Luis Tamayo Pérez - Ecosofia

Sólo unidos resolveremos la crisis – Luis Tamayo Pérez

“Cuando la gente habla sobre cuándo las cosas volverán a la normalidad,

debemos recordar que la normalidad era la crisis […] ¿Es normal que Australia ardiera hace un par de meses?

¿Es normal que el Amazonas ardiera un par de meses antes? […] Lo normal es mortal.

La ‘normalidad’ es una inmensa crisis. Necesitamos catalizar una transformación masiva

hacia una economía basada en la protección de la vida”.

Naomi Klein[1]

Hace ya casi tres décadas, me permití publicar un breve ensayo titulado “La función enemigo” en el cual, a partir de las tesis de Nietzsche, Hume y Freud, mostraba que aquél a quién se denomina “enemigo” no es sino otro mí mismo, una imagen especular.[2] Afirmaba también que, si el punto de vista del enemigo es escuchado de manera atenta, puede convertirse en un estupendo apoyo para la mejora personal y social. Desconocer tal verdad hace, como bien indica Freud, a las personas y sociedades liarse en conflictos absurdos e interminables:

De acuerdo con el testimonio del psicoanálisis, casi toda relación afectiva íntima y prolongada entre dos personas «matrimonio, amistad, relaciones entre padres e hijos» contiene un sedimento de sentimientos de desautorización y de hostilidad que sólo en virtud de la represión no es percibido. Está menos encubierto en las cofradías, donde cada miembro disputa con los otros y cada subordinado murmura de su superior. Y esto mismo acontece cuando los hombres se reúnen en unidades mayores. Toda vez que dos familias se alían por matrimonio, cada una se juzga la mejor o la más aristocrática, a expensas de la otra. Dos ciudades vecinas tratarán de perjudicarse mutuamente en la competencia; todo pequeño cantón desprecia a los demás. Pueblos emparentados se repelen, los alemanes del Sur no soportan a los del Norte, los ingleses abominan de los escoceses, los españoles desdeñan a los portugueses.[3]

Sólo a partir de la apreciación de que “el otro no me es ajeno”,[4] de que el “enemigo” no es sino “un opositor que me obliga a formular con claridad mis planteamientos, que me exige precisión y reconocimiento de mis límites”, es decir, si le damos su valor e importancia, se puede establecer con él un muy fructífero intercambio de ideas. Pues el enemigo al atacarnos nos ofrece el mayor regalo que puede darse a otro: su propia experiencia del mundo.

Al tomar en serio nuestras ideas, estudiarlas y, para refutarlas, buscarles cuidadosamente el punto flaco, no hace otra cosa que regalar su propia experiencia. Por ello, al tomar en cuenta las tesis del enemigo, nuestros planteamientos no pueden sino enriquecerse, pues entonces portan, también, su propia experiencia del mundo.

De la división de México

La crisis generada por el coronavirus está peligrosamente acentuando la división de la nación mexicana. Actualmente presenciamos un acelerado proceso de polarización. Este implica varios actores:

  • En un extremo, tenemos al “pueblo bueno” –los pobres o “chairos”—, tal y como lo denomina Andrés Manuel López Obrador (AMLO), un grupo dependiente del Estado y que sobrevive gracias a las dádivas que el gobierno le entrega.
  • En el otro extremo, tenemos a los denominados por AMLO como los “fifís”, cierta pequeña burguesía mexicana compuesta por pequeños y medianos empresarios que han visto su capital mermarse durante la crisis en la cual ha estado envuelta la nación desde el inicio de la actual administración y que se ha agravado por el confinamiento necesario para evitar la propagación del virus.
  • En tercer lugar, tenemos al Ejecutivo federal. Para nadie es extraño el protagonismo del presidente de México. Varias de sus ocurrencias, presentadas en sus conferencias mañaneras, le han valido una pérdida del apoyo de una parte de la ciudadanía: su vergonzosa ocurrencia de rifar el avión presidencial; su obcecada idea de construir una refinería de petróleo cuando lo mejor del mundo avanza en la promoción de las energías renovables; su visible alianza con personajes tan cuestionables como la mamá del Chapo; su irresponsable calificación de “gripita” de la Covid-19 y su ninguneo de las normas de conducta básicas para mitigar la pandemia –lo cual permitió a la prensa ya no nacional sino mundial equipararlo ¡con Bolsonaro y Trump!—; su indicación de que la pandemia podía detenerse con estampitas religiosas o su vergonzosa alianza con el impresentable presidente de los Estados Unidos en múltiples asuntos, entre muchas otras ocurrencias, le han restado importante aceptación social. Y, por último, no puedo no referir algo muy cuestionable: su tendencia a calificar como “fifís” (“empresarios fifís”, “prensa fifí”) a todos aquellos que no piensan como él. Esa lógica paranoide, propia de las naciones en guerra o la peor lucha política, esa lógica del “o estás conmigo o estás contra mí”, sólo divide al país en incondicionales (esclavos) y opositores (rebeldes).
    De un verdadero mandatario de todos los mexicanos no se espera tal actitud paranoide sino la de alguien capaz de escuchar las razones de sus opositores (esos que al principio denominamos como “enemigos”) para aprender de ellos la verdad y experiencia de vida que portan.

Afortunadamente, como en todos los gobiernos de México, las administraciones son mucho más que el presidente de la república. Su vocero ante la crisis sanitaria, Hugo López Gatell, salvo puntuales –y vergonzosas— declaraciones,[5] ha actuado responsablemente con la ciudadanía. Otras acciones son también muy loables, como la nueva Ley de etiquetado de los productos que ha aprobado el gobierno mexicano, evitará muchas muertes prematuras gracias a que la ciudadanía podrá reconocer claramente a la comida chatarra; o la lucha abierta contra los actos de corrupción[6] puede llegar a cambiar el perfil del país; o la defensa del maíz mexicano ante los transgénicos, así como otros proyectos presentados por el Conacyt avanzan en la dirección de construir un mejor y más justo país y muestran que, a pesar de la crisis económica que ha acompañado a la actual administración, el país mejora.

Hugo López Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud.

Sin embargo, el sector de los pequeños y medianos empresarios que ha visto reducir sus ingresos está organizando un frente anti-AMLO que no me extrañaría plantease que lo único que puede evitar que México se convierta en otra “república bolivariana” u otra Cuba, es un shock, como el que se aplicó en Chile, Argentina y Brasil en los años 70 del siglo pasado.

Ese procedimiento lo describe con mucho detalle Naomi Klein en su libro La doctrina del shock (2008) y consiste en aprovechar –o producir— una crisis (un shock) para lograr establecer el modelo económico neoliberal propuesto por Milton Friedman.

Ese procedimiento fue aplicado como una reacción a las propuestas keynesianas de Estado benefactor desarrolladas en los Estados Unidos para salir de la crisis de 1930, por las socialdemocracias europeas de la posguerra, así como por la América Latina de los años 50 y 60 del siglo pasado –cuando ocurrió, por ejemplo, el “milagro mexicano”, o cuando Uruguay fue denominado “la Suiza de América”.

Naomi Klein presenta, con datos muy precisos, la manera cómo la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, asociada a la oligarquía chilena que perdió canonjías durante el gobierno de Salvador Allende, utilizó a la milicia chilena no sólo para derrocar a un presidente electo democráticamente sino para, de la mano de economistas formados en la escuela de Chicago de Milton Friedman, instaurar el “capitalismo del desastre”, una doctrina cuyo objeto es desmantelar el Estado benefactor en pro de la economía de mercado desregulada y neoliberal. Para Naomi Klein, el “capitalismo del desastre”, aplicado no sólo en Chile sino también en Argentina, Brasil, Polonia, Rusia y Sudáfrica, entre otras naciones, sostiene que, en toda crisis, sea natural o social, es posible encontrar una oportunidad. Para Friedman es válido aprovechar tales crisis para promover reformas económico-sociales que promuevan la minimización del Estado en pro de un libre mercado desregulado y donde las grandes corporaciones reinen.

Naomi Klein, periodista y escritora canadiense.

El Frente Nacional (Frena)

Sabemos bien que, desde hace meses, se está organizando un Frente Nacional contra AMLO. Este fenómeno no tiene por qué extrañarnos. Toda acción genera, tal y como señaló Newton, una reacción de sentido opuesto. El compromiso con los pobres y la lucha contra la corrupción, la impunidad y el neoliberalismo realizada por la administración de AMLO, necesariamente, lo opuso a todos los que se enriquecían gracias al modelo neoliberal anterior, desde políticos hasta empresarios. La tregua que AMLO estableció con los políticos y grandes empresarios al inicio de su mandato permitió un año de relativa calma, pero los medianos y pequeños empresarios, que nunca acabaron de apoyarle, aprovechan la crisis actual para organizarse y destituirlo… y la masa de desempleados que el coronavirus generará —y ya alcanzó a un importante porcentaje de la población económicamente activa— es posible que se les sume.

La naturaleza del Frena, por experiencia, ya la conocemos: es un movimiento anti-x, como cuando las fuerzas del PAN convencieron al grueso de la población mexicana de ser anti-PRI para “sacar al PRI de Los Pinos”. Y lo lograron. Sabemos bien, y también por experiencia, que la elección de Vicente Fox sólo fue un cambio gatopardista que no sirvió sino para que otros dirigentes ocuparan los puestos anteriores y el grueso del pueblo mexicano siguiese igual de abandonado.

En el México de Fox, a pesar de un muy importante auge petrolero, la pobreza continuó creciendo y la educación y la industria no mejoraron. Mientras tanto los hijos de su esposa Martha Sahagún hicieron su agosto con sus “Casas Geo” y demás “desarrollos inmobiliarios”. Durante los doce años del gobierno del PAN, el país volvió al mismo esquema corrupto que tenía cuando el PRI gobernaba. El PAN solamente recrudeció el mismo modelo neoliberal –privatizó las paraestatales que quedaban y continuó reduciendo al Estado— que se implementó desde los gobiernos de Miguel de la Madrid y, sobre todo, Carlos Salinas de Gortari. Y el PAN no dejó el poder fácilmente. En el 2006 impusieron a Felipe Calderón, el cual no sólo impulsó a la depredadora minería de tajo abierto en México (y que condujo a que actualmente el 25% del suelo de la nación esté concesionado a empresas mineras, en su mayoría canadienses), sino que su impericia nos regaló una guerra contra el narco que aún sigue generando, anualmente, miles de muertes a lo largo y ancho de la nación.

La ideología del Frena, además, es claramente de derecha. Esto es evidente: ¿dirigen sus baterías contra Trump, en tanto aliado de AMLO, por su abierto desprecio por los mexicanos? ¿O señalan la vergonzosa actitud de Trump contra el Acuerdo de París en pro del medioambiente de todos o sus acciones contra la Organización Mundial de la Salud? ¡No! A los ideólogos de Frena sólo les preocupa que México admita a los refugiados centroamericanos[7] o que se convierta al “socialismo”, ¡como si AMLO impulsase una revolución como hicieron Lenin o Fidel Castro![8]

La ideología de Frena es claramente neoliberal y no debemos nunca olvidar las consecuencias de tal modelo económico social. Como bien indica el Dr. Jorge Riechmann, catedrático de Filosofía Moral de la Universidad Autónoma de Madrid:

Esta guerra de los ricos contra el mundo llamada neoliberalismo prosigue básicamente sin control. Sus tres grandes líneas políticas –privatización del sector público, desregulación de los mercados y distribución regresiva de la renta (con el recorte del gasto social y el desmantelamiento de la fiscalidad progresiva)— siguen hoy marcando una supuesta “salida de la crisis” cuya destructividad parece que no acabamos de calibrar.”[9]

No olvidemos tampoco que en los años en los que el PAN estuvo en el poder en México se implementó también la peor ideología cristiana, esa que obliga a “tener todos los hijos que Dios me dé” o esa que pretende arrebatar a la educación pública su carácter laico. Al respecto no podemos olvidar que, recientemente, Vicente Fox dijo que la disminución de los casos de coronavirus ocurrida en los días pasados “fue gracias a la oración del Papa”.[10]

Por un México unido

Sería estupendo que los empresarios de nuestro país fuesen escuchados por el gobierno de AMLO y éste permitiese que le corrigiesen el rumbo: que no es buena idea simplemente regalar dinero a los históricamente desfavorecidos (viejecitos y ninis) pues ello contradice el principio de, al pobre, “no dar pescado sino enseñarle a pescar”. Regalar dinero a los pobres sólo eterniza la pobreza.

AMLO también comete un error al asumir que todo el pueblo es, necesariamente, “bueno”. Olvida que en tal “pueblo bueno” también se encuentra el lumpenproletariado es decir, los pequeños narcos, los criminales e incluso los oligofrénicos capaces de cometer las peores fechorías simplemente para obtener la aprobación de su líder.[11] Ese lumpenproletariado lo abandonará a la primera oportunidad. Como consecuencia de la crisis económica que generará la Covid-19 también lo abandonarán otros pobres, cuando lo que les regala ya no les alcance para alimentar a su creciente prole.

Si la administración de AMLO pretende verdaderamente erradicar la pobreza no puede sino “enseñar a pescar” a los pobres en vez de darles dádivas, es decir, formarlos en el establecimiento de negocios útiles y, por ende, exitosos.

El movimiento del Frena es claramente fascista. La posición de su portavoz, Gilberto Lozano—un exfuncionario del expresidente Fox que se hizo famoso en noviembre del año pasado por presentar una carta que solicitaba a la 8va Zona Militar de México, con sede en Tampico, que realizaran ¡un golpe de estado contra AMLO![12]—, sólo le permite lanzar continuos vituperios y oponerse a todo lo que AMLO propone. Frena pretende que AMLO sea juzgado políticamente y retirado anticipadamente del cargo, olvidando que fue elegido democráticamente y, a pesar de todo, sigue contando con un muy importante apoyo popular.

Gilberto Lozano.

Los integrantes del Frena no se dan cuenta de que al oponerse a AMLO también lo hacen a todos los ciudadanos que lo defienden.

Es muy claro que lo que el Frena pretende, es volver al México autoritario de Díaz Ordaz –cuando veían comunistas en cualquier opositor— o al Chile de ahora, es decir, a un país donde los ricos son cada vez más ricos, el gobierno se achica y, por ende, el gasto social (educación, salud, seguridad) es cada vez más pequeño; al México persecutorio y mcartista[13] así como “maquilador” y condenado a ser el patio trasero de los Estados Unidos, un México que permite a las grandes corporaciones, y familias mexicanas asociadas a ellas, enriquecerse, manteniendo a la enorme mayoría de los mexicanos sobreviviendo con salarios mínimos ridículos aunque, claro, con “variables macroeconómicas sanas”.

Conclusiones

No se requiere demasiada inteligencia para darse cuenta de que ni el AMLO faraónico (pues con sus dádivas sólo eterniza la pobreza y el capital que guarda para su refinería, aeropuerto y tren podrían usarse para mejores y más democráticos proyectos) ni el Frena mezquino (pues sólo están interesados en volver a una “normalidad” donde las corporaciones los enriquecían, manteniendo con salarios de hambre a los trabajadores y, al mismo tiempo, acabando con los recursos de la tierra) avanzan en la dirección de una nación justa y próspera.

Desde mi punto de vista, lo que verdaderamente permitiría avanzar a la nación no pasa ni por el paternalismo de AMLO ni por el fascismo del Frena sino, como indicamos en la entrega anterior, por el camino del cambio de modelo civilizatorio hacia la máxima autonomía en las cuestiones básicas: alimentación, agua, energía, movilidad y conservación de los recursos naturales.

Desde mi punto de vista sólo unidos podremos salir airosos de la crisis: gracias a un gobierno que lo sea para todos los mexicanos y que escuche y valore la pertinencia de las críticas y propuestas de los disidentes; gracias a unos empresarios dispuestos a invertir en el país donde vivirán sus hijos y nietos; y gracias a unos ciudadanos dispuestos a esforzarse para salir de la pobreza.

Es evidente que, para lograr estas metas, se requiere exactamente lo contrario a lo que el neoliberalismo propone, es decir, se necesita de un gobierno fuerte y un empresariado nacionalista y solidario, capaz de financiar muchos proyectos de incubación microempresarial donde los ciudadanos actualmente empobrecidos se conviertan en nuevos empresarios o en los empleados de tales proyectos productivos.

Esta crisis también nos ha enseñado cuáles deben ser los proyectos prioritarios, es decir, aquellos que conduzcan a la nación por el camino de la máxima autonomía: autosuficiencia energética, autonomía en movilidad, en agua, en la producción de alimentos de calidad y en el cuidado de los recursos naturales.

México es capaz de realizar una reconversión socio industrial donde:

  • En vez de maquilar los contaminantes, ineficientes y peligrosos automóviles con motores de combustión interna, produzca bicis eléctricas y vehículos biohíbridos eléctrico-metabólicos que los sustituyan;
  • En vez de maquilar comida chatarra, llena de azúcar, gluten, antibióticos y hormonas, genere, mediante agricultura orgánica y acuaponía, peces y hortalizas de primera calidad, sin pesticidas ni fertilizantes químicos;
  • En vez de sobreexplotar los mantos freáticos y contaminar los cuerpos superficiales de agua, capte las aguas pluviales y reutilice las aguas grises;
  • En vez de que las ciudades crezcan sobre las zonas agrícolas o naturales, lo hagan al interior, con edificios equipados con celdas fotovoltaicas, azoteas verdes y demás tecnologías ecoeficientes;
  • En vez de permitir que las corporaciones contaminen agua, tierra y suelo, las regule y obligue a conservar prístina la naturaleza.

La crisis generada por la Covid-19 es un llamado de atención, un grito que nos conmina a cambiar el rumbo por el que llevábamos nuestra nación, nuestro planeta. ¿Es un sueño pensar que AMLO renunciará a sus proyectos faraónicos y que los partidos políticos donarán sus presupuestos para que podamos afrontar el problema? De esta crisis, sólo verdaderamente unidos podremos salir avante.

Luis Tamayo Pérez

 

 

 

 

 

[1] El país, Baltasar Daza, 7 ABR 2020. Naomi Klein y el regreso a la normalidad: “Debemos recordar que la normalidad era la crisis”:

https://www.latercera.com/culto/2020/04/08/naomi-klein-y-el-regreso-a-la-normalidad-debemos-recordar-que-la-normalidad-era-la-crisis/

[2] https://www.academia.edu/42766919/Tamayo_La_función_enemigo_Cartapsi

[3] Freud, S., «Psicología de las masas y análisis del yo» en Obras completas, Vol. XVIII, Amorrortu, Bs. As., 1976, p. 96.

[4] Cuestión que ya decía Terencio con su “Humani nihil a se alienum putat”, es decir, que todo ser humano consciente no puede sino reconocer que “nada de lo humano le es ajeno”.

[5] “La fuerza del presidente no es de contagio sino moral”… ¿Para qué habrá dicho el Dr. López Gatell algo tan absurdo? ¿Para qué justificar las acciones de AMLO totalmente contrarias a lo que él mismo recomendaba? Estas declaraciones parecen ser una triste prueba de la manera como la lógica paranoide puede convertir a subordinados antes respetables en incondicionales. Hace también dudar a todos de la fiabilidad de sus cifras. Espero sinceramente que algún día el Dr. López Gatell corrija tales expresiones.

[6] Salvo los acuerdos políticos que evidentemente AMLO tuvo que suscribir para que le permitiesen asumir la presidencia.

[7] Lo cual no puede dejar de recordarnos a los dictatoriales gobernantes actuales de Hungría y Polonia.

[8] Los que esto sostienen olvidan que cuando Cuba o la URSS, accedieron al poder fue mediante una revolución armada. Y AMLO, lo ha dicho y reiterado, prefiere los abrazos a los balazos. Olvidan también que, en el momento inicial, tales revoluciones tuvieron un muy importante apoyo popular y que, al menos en lo que compete a las revoluciones soviética y cubana, los logros iniciales fueron simplemente impresionantes: abatimiento del hambre y el analfabetismo, elevado desarrollo industrial en la URSS, elevado desarrollo cultural en Cuba. Incluso la “Revolución bolivariana” de Chávez tuvo, al principio, sus días buenos. La degradación fue posterior.

[9] Riechmann, J. (2016), Ética extratramuros, Ediciones UAM, Madrid, p. 53.

[10] https://www.eluniversal.com.mx/nacion/fox-asocia-plegaria-del-papa-con-disminucion-de-casos-de-coronavirus

[11] Eso que, Hannah Arendt denominaba “la banalidad del mal”.

[12] https://www.radioformula.com.mx/noticias/20191114/traidor-de-la-patria-tuiteros-se-abalanzan-contra-gilberto-lozano-por-golpe-contra-amlo/

[13] El discurso de odio del Sr. Lozano cuando presentó su demanda contra AMLO ante la Cámara de Diputados no pudo sino recordarme las alucinadas declaraciones del senador Joseph MacCarthy en los USA de los años 50 del siglo pasado, cuando denunció como “comunistas” e inició procesos judiciales contra todos aquellos que tenían preocupaciones sociales.

¿Quieres dejar algún comentario?

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

To Top