Antulio Sánchez - La caza de los bits

Vigilancia y coronavirus – Antulio Sánchez

No extraña que, con la propagación de la pandemia del coronavirus, se haya extendido una panoplia de noticias falsas relacionadas con ese virus y de las mismas teorías de la conspiración que destacan sus orígenes. Pero también ha sido una realidad el intenso uso de diversas tecnologías y herramientas digitales que tienen el objetivo de paliar y ampliar las medidas sanitarias.

En varios casos el uso que hacen algunos gobiernos de diversas tecnologías borran las fronteras entre lo estrictamente sanitario y el control sobre la ciudadanía.

De la mano de la inteligencia artificial, los algoritmos y las aplicaciones han extendido los recursos tecnológicos para tener un control masivo de los afectados por el coronavirus. Los más accesibles han sido las aplicaciones, entre las cuales los países desarrollados han desplegado recursos como Stop Covid (bit.ly/2x9iI2O) de Francia, que tiene el objetivo de identificar la cadena de contagios. Otra es la alemana Corona-Datenspende (bit.ly/3eV47ZK), que está enfocada a los relojes inteligentes o smartwatch, la cual no sólo da seguimiento de las actividades de las personas sino que compila datos e información sobre los signos vitales de las personas como pulso, temperatura y, de esa manera, analizar si las personas han sido afectadas por el coronavirus.

Pero también en naciones como India se han lanzado aplicaciones como Aarogya Setu (bit.ly/3aFljz2), una aplicación móvil que rastrea y alerta a los usuarios cuando están a menos de dos metros de alguien infectado con coronavirus; la aplicación informa a los ciudadanos que están próximos a alguien portador del virus.

El despliegue de todas estas tecnologías se dice que es de avanzada y que, como tal, cuentan con una garantía de cifrado de datos y por ende de la protección de los mismos. Sin embargo, hay poca información sobre los estándares de cifrado utilizados en tales aplicaciones.

No obstante, lo más sofisticado ha sido el uso de drones y de videocámaras que en conjunción conforman un sistema de vigilancia sofisticado que tiene el objetivo de mantener prácticamente a raya a los ciudadanos que se ha rebelado a las cuarentenas obligatorias.

El caso más destacado ha sido el de China, en donde tales herramientas han sido eficaces para combatir la propagación de la pandemia. A decir del filósofo Byung Chul-Han (bit.ly/2y3knau), el régimen chino ha mostrado en esta emergencia que son los países no democráticos los más eficaces para enfrentar las emergencias sanitarias, en donde al autoritarismo la ha llevado a impulsar medidas que no cuentan con oposición ciudadana.

Tal ha sido la eficacia del uso de la tecnología, que con sorna Chul-Han señala que al concluir esta emergencia sanitaria, China no solo habrá demostrado la superioridad de sus sistema para combatir este tipo de emergencias, sino que estará en condiciones de poder vender su Estado policial a Occidente y, sobre todo, el mismo tampoco va en menoscabo del capitalismo.

Es cierto que las pandemias son grandes laboratorios psicosociales, pero también de mecanismos de control colectivo. Y lo cierto es que a pesar de que la Electronic Frontier Foundation indique que los gobiernos que han usado diversas tecnologías de vigilancia basadas en la geolocalización, no observaron un efectividad significativa en la lucha contra el virus, el caso chino está para desmentir a dicha organización.

Pero, además, es una realidad que ya desde hace tiempo los ciudadanos de diversas sociedades han decidido perder parte de sus garantías individuales, si a cambio de eso el Estado les garantiza seguridad o combatir de forma eficaz pandemias como las que nos aqueja en estos momentos.

Antulio Sánchez

Periodista especializado en Nuevas Tecnologías

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