Desde la UNAM

La lágrima curativa del superhéroe y el cáncer mamario – Dra. Evangelina Delgado-González y Dra. Carmen Aceves

En estos días de no salir de casa, en los que es inevitable ser alcanzado por información tanto útil como inútil en redes sociales, uno no puede evitar toparse con bromas que involucran héroes de películas, cuyas lágrimas curarían enfermedades de importancia mundial como el cáncer (“las lágrimas de Chuck Norris curarían el cáncer, pero éste no ha llorado nunca”). Esta enfermedad, cuyo estudio es labor de muchos investigadores, hace querer encontrar esa lágrima heroica que solucione ese problema de salud de alta incidencia.

El cáncer es un conjunto de enfermedades provocada por cambios irreversibles en genes clave (mutaciones) que desembocan en cambios en la identidad de las células (desdiferenciación), provocando desajustes en su proliferación, envío de señales para generar nuevos vasos sanguíneos (angiogénesis), después invadir otros tejidos y generar nuevos tumores (metástasis).

Para estudiar la manera en que las células cancerosas llevan a cabo estos mecanismos y el efecto de moléculas que puedan detenerlos, en el laboratorio de Metabolismo Energético del Instituto de Neurobiología de la UNAM Campus Juriquilla, las Dras. Carmen Aceves y Brenda Anguiano, con su equipo de trabajo, se han enfocado en trabajar con unas posibles lágrimas heroicas, que si bien no son las de Chuck Norris, sí se encuentran en la naturaleza y tienen efectos anticancerígenos: los compuestos yodados, principalmente el yodo molecular.

Los efectos anticancerígenos del yodo molecular

Si alguien escucha la palabra yodo, lo puede asociar con algún desinfectante (lugol), la sal yodatada (en forma de yoduro), o con las hormonas tiroideas (tiroxina, triyodotironina); sin embargo, es poco conocida la relación de esta palabra con el cáncer. En este laboratorio se estudian los mecanismos por los cuales el suplemento de este elemento tiene efectos antitumorales. Los primeros estudios realizados en ratas con tumores mamarios mostraron que al darles el yodo en el agua de beber, retrasaba la aparición y número de tumores, y dentro de la células activaba señales de arresto (detención del crecimiento celular), apoptosis (muerte), y disminución de angiogénesis (formación de vasos sanguíneos) generando un efecto antitumoral muy efectivo.

Con este antecedente, y al sugerir un rol del yodo deteniendo la promoción y progresión del cáncer, su nivel de análisis ha ido escalando, pues se ha explorado el papel del yodo como adyuvante en quimioterapia: la suplementación con yodo a ratas y perritas con cáncer mamario, además de ayudar en el efecto antitumoral (crecimiento del tumor), previene los efectos secundarios asociados a la quimioterapia como la pérdida de peso corporal, o el daño cardiaco. En líneas celulares humanas de este tipo de cáncer han encontrado que el yodo sensibiliza a las células quimiorresistentes a los efectos antiproliferativos de la doxorrubicina (quimioterapéutico de uso común en la clínica); es decir, células cancerosas que normalmente ya no responden a este fármaco, al ser tratadas con yodo, vuelven a ser sensibles a la terapia disminuyendo su proliferación.

El estudio piloto

Todos estos resultados en investigación preclínica permitieron proponer un protocolo para ser analizado en humanos. En colaboración con el sector Salud del Estado de Querétaro, se realizó un estudio piloto en mujeres con cáncer mamario temprano (estadio II) y avanzado (estadio III). Siguiendo estrictamente el esquema terapéutico médico, las mujeres tomaron el suplemento de yodo o placebo (agua con color) antes y después de la cirugía en combinación con la quimioterapia establecida. Se encontró que el tamaño de los tumores de las pacientes tratadas con yodo en ambos estadios disminuyó su tamaño (Figura 1), y los efectos secundarios de la quimioterapia fueron mucho menores.

Figura 1. La suplementación de yodo disminuye el crecimiento tumoral de pacientes con cáncer mamario en un estudio piloto realizado con mujeres en dos etapas distintas del cáncer. Modificado de Moreno-Vega et al., 2019 Nutrients11:E1623.

 

 

También se observó que en las mujeres con cáncer avanzado y que solo recibieron quimioterapia, 30% presentaron quimiorresistencia (no disminuyó el tamaño tumoral), lo cual es común en las estadísticas mundiales. En contraste, en las mujeres que recibieron el yodo, todos los tumores disminuyeron su tamaño, es decir el yodo canceló la quimiorresistencia. Además, el seguimiento a 5 años mostró que el suplemento de yodo durante el tratamiento alarga la vida libre de enfermedad de 60 % a 92% en este período.

A nivel molecular en los tumores, se encontró que el yodo restablece la expresión de genes asociados a respuesta inmune antitumoral, la cual se encuentra alterada en condiciones de cáncer. Esto abre más preguntas a resolver con respecto a la participación del yodo también a nivel de sistema inmune en múltiples enfermedades. Mientras tanto, en el laboratorio también se evalúan los efectos del yodo en otras patologías, como la hiperplasia prostática benigna, la fibrosis mamaria, el daño pancreático, el cáncer prostático, y cánceres infantiles como el neuroblastoma y las leucemias.

La evidencia benéfica que han proporcionado estos estudios han permitido obtener el registro de dos patentes nacionales y su uso como un suplemento alimenticio llamado Yodica (http://www.yodica.org). El público interesado puede ingresar a la página y conocer más sobre el uso y adquisición de este producto natural.

Todos estos resultados, desglosados de manera muy resumida, son producto de más de 15 años de trabajo, que en conjunto con el personal académico del laboratorio y numerosos estudiantes de pre y posgrado evidencian que el estudio esa “lágrima” de la naturaleza que es el yodo, es de gran importancia para el abordaje de un problema de salud mundial como es el cáncer.

Dra. Evangelina Delgado-González y Dra. Carmen Aceves

Investigadoras del Instituto de Neurobiología

Universidad Nacional Autónoma de México, Campus Juriquilla

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