Columna Invitada

Para los que quieran dejar la simulación y la complacencia – Pablo Antonio Sánchez Méndez

La pandemia por Covid19 ha hecho brotar en México variadas acciones en el campo de la educación que representan la preocupación social ante la contingencia: 1) la Secretaría de Educación Pública se ha organizado en sus diferentes niveles jerárquicos para ofrecer espacios de consulta gratuita en línea, utilizables en el confinamiento en casa, a los niños y jóvenes de preescolar, primaria y secundaria; 2) varias organizaciones están ofertando sus recursos virtuales donde pueden tomarse diferentes cursos para menguar las pérdidas de conocimientos por faltar a las escuelas; 3) los profesores están programando actividades para sus alumnos, y las comparten a través de celulares, tabletas o computadoras; y finalmente 4) los padres de familia están ayudando a sus hijos en casa en las actividades que los profesores les envían.

Para el ojo simple, esto significaría que nos hemos puesto en obra ante la contingencia, pero en una lectura más crítica, lo que se hace notorio es que la pandemia por Covid-19 ha dejado al descubierto deficiencias importantes en términos de formación académica en los estudiantes mexicanos de educación básica: si se hubiera implementado en las escuelas de nuestro país el planteamiento pedagógico que se impulsó desde 1992, consistente en abandonar prácticas docentes expositivas y memoristas, y la idea de que el alumno debe seguir ciegamente las instrucciones del profesor, y transitar hacia el desarrollo de clases que fomenten en el estudiante la capacidad de construir sus propios conocimientos; nuestros estudiantes de cualquier nivel educativo habrían desarrollado – entre otras habilidades y destrezas – la capacidad de buscar, seleccionar y utilizar información con distintos objetivos, incluido el de encontrar qué hacer mientras están en cuarentena por pandemia y no tendrían que esperar a que autoridades, maestros, padres de familia o instituciones varias les estuvieran “buscando información” para que se entretengan en casa con el disimulo de que eso es aprendizaje.

Si estos estudiantes estuvieran bien preparados tomarían esta contingencia con sabiduría, “preparados para la vida”, como dice uno de los ejes vertebrales del planteamiento de una escuela de calidad, dicho en planes y programas de estudio de preescolar, primaria y secundaria, pero la evidencia indica que no lo están, por eso estos alumnos requieren que haya alguien que les esté buscando qué aprender y les señale dónde lo encuentran. De estos hechos se derivan algunas preguntas retóricas: ¿entonces la educación que en la escuela ofrecemos, no está preparando para la vida a los estudiantes?, y de ser negativa la respuesta, entonces, ¿para qué sirve ir a la escuela?

Sin duda la aparición de esta pandemia nos otorga la oportunidad de analizar críticamente el modo en el que estamos haciendo la educación en México, y más importante: redireccionar nuestra metodología de enseñanza a fin de que el estudiante no requiera que alguien piense y decida por él, sino que desarrolle un pensamiento autónomo en su formación conforme al contexto en el que se encuentre. La pregunta para aplicar el cambio sería: ¿quiénes estamos dispuestos a dejar a un lado la simulación y la complacencia, y ver con ojo crítico y atrevido nuestro quehacer cotidiano? La decisión no debe ser a la ligera, sobre todo si entendemos que parte de este problema lo forman fenómenos muy complejos, como las dificultades que viven los profesores para dar clases no presenciales porque no están habituados; padres de familia que no están preparados académicamente para atender en casa a sus hijos de manera formativa y efectiva; y autoridades, como secretarios de educación, jefes de región, supervisores o directores de escuela que no pueden garantizar que los recursos humanos y materiales de que disponen generen este efecto deseado porque no pueden asistir a todas partes al mismo tiempo.

Finalmente, ocurre otra cuestión que agrava en mayor medida la situación: si los estudiantes de educación básica tienen estas deficiencias en su formación, ¿con qué carencias egresan los profesionales de nuestro país, si su formación incluye las competencias que lograron desarrollar en preescolar, primaria y secundaria?

Pablo Antonio Sánchez Méndez

Investigador independiente

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