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Por dar prioridad a pacientes con Covid, el IMSS tardó 10 días en atender a Ana, pese a tener pus en un riñón

Historia: Patricia López Núñez/EnLaLupa.com

Ana Luisa Bravo no tiene Covid-19, pero el virus sí puso en jaque su vida. Durante 6 días permaneció en el área de urgencias del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) con pus en el único riñón que le funciona bien, sin recibir la atención que necesitaba y con un tratamiento de cáncer suspendido porque debía atender su problema renal.

Hace dos años y medio le diagnosticaron un cáncer “extraño” y no fue posible extraer el tumor que le salió en el estómago porque “estaba pegado a la aorta”, así que se sometió a estudios durante casi 6 meses, que permitieron identificar otros tumores en el cuello, el hígado y el esófago.

Tomó quimioterapias y radiaciones, le colocaron un catéter de los llamados “doble J”, porque cuando le hicieron la cirugía inicial “me lastimaron y tuvieron que ponérmelo para protegerme por dentro y me lo cambian cada 6 meses. Ahora por el Covid-19, porque me toca en la clínica de El Marqués, me cancelaron varias veces la cita porque atienden los casos del virus, me dolía y tuve que ir un hospital particular donde me salió en 15 mil pesos”.

El cambio del catéter se realizó hace 10 días y fue el urólogo particular el que le notificó que presentaba pus en un riñón. Dos días después sintió mucho dolor, así que llegó al área de urgencias del IMSS, el pasado 28 de abril, donde permaneció hasta la tarde del 4 de mayo, cuando finalmente la mandaron primero al área de ginecología y luego al área de urología y medicina interna, donde espera una intervención para limpiar la pus de un riñón.

Su intervención es urgente porque su riñón izquierdo tiene muy poca funcionalidad por el catéter y todas las intervenciones que lleva, “es un riñón que prácticamente hay que retirar”. Aunque hará falta un estudio que determine con precisión el nivel de funcionalidad, los médicos estiman que el riñón apenas trabaja al 6%, pero el riñón derecho sí está en buenas condiciones.

“Llevo muchos días aquí y sé que en el IMSS están tomando sus medidas, pero, por ejemplo, en horario de visita hay un montón de gente que entra y hay mucha vulnerabilidad por el Covid, me pongo mi cubrebocas, tengo mi gel, pero no sabes cómo llega la gente y mi vulnerabilidad es mayor. Entiendo que no soy el único caso, pero necesito que me atiendan, tengo que seguir mi tratamiento de cáncer por fuera, tengo radioterapia, tengo otras cosas que hacer”, dijo entre lágrimas.

Entre la espera y los malos tratos

Ana Luisa lamenta la mala actitud de muchas de las personas del sector público que la atienden, aunque dice entender que deben ver a muchos pacientes y a veces no están de muy buen humor, pero “en el IMSS no me han tratado nada bien y hablo de esta vez, porque la primera vez, la primera cirugía que me hicieron, el doctor Sotelo hizo lo que pudo, no pudo extraer el tumor y él me pasó con el doctor Lugo que ha tomado el caso de manera muy particular y personal y me ha dicho que no me preocupe”.

En esta ocasión, el personal se ve más tenso y se refleja en el trato que recibe, sobre todo en las enfermeras, aunque algunas son “extraordinarias”, como Valeria, que la cuida mucho, otras tratan de ser muy frías y una que otra llega a ser grosera con los pacientes.

 

“Entiendo que no soy el único caso, pero necesito que me atiendan, tengo que seguir mi tratamiento de cáncer por fuera, tengo radioterapia, tengo otras cosas que hacer, si las cosas aquí no caminan no puedo seguir afuera, porque no puedo hacer lo que necesito y me sorprende que no hagan los estudios que deben hacer, si tienen que retirarme el riñón ¿por qué no lo hacen? si tienen que quitarme un riñón ¿por qué no lo hacen? ¿por qué no ven que tengo otros problemas que tengo que atender?”, subrayó.

Familia y amigos, sostén ante la enfermedad

Ana Luisa tiene un hijo de 22 años que recientemente terminó la licenciatura en Derecho. Por él, por su familia y por ella misma siempre trata de mantenerse positiva, incluso durante el tratamiento contra el cáncer y el dolor por sus riñones, porque pretende dar batalla hasta que pueda, aunque después de 10 quimioterapias no puede recibir más porque dañarían otros órganos.

Por ahora recibe una inyección con la que se busca frenar el avance del cáncer, pero necesita Lutecio, un medicamento nuclear que podría salvarle la vida y no la tienen en IMSS, aunque ya metió sus papeles al Hospital Siglo XXI, de donde todavía no recibe respuesta.

La dosis cuesta 200 mil pesos y sus médicos estiman que necesitaría por lo menos 8 dosis para superar el cáncer. A eso se suma el riesgo de estar tanto tiempo en el hospital durante esta temporada de contingencia, así que usa cubrebocas y tiene gel antibacterial cerca.

Días felices.

Hay otras cosas que la hacen sentir tranquila, como el hecho de que su hijo terminara la licenciatura y “así no lo dejo tan desamparado”, además que ya terminó de pagar su casa, “una casa del Infonavit que pagué con mi trabajo y todo eso me hace sentir calma por cualquier cosa que pueda pasar”.

“Sin mi familia no hubiera podido, no hubiera logrado nada, ni las quimioterapias, ni el doctor. Mis hermanas y mi hijo dejan de hacer todo, por importante que sea para venir, tengo muchos amigos que han tratado de ayudarme, de decirme que hay que seguir, porque hay días que me cuesta levantarme, me duele sufrir, me cuesta hacer mis cosas, pero estoy muy agradecida con todos y sigo a la espera”, señaló.

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