trabajador desde casa, muestren una mejor relación de costo-beneficio para las empresas.

Como en otros momentos de la historia, la pandemia del Covid-19 dejará un trauma profundo en los terrícolas, quienes se regenerarán y adaptarán al nuevo mundo, pero quizá ahora encapsulados al igual que los marcianos imaginados por Wells.

Lo anterior, dicho sin aberraciones.

Eric Rosas

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