Columna Invitada

Un efecto irreversible – Fabián Camacho

Hace casi 28 años el politólogo estadounidense de origen japonés Francis Fukuyama publicaba su polémico ensayo “El Fin de la Historia”. En él exponía su idea de que la historia del mundo se había agotado por el triunfo del liberalismo económico y político, por encima de otras ideologías. Hoy esta idea liberal puede estar a debate. Pero lo importante es que nos da pie a preguntarnos si de alguna forma estaremos viviendo el fin de la historia, al menos la que conocemos.

El economista ruso Nicolai Kondratiev pudiera brindarnos pistas para una respuesta a esta inquietante pregunta.A principios de 1900 formuló la teoría del ciclo económico largo. En este ciclo se alternan curvas de alto crecimiento económico y otras de bajo crecimiento, precisamente las crisis. El ciclo económico largo duraría, según Kondratiev, entre 47 y 60 años.

Con base en su teoría, hubo académicos que en tiempos más recientes ubicaron que iniciaba un nuevo ciclo después de la segunda guerra mundial, y para ser más precisos, en 1968, año de revoluciones culturales en todo el mundo. Si contamos cincuenta años a partir de ahí, estamos llegando al 2018. Años más o años menos es nuestro presente.

Podemos darle o no validez a esta interpretación. Lo que sí nos dice el enfoque de los ciclos de Kodratieves que en estos años que vivimos se cierra un ciclo. Quizás solo económico, o quién sabe, igual también de otra escala.

Pero entonces, ¿será este el fin de un ciclo de la historia?  No lo sé. Lo que sí sé es que con la pandemia que recientemente vivimos debido al SARS COV2, o mejor conocido como el coronavirus, estamos viviendo una crisis profunda en todo el mundo y a diversas escalas.

Una crisis sanitaria por la incapacidad de los sistemas de salud a dar respuesta y atención a quienes se contagian por este virus.Una crisis económica, porque quedarse en casa, no salir y tener miedo frena la producción, el consumo, el gasto, y a la economía en general. También estamos viviendo una crisis social; es decir, cambios inesperados en las formas de relacionarnos, de interactuar y de pensar nuestro bienestar.

Y bien dicen que lo peor de una crisis es no reconocerla. Y aunque son muchos los factores que conlleva una situación como la actual, podemos resumir en tres sentencias lo que podemos esperar del momento que hoy vivimos.

Nada volverá a ser igual a como era antes. El impacto mundial de la pandemia; la parálisis económica; nuestra cercanía con la muerte; y el cambio drástico en nuestros hábitos sin duda son factores que en combinación derivarán en una sociedad diferente a la que conocíamos antes de Covid-19.

Además, hoy las estructuras gubernamentales están viéndose cimbradas. Con poco margen de maniobra, con pocos recursos y con pocas alternativaspara garantizarle a sus gobernados bienestar y prosperidad.

Lo mismo sucede con las estructuras económicas. Las grandes empresas están padeciendo la parálisis, el consumo irracional y sus pesados andamiajes. Muchas no alcanzarán a trascender estos tiempos. Otras lo harán asumiendo costos de no haber sido responsables con sus colaboradores. Y otras tantas emergerán desde un esquema más local y cooperativo.

Es importante irlo reconociendo y comenzar a tener flexibilidad para ajustarnos a lo nuevo que vendrá.

Por otro lado, nadie sabe cómo será ni cuándo llegará la nueva realidad. En los últimos días, seguro hemos estado consultado a expertos en economía, en gobiernos o en escenariosfuturos para saber cuándo terminará esta fase epidemiológica.

A ciencia cierta, las respuestas son más cercanas a una narrativa de ciencia ficción.Porque nadie sabe cómo será. Es más, los epidemiólogos que llevan el análisis de la curva de contagios reconocen que las tres fases son inevitables. Pero desconocen en qué magnitud se darán y cuánto durará.

Por ello, aun no es conveniente pronosticar ni planificar a mediano, ni mucho menos a largo plazo.

Finalmente, es importante saber que lo que hagamos hoy y ahora va a construir lo que vendrá. Esta crisis es global.No está distinguiendo raza, posición económica, nacionalidad ni género.A todas y todos nos está poniendo en igualdad de circunstancias.Todas y todos, a partir de ahora, estamos en la misma meta de salida.

Es por ello que estoy convencido que la historia de la postcrisis comienza a escribirse hoy.

Un buen amigo me invitaba a mantener atención sobre cómo se van moviendo los mercados para saber dónde aprovechar oportunidades y poder configurar nuevos negocios. Sin duda, habrá que estar atento de ello y de otras cosas. Pero lo relevante es que hoy más que en otros tiempos la historia se construye aquí, contigo y conmigo imaginando, pensando y haciendo.

Es cierto, no pequemos de ilusos imaginando que se han desmoronado las estructuras que mantienen nuestros problemas sociales. Lo que sí es cierto es que están cimbradas. Con grietas. Siendo así, ¿no será hoy el claro momento y la clara oportunidad que estábamos esperando para promover esa realidad que queremos?

Fabián Camacho

Vocero de REMEDIOSMX

@fabianentuiter

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