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Para Alicia, trabajadora sexual, quedarse en casa no es opción, pues tiene que mantener a sus hijos

Reportaje: Patricia López Núñez/EnLaLupa.com

Alicia permaneció en la calle Cuauhtémoc casi 10 horas en espera de que algún cliente apareciera. Desde hace algunas semanas, si tiene suerte, apenas da “un servicio” por día. El coronavirus disminuyó la actividad para las trabajadoras sexuales y muchas tienen hijos qué mantener, pero algunos días regresan a su casa sin dinero o con muy poco, porque los clientes que llegan regatean el precio. “Es que las cosas andan muy mal”.

Es una de las alrededor de 10 mil 600 trabajadoras sexuales que laboran en el estado, cerca de 5 mil de ellas en el municipio de Querétaro. Aunque tiene hipertensión y eso la hace vulnerable ante el Covid-19, Alicia no puede usar un cubrebocas ni tomar otras medidas preventivas porque “nadie se acercaría, dirían: no, pues menos, tú estás enferma y menos trabajo tengo”.

Sin seguridad social, ni ingresos fijos, Alicia confía en el “negocio” que montan sus tres hijos afuera de su casa, donde venden ropa usada que otras personas le regalan. Viven comiendo frijol, sopas y nopales, pero a veces no alcanza para ella y tiene que aguantarse todo el día sin comer mientras espera en la calle.

“Soy hipertensa y sí sé que nos da más fuerte el virus, que es más fácil enfermarnos, pero sólo me encomiendo a Dios cuando salgo de la casa. No puedo hacer más ni dejar a mis hijos sin comer, ¿qué más podría hacer si son mi responsabilidad?”, se pregunta mientras va de regreso a casa.

“Los clientes no quieren pagar y hay que aceptar el regateo”

Alicia tiene 47 años de edad y se dedica al trabajo sexual desde hace 20 años. Desde hace más de dos meses, el trabajo empezó a bajar y hacía dos o tres servicios por día, pero desde hace unas semanas, si tiene suerte, puede hacer un servicio.

Este fue un día de suerte, pero el cliente no quiso pagar los 250 que cobra Alicia más 50 del cuarto. Solo quiso pagar 150 y 50 del cuarto, “así luego regatean, es muy poco, pero yo tengo que darle de comer a mis hijos, tienen 16, 12 y 10 años y son responsabilidad”.

Las dos niñas más grandes saben que Alicia se dedica al trabajo sexual y son ellas quienes ponen el negocio de venta de ropa usada afuera de la casa y a veces tampoco venden. El niño más pequeño sólo sabe que su mamá sale muy temprano a trabajar todos los días para para juntar los 2 mil pesos de renta mensuales y que descansa los domingos.

“Me levanto todos los días con el favor de Dios a las 6 de la mañana, me baño y voy saliendo como a las 7, 7:30 de la casa, a veces ni siquiera me despido de mis hijos porque están dormidos y voy esperando que Dios me dé algo para que coman los tres, aunque a veces no alcance yo. Llego a Cuauhtémoc y ahí me quedo todo el día, hasta las 7 de la tarde, con la esperanza de que llegue alguien”, dice.

Las otras dos hijas mayores de Alicia tampoco pueden ayudarla, porque formaron sus propias familias. “A veces no como, a veces cuando hay poquito más en la casa, me traigo algo de comida que sobra, si no, pues hasta la noche, algún taco con mis hijos si todavía hay”, explica.

Su familia se alimenta de sopa, tortillas, nopales, frijoles y huevo, pero el huevo ya está muy caro y ni sueña por ahora con comprar carne. “¿De dónde? Vivimos con menos de 500 pesos a la semana, si nos va bien”, así que vuelve todos los días a la calle de Cuauhtémoc, en el centro de la ciudad, donde se encuentran las trabajadoras sexuales de mayor edad y las casas rentan cuartos baratos.

Sin acercamiento ni apoyos, denuncian trabajadoras

La líder de la organización Mujer Libertad, Mónica Mendoza, estima que en todo el territorio estatal hay alrededor de 10 mil 600 trabajadoras sexuales, 5 mil de estas personas laboran en el municipio de Querétaro. De todas ellas, apenas 3 mil tienen un convenio para pagar su Seguro Social, pero todas deben salir diario a trabajar, sin importar la contingencia de salud que vive el país.

“Nosotras vivimos al día, tenemos que salir a trabajar. Vamos con todas las precauciones para que no vaya a pasar nada, porque no todas cuentan con seguro social y ahorita no hay trabajo, hasta en 98% bajó el trabajo estos días, no hay trabajo”, denunció Mónica.

Para la lideresa de Mujer Libertad no hay de otra más que seguir “como dije el dicho, hay que apechugar, si no te sale, hay que chingarse para sacar adelante a los chamacos y todas nos concentramos para sacar adelante la vida, porque los gastos siguen”.

Lo más lamentable, dijo, es que ninguna autoridad se acercó con estas trabajadoras para explicarles las medidas que deben tomar para evitar los contagios, ni para brindarles alguna ayuda para hacerle frente a la situación que se vive en México, aunque “es obligación de las autoridades”.

Aunque ya tenían muchas semanas mal, el trabajo casi desapareció desde que se iniciaron las medidas para prevenir el cuidado del coronavirus. Para las mujeres que tienen más años, la situación es todavía peor, pero siguen trabajando “porque tienen responsabilidades, todas tenemos deudas y compromisos qué pagar. Dejar de trabajar, para nosotras, es impensable, hay que comer”.

La mayor parte de las trabajadoras sexuales provienen de otros estados, “es gente que va y viene”, sobre todo de zonas cercanas, como Guanajuato, Hidalgo y Estado de México. Hasta ahorita ninguna reporta que se sienta mal o que tenga síntomas del coronavirus y entre todas están muy pendientes por si es necesario realizar algún acompañamiento.

“Nos quedamos a la voluntad de Dios”

Originaria de Jalisco, Alicia se fue a vivir a Puebla con su pareja, pero se separaron y tres meses después, él le quitó a su hija mayor, que entonces tenía 9 años. Alicia encontró a un hombre que le contó de este trabajo y que así podía ganar dinero rápido para recuperar a su niña. “Nunca me dijo que él manejaba a muchas mujeres como a mí, que nos estafaba. Era un padrote y me dejó sin nada”.

Él la trajo a Querétaro, a veces la dejaba sola y nada más se llevaba el dinero. Un año después de estar así, “estafada”, ella “se le escondió”. Ya sola, pudo ahorrar dinero, le pagó a un abogado y recuperó a su niña mayor. “Me la traje. Además, su papá tomaba mucho y se lo dije al licenciado, lo pagué con mi dinero y me la traje, mi hija tiene 30 años ya, ya tiene su familia”, dice.

Hoy no gana tanto como hace años  y aunque escucha en todos lados que debe quedarse en casa para evitar contagiarse del coronavirus, “no me queda otra más que quedarme a la voluntad de Dios. Cuando no estoy trabajando ya no salgo a la calle, pero no puedo dejar de trabajar”.

“Si me pongo un cubrebocas nadie se acercaría, dirían: no, pues menos, tú estás enferma y menos trabajo tengo. En el camión sí me limpio las manos, sí me cuido. Soy hipertensa y sí sé que nos da más fuerte el virus, que es más fácil enfermarnos, pero sólo me encomiendo a Dios cuando salgo de la casa”, explica.

En la Ciudad de México, diversas organizaciones civiles iniciaron la campaña Haciendo Calle, para entregar apoyos alimentarios y dinero a las trabajadoras sexuales, a partir de que disminuyó su actividad. La campaña de recolección inició hace unas semanas y se han entregado paquetes de apoyo, sobre todo para las mujeres adultas mayores.

En Querétaro todavía no hay algo así, por lo que las trabajadoras sexuales salen a diario a la calle. Si se enferma, Alicia no tiene forma de atenderse, tenía Seguro Popular, “pero lo desaparecieron y ya no tengo nada”, así que le gustaría recibir algo de apoyo, “al menos para comer” y no le queda de otra más que esperar que la situación mejore.

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