Cartas desde la cuarentena

Cuarentón en cuarentena – Braulio Guerra

Agradezco a José Antonio Gurrea que me invite a platicar como han sido estos días de cuarentena en una breve crónica. Sin dejar pasar el drama que se vive en el mundo, en donde quienes han perdido a sus seres queridos, o sus empleos o sus ingresos, los mantiene en vilo ante una situación de incertidumbre.

Me he mantenido mayoritariamente en mi oficina de casa (homeoffice), leyendo y trabajando, así como retomando muchas cosas que durante el ajetreo de la cotidianidad, habíamos abandonado de alguna y otra manera. Insisto, que sin dejar de observar la problemática “allá afuera”, en esta cuarentena he procurado tener una mente positiva y realizar actividades que nos alimentan el espíritu, dentro de las posibilidades que están a mi alrededor.

Me he mantenido mayoritariamente en mi oficina de casa (homeoffice), leyendo y trabajando.

A muchos nos tocó cumplir años en medio de esta cuarentena. En mi caso llegué a los 48 años el 28 de marzo, cuando las medidas de contingencia comenzaban a hacerse más estrictas.

En diciembre comenté que tenía varios años sin hacer “fiesta” e invitar amigos y que en este 2020 si la haría y aprovecharía para juntarme un día en la semana en las noches a ensayar con mis buenos amigos de la banda de rock que tenemos desde 2012, y con quienes tengo ya unos 3 o 4 años sin reunirnos formalmente a disfrutar de un “palomazo”.

Pues bien dice el dicho, “si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”. Mi cumpleaños en cuarentena (como el de muchísimas personas) se quedó en un pastel con mi familia (que mucho agradezco) y para quitarme las ganas de esa “tocada” que armaría, bajé a un sótano que tengo con mis guitarras a componer y a soltar las ganas de interpretar algo. Lo subí a redes como una manera de compartir con mucha gente ese cumpleaños y ese reencuentro que tuve con la cultura, la música y la guitarra.

La vida agitada de todos los días, de los últimos años, el trajín del trabajo y de los apuros, no me permitían hacer algunos altos para disfrutar de un pasatiempo tan terapéutico como el de tocar la guitarra más a menudo. Recordé a mi maestro Julio Gándara, extraordinario guitarrista, con quien cursé por muchos años de “guitarra clásica”, por lo que he aprovechado algunos espacios de estos días para volver montar algunas de las obras que mi estimado maestro Gándara me enseñó en mi juventud.

Para quitarme las ganas de la “tocada” que armaría, bajé a un sótano que tengo con mis guitarras a componer y a soltar las ganas de interpretar algo.

Si bien en esta cuarentena se extraña el trabajo en la oficina, la interacción física y personal con toda la gente que labora en el Tribunal Superior de Justicia, los cafecitos, las idas a las plazas y al ¡cine! –para quienes somos cinéfilos y gustamos del sonido “dolby” y la gran pantalla– también hemos redescubierto espacios personales olvidados o pospuestos.

En esta cuarentena, cuando me levanto, bajo a mi oficina (algunos días me he dejado la barba) y así, con ropa más relajada (omitiendo la rigurosa corbata y ese caluroso traje), comienzo a dar lectura y a revisar las resoluciones que los proyectistas y secretarios de la ponencia judicial me envían vía digital, para avanzar en los proyectos de sentencias que son nuestra responsabilidad.

Este tiempo nos ha dado la pauta para ser más acuciosos, para consultar más fuentes doctrinarias y legales.

Este tiempo nos ha dado la pauta para ser más acuciosos, para consultar más fuentes doctrinarias y legales; para repensar y ponderar con más espacio y en la soledad de la “oficina casera”, las resoluciones en las que trabajamos semana tras semanas.

La verdad es que mis hijos y mi esposa pasan mucho tiempo en sus clases virtuales y en sus actividades; mientras mi encierro en mi oficina personal a veces se interrumpe para atravesar a la cocina, ir a comer y regresar de nuevo a las tareas.

La verdad es que mis hijos y mi esposa pasan mucho tiempo en sus clases virtuales y en sus actividades.

Hemos redescubierto las vías digitales para el llamado “home office” o trabajo a distancia. Hemos realizado video llamadas con el equipo de trabajo del Tribunal, que hacen lo propio desde sus hogares y se mantienen activos en cuanto a su labor de colaborar en la impartición de justicia como actividad esencial del Estado. En las videollamadas hemos podido sistematizar y organizar la secuencia de documentos que tenemos, sus fechas, los ya trabajados y los que aún faltan por trabajar. Así como también, para intercambiar puntos de vistas respecto de algún proyecto. Estos ejercicios sin duda no son limitativos a la contingencia, y son dinámicas valiosas a continuar cuando ya todo esto haya pasado.

Ha habido momentos muy significativos con los hijos.

En este tiempo de cuarentena, a mis 48, he podido retomar también algunas lecturas pendientes, buenos libros, como el de Deepak Chopra y Leonard Mlodinow (Guerra de dos mundos) sobre ciencia y espiritualidad y así también releer el Gran diseño, de Stephen Hawking. Se trata de un libro que coloca en el debate la existencia de Dios (en el que creo), pero que sin duda con su argumentos cuánticos y astronómicos nos hacen conocer con más profundidad el insignificante punto al que pertenecemos en el universo. Desde 2008 (cuando mi papá QEPD falleció) empecé a leer muchísimo sobre espiritualidad, astronomía y física cuántica en búsqueda de respuestas, aunque mis preguntas ya sean aún más.

Leo mucho sobre estos temas y me documento. Creo que nos permiten ubicarnos en tiempo y espacio, en lo infinitesimalmente pequeños que somos, en nuestro significado tan efímero y pasajero. Me permite mirar al cielo y maravillarme con el cosmos y hacerme decenas de preguntas e intentar buscar algunas de las respuestas.

Con mis hijos ¡por fin! destapé y saqué de la caja un Telescopio Celestron 102 GT que tenía ahí guardado desde hace más de 5 años.

Con mis hijos ¡por fin! destapé y saqué de la caja un Telescopio Celestron 102 GT que tenía ahí guardado desde hace más de 5 años. Nos hemos sentado algunas noches en la azotea o en la terraza a buscar estrellas, a conocer más sobre su información y características. Lo hemos hecho unas tres ocasiones, pero han sido momentos muy significativos con los hijos. Seguramente promoveré más esa actividad con ellos.

Así a la par, he aprovechado dar lectura a algunos títulos de Derecho, relativos a la función que desempeño, a razón de actualizarme más y continuar sintonizado con las materias de mi profesión y trabajo.

En esta cuarentena, cuando me levanto, bajo a mi oficina, y así, con ropa más relajada, comienzo a dar lectura y a revisar las resoluciones que los proyectistas y secretarios de la ponencia judicial me envían vía digital.

El deporte no lo dejo. Aunque he visto artículos contradictorios respecto a si es permitido salir o no a correr o a la bicicleta, debo confesar, que con los respectivos cuidados, como a las 6:30 o 7 pm, me he salido una hora a la bici, algunas veces con mi familia, mi esposa y mis hijos, en el fraccionamiento, situación que ha permitido despejar la mente, no dejar la actividad física y mantenernos con condición.

La bicicleta es uno de los deportes que nos dejan beneficios enormes a nivel muscular, cardiovascular y respiratorio. Es un gran deporte. Y cuando no salgo, está la opción de la bicicleta estática y algunas pesas que tengo en un improvisado “gym” que tengo aquí en la casa.

La bicicleta es uno de los deportes que nos dejan beneficios enormes a nivel muscular, cardiovascular y respiratorio.

El doctor César Camacho tuvo un detallazo al enviarme, vía digital al WhatsApp, el libro de Peter Sagan (Campeón mundial en ciclismo), ya que compartimos ese enorme gusto por la bici de competencia. Ya lo empecé a leer.

La cuarentena también me llevó inevitablemente a desvelarme “un poquito más”. No dejo pasar una noche sin ver un capítulo de una serie que ya hace meses me habían recomendado mucho, y la había dejado pasar. The Man in the High Castle, en Amazon Video, que plantea un universo alternativo y algo de ciencia ficción, sobre un mundo en donde los nazis habrían ganado la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos estaría controlado por Japón, y, así, una serie de cuestiones que nos hacen reflexionar sobre la locura de Hitler y sobre el mundo en el que estamos. Se las recomiendo muy ampliamente.

Tuve una desvelada memorable este fin de semana con el famoso cantautor de los 80 Ricky Luis («tengo un mes con el mismo pantalón») que me privilegia con su amistad. Vía videollamada nos reunimos conjuntamente con Edgar Ríos, destacado conductor de Radio en Radiofórmula. Los tres, con whisky, ron y cerveza, transitamos por una velada de anécdotas, música y bromas que nunca olvidaré.

El autor (enmedio) con Ricky Luis y con el hijo de José Alfredo Jiménez.

¿Cuántos no han sacado un vino en estos tiempos para compartirlo vía virtual con amigos y amigas? En otras fechas he tenido videollamadas con buenos amigos y amigas, ya hasta saqué la guitarra para cantar las mañanitas y organizar nuestra primera bohemia virtual.

En esta cuarentena y contingencia partieron de este mundo gente querida y cercana: Luis Felipe Trujillo Rivera, quien fue gran amigo de mi papá, y a quien le tenia altísimo cariño; así también, el amigo de muchos queretanos, Edgar Pliego. Cuando termine todo esto, lamentablemente no volveré a saludarlos de mano o a darles un fuerte abrazo. Por ello, seguramente valoraremos mucho a todos aquellos que pasando la pandemia, estén ahí para darles ese abrazo y ese fuerte apretón de manos, signos de nuestra humanidad.

La situación es delicada, no lo desconozco. Allá afuera existe mucha preocupación. Se que está habiendo sacrificios importantes por parte de mucha gente. Lo sé y lo reconozco; sin embargo, he procurado mantener un ambiente positivo en mi entorno, haciendo énfasis en el trabajo que me toca y recuperando actividades que me dejan algo bueno. Chateo mucho con quien quiero, “con mis grupos” y hablo con mi mamá y mi hermana por teléfono. Celia, mi hermana, tiene un chat donde nos envía rutinas muy útiles de meditación.

Braulio, en el Congreso local, durante su toma de protesta como magistrado del TSJ.

Se ve que la cuarentena tendrá más de 40 días y que toda la gente (incluidos los cuarentones) tendremos que adaptar nuestros trabajo, familia, amigos, pasatiempos y deporte a los tiempos del Covid-19 que distan de regresarnos a la normalidad, por lo que nuestra dedicación y pensamientos positivos serán indispensables. Reinventarse y adaptarse al nuevo mundo. Cambiar frente al cambio, ya que nunca seremos los mismos.

Braulio Guerra, doctor en Derecho por la UAQ, es magistrado del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) del estado de Querétaro. Entre otros cargos políticos ha sido diputado local, diputado federal, así como presidente de la Fundación Colosio. EnLaLupa.com escribe la columna «Desde el Muro»

Facebook: Braulio Guerra

TW: @BraulioGuerraU

 

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