Desde la UNAM

Vacunas: ¿cómo fue el inicio de esa arma poderosa? – Carlos Manuel Valdemar Aguilar

Las enfermedades y los humanos tienen una historia conjunta desde hace muchos años. Un testimonio de ello son las cicatrices de la viruela presentes en el rostro de faraones momificados, en guerras de conquista en América e incluso en pasajes de la Biblia. El faraón Ramsés V cuya muerte fue provocada por una enfermedad grave, fue registrada en 1157 A.C. a sus 30 años. La conquista del imperio Azteca sólo fue posible debido a que un esclavo africano proveniente de un viaje dirigido por Pánfilo Narváez (enviado a prevenir el monopolio de Cortés, se encargó de traer la infección, que se expandió por todo el continente Americano, eliminando al 90% de su población. Por último, la Biblia registra un pasaje (Job 2:7-8) donde el demonio rasguña a Job con una maldición de granos, que también lo podemos ver en el Éxodo (9:8-11) cuando Moisés castiga a los egipcios.

Esta enfermedad tenía diferentes nombres, pero el más dramático era “el Ángel de la Muerte”. Se trataba de una enfermedad devastadora que traía mutilaciones, ceguera, temor y aversión, y llevó a las personas a infligir una crueldad hacia los que estaban o estuvieron contagiados. La probabilidad de contagiarse de esta enfermedad, en aquella época, era de 30 % y, en general, la viruela mataba a 8 % de la población. En 1980, la Organización Mundial de la Salud declaró oficialmente erradicada esta enfermedad. ¿Cómo fue que nos liberamos de la viruela? La respuesta es simple: vacunas.

La variolizacion, predecesora de las vacunas

Al hablar de vacunas es importante mencionar a su predecesora, la variolización. Fue uno de los primeros pasos contra la viruela y fue uno de los primeros intentos para manipular el sistema inmunológico. La variolización consistía en recolectar pus o costras de la piel de una víctima de viruela, que se usaban en personas sanas que nunca habían tenido contacto con la enfermedad. Las ampollas eran pinchadas y su fluido se exprimía y se frotaba en la piel de la persona sana, a la cual se le había hecho una pequeña incisión. Pasó bastante tiempo antes de que esta idea fuera consideraba como peligrosa, ya que era la única arma que se tenía para liberar a la población de las cicatrices del “Ángel de la Muerte”. El procedimiento generaba una fiebre dolorosa acompañada de erupciones en la piel, capaces de liberar olores nauseabundos tan sólo al acostarse en una cama. Esto no duraba más de siete semanas, pero dejaba un trauma psicológico para la mayoría de las personas que lo vivían.

Una de las personas que, siendo niño, sufrió el horror de este proceso fue Edward Jenner. La historia dice que estudió para médico, y que había observado que las doncellas lecheras no presentaban esas marcas horribles de la viruela. Notó que la mayoría había presentado una infección causada por la viruela de las vacas, una enfermedad muy parecida a la viruela, pero mucho menos grave. En la actualidad, se sabe que la viruela del humano y de la vaca son causadas por virus de una misma familia, y comparten características importantes.
En aquel momento, no se conocían los microorganismos, pero en 1796 Jenner inoculó con virus de la vaca a un niño de ocho años llamado James Phibbs. Utilizó el fluído de las ampollas de la mano de una lechera llamada Sarah Nelmes, que había contraído la viruela de las vacas. Phibbs sufrió una reacción local y se sintió mal durante algunos días, pero se recuperó totalmente. Días después, Jenner tomó ahora fluído de una ampolla de viruela (humana) y lo inoculó al joven Phibbs para ver si se mantenía sano. El resultado fue positivo; Phibbs no sufrió de viruela y Jenner publicó sus resultados.

Así fue como ocurrió el nacimiento de las vacunas y también de la inmunología, pero ¿cómo funcionan las vacunas? Consideremos al sistema inmunológico como un ejército formado por células, programadas para abatir a cualquier invasor y a cualquier célula desafortunada que pueda esconder un invasor. En una infección natural, la carrera del invasor para vencer y la lucha frenética para detener al invasor se encuentran en una balanza que puede inclinarse a cualquier lado. Con las vacunas, en cambio, las células encargadas de acabar con un patógeno se programan con anticipación, es decir que el individuo llevará una ventaja al momento de ser infectado.

En la actualidad se ha generado un gran interés en el desarrollo de nuevas y mejores vacunas para el control de enfermedades que siguen afectado a la población. La aparición de nuevas enfermedades infecciosas no requiere una intención malévola, puede surgir por circunstancias naturales y no naturales. Cada vez se conoce más sobre el funcionamiento del sistema inmune y más sobre la biología de muchos patógenos, con lo que las estrategias para vacunar podrán ser todavía más seguras en un futuro. Es por eso que la frase de Bill Gates tiene mucho sentido “es útil comparar nuestra preparación para epidemias con nuestra preparación para la guerra”.

En el Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada utilizamos la nanomedicina para desarrollar vacunas que sean capaces de despertar al sistema inmunológico, pero sin inocular microbios o virus que pudieran estar fuera de control. La estrategia que abordamos es el desarrollo de partículas tipo “caballo de Troya”, que mimeticen a algún patógeno y puedan desencadenar la respuesta de nuestro arsenal inmunológico, pero sin peligro.

 

Carlos Manuel Valdemar Aguilar

Doctorante de Ciencias Biomédicas

Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada

Universidad Nacional Autónoma de México, Campus Juriquilla

 

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