Cartas desde la cuarentena

Fase cero del Covid-19- Carlos-Blas Galindo

El 28 de febrero de 2020 se confirmó oficialmente el primer caso en México de Covid-19. La noche anterior se había informado que una persona había sido diagnosticada como el primer caso en nuestro país de esa enfermedad, y que aún faltaba conocer los resultados de la prueba definitiva correspondiente, la cual resultó positiva. Para el viernes 28 ya se contaba con información (muy) abundante acerca de los síntomas de la enfermedad provocada por el que es considerado como un nuevo coronavirus: el SARS-CoV-2 y, aunque me sorprendí un poco debido a que el primer caso fue ubicado en la Ciudad de México, aparentemente no tenía motivo para preocuparme.

Pese a lo anterior, la noticia del día 28 nos llevó a tomar en casa conciencia de que tal vez Erika Rascón, de quien me precio de ser esposo, al igual que nuestros dos hijos (de 8 y 5 años), habían enfermado recientemente de Covid-19, pues semanas antes habían padecido síntomas leves de un mal respiratorio que no cedía pronto con los medicamentos que habitualmente se nos recetan para casos que van desde alergias (que son altamente recurrentes en Chihuahua), a faringitis o rinofaringitis.

Carlos Blas Galindo y Erika Rascón.

El 5 de febrero ella asistió, como lo hace de manera cotidiana, a la Facultad de Artes (FA) de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH), donde es destacada docente. Desde hacía algunos días previos había presentado malestar general, así como dolor corporal y de garganta, en tanto que nuestros hijos −sobre todo el menor− también se sentían mal. Por la tarde de aquel miércoles acudimos a consulta con nuestra querida, certera y experimentada médica familiar. Como Erika lo sustenta desde hace tiempo, existe un patrón en lo que concierne a los males respiratorios en nuestra familia.

Generalmente yo enfermo primero; sólo que presento síntomas ligeros que por lo común no requieren tratamiento, aun cuando, como corolario de mis dolencias, contagio al resto de la familia desde que comienzo a estar enfermo e incluso hasta poco tiempo después. Así había ocurrido a finales del año anterior, cuando a ella se le diagnosticaron otitis y faringitis (para los cuales muy atinadamente se le recetó azitromicina y un antiinflamatorio), en tanto que a nuestro hijo mayor faringoamigdalitis y, al menor, rinofaringitis (males que fueron combatidos eficazmente con cefalexina). Sólo que, en esa ocasión, en los primeros días de febrero, no existía como antecedente el de mi enfermedad. Y sí, en cambio, y muy extendida, la constatación de malestares similares a los de ella en integrantes del cuerpo académico de la FA, así como entre el alumnado de esa facultad universitaria, que se diferenciaban un tanto de los que son recurrentes en esta zona del mundo −caracterizada, entre otras cosas, por la abundancia y diversidad de alérgenos− en la fase final de cada invierno.

«Como Erika lo sustenta desde hace tiempo, existe un patrón en lo que concierne a los males respiratorios en nuestra familia.»

El 5 de febrero Erika inició su tratamiento con azitromicina y acemetacina. Empero, al día siguiente tuvo síntomas de gripe, aunados a un incremento del dolor corporal y de garganta que ya presentaba, así como fiebre, de manera que el 7 no pudo asistir a la UACH y, por la tarde, hubimos de acudir nuevamente a consulta con nuestra médica. El nuevo diagnóstico que se sumó al previo fue de rinofaringitis con síndrome febril y se le recetó un antigripal, que añadió al tratamiento que ya estaba siguiendo. Nuestros hijos reaccionaron de manera positiva a sus medicamentos; no así Erika, quien no reposó y tardó aproximadamente un mes en recuperarse. Por el momento no es posible asegurar que ella y nuestros hijos hayan padecido Covid-19, pues para ello habrían de practicarse pruebas de detección, y tampoco es factible asegurar si, en caso de haber enfermado, hayan desarrollado inmunidad.[1] Ojalá y sí; ella así lo supone. Sin embargo, y en tanto no se demuestre lo contrario, existen elementos suficientes para suponer que sí fueron afectados por el  nuevo coronavirus, como también lo fueron varias personas que forman parte de la comunidad académica de la FA y, cabe sospechar, mucha más gente no sólo en la UACH sino en la ciudad de Chihuahua, lo cual habría ocurrido en una fase cero de la propagación de esta enfermedad.

El auge del opinadero

Ya en pleno auge del opinadero en las redes sociales sobre este coronavirus y de la profusión de noticias (verdaderas y de las otras) al respecto, dos fuentes periodísticas permiten reforzar la suposición de que el contagio comenzó desde antes que se informara de manera oficial sobre su inicio y propagación; que éste ha sido mayor que el que se ha admitido que existe; que son muchas las personas que han enfermado y se han recuperado, y que por ende los fallecimientos por complicaciones asociadas a la multicitada enfermedad son más escasos en relación a quienes han enfermado que los que le han sido atribuidos al Covid-19.

«Existen elementos suficientes para suponer que (Erika y nuestros hijos) sí fueron afectados por el coronavirus» Foto: Erika Rascón

Estas fuentes son el artículo “Las pruebas de anticuerpos sugieren que las infecciones por coronavirus superan ampliamente los recuentos oficiales” publicado por Smriti Mallapati el 17 de abril en la revista Nature, en el que da cuenta de los resultados de un estudio realizado en la circunscripción californiana de Santa Clara, Estados Unidos, con base en los cuales se estima que, para inicios de abril y de la población de 2 millones que ahí vive, habían sido contagiadas entre 48 mil y 82 mil de ellas, en lugar de las mil que se tenían registradas para esas fechas.[2]

Otra referencia que permite apuntalar esta postura es la nota sin firma “Estiman que el coronavirus ya circulaba por las principales ciudades de Estados Unidos mucho antes de la confirmación de los primeros casos”, incluida en Infobae el 25 de abril, en la que se alude a la aplicación de un modelo de propagación del virus que fue elaborado en la universidad estadounidense Northeastern y que había sido ya mencionado en el periódico New York Times, estudio que revela que el 1 de marzo, cuando fue confirmado el primer caso en la ciudad de Nueva York, sólo en esa ciudad probablemente ya existían no uno, ni tampoco mil, sino 10 mil contagios.[3]

«Yo, que fui formado durante la época de los movimientos latinoamericanos de liberación nacional, supuse de inicio que el ‘nuevo’ coronavirus había sido modificado en algún laboratorio estadounidense.» Foto: Erika Rascón.

Algo que numerosas personas resentimos en la actualidad en todo el mundo son los efectos de la incertidumbre, que de suyo es característica de estos tiempos, considerados posmodernos. Y la insuficiente o nula certeza con la que de momento se cuenta con respecto a información como la que cito nos lleva a reforzar la suposición de que, así como Erika, mucha gente en el mundo ha enfermado de Covid-19 y por fortuna no ha muerto, antes que descartar tales supuestos.

La posibilidad de haber contraído ese mal de las vías respiratorias que ha devenido en pandemia suscitó en mi amadísima Erika otra sospecha:[4]la del vínculo que se presume que existe entre las radiaciones electromagnéticas emitidas por la tecnología para la información y comunicación celular 5G, por una parte, y por la otra la propagación del coronavirus, pero sobre todo el esclarecimiento de las causas de cuando el SARS-CoV-2 incrementa su letalidad. No sé cómo ella llegó a proponer tal nexo.

Es cierto que inicialmente cursó estudios de licenciatura en el área de las ciencias de la salud (Nutriología) y que fue con posterioridad cuando optó por formarse profesionalmente en las artes plásticas, campo del que ya para entonces contaba con suficientes conocimientos. Se trata de una mujer más que inteligente: es brillante. Tiene un amplio bagaje cultural en varias disciplinas, ha desarrollado con gran amplitud su pensamiento crítico, así como su imaginación creadora. Aprovecha las potencialidades que tiene la intuición como forma de conocimiento. Además, como feminista que es, siempre está atenta al devenir del capitalismo, dado la indisoluble relación que existe entre ese sistema económico y la organización social del patriarcado. Aun así, ignoro cómo arribó a una conclusión que yo, ni en mis peores pesadillas paranoides, pude haber considerado (lo cual no equivale a que tenga por paranoide el planteamiento que ella hace).

Wuhan, donde oficialmente fue registrado, en diciembre de 2019, el caso inicial de Covid-19.

Lo que sí sé es que, con fechas 30 de marzo y 22 de abril, han sido publicados en el sitio web del californiano Center for Electrosmog Prevention,[5] textos del Dr. Martin Pall y de la Dra. Magda Havas confirmando esta funesta relación y en los que sostienen que Wuhan (donde oficialmente fue registrado, en diciembre de 2019, el caso inicial de Covid-19) fue la primera “ciudad inteligente” en China, donde hasta finales de 2019 se habían instalado unas 10 mil antenas de tecnología 5G, y en los que demuestran que el mayor número de casos y defunciones en los Estados Unidos ha acontecido en ciudades donde ya existe cobertura 5G.

Erika tiene, además, un planteamiento adicional con respecto a la súbita indefensión de la humanidad ante ciertas enfermedades y, en este caso, ante la que es causada por el SARS-CoV-2. Ella plantea, como posible, el que algunos virus que habían permanecido congelados durante miles de años se hayan reactivado a últimas fechas al ser expuestos a la atmósfera como consecuencia del deshielo de los casquetes polares y de la desaparición de los glaciares, razón por la cual los actuales habitantes del planeta no habíamos desarrollado inmunidad ante ellos. No es ficción científica (género en el que, por cierto, no se alude a lo irreal, sino que más bien es utilizado para referirse a la realidad tangible); es,antes al contrario, una posibilidad muy seria.

«Antes de que ocurriera el primer caso oficialmente registrado de Covid-19 en nuestro país se había publicado una noticia con el título de ‘Descubren virus que yacían congelados desde hace 15 mil años en el Tibet'».

Yo, que fui formado durante la época de los movimientos latinoamericanos de liberación nacional y de la llamada guerra fría, supuse de inicio que el “nuevo” coronavirus había sido modificado en algún laboratorio estadounidense o al menos occidental y que había sido “sembrado” en Wuhan a fin de aniquilar el predominio económico chino.[6] Esta hipótesis ha sido enunciada y desmentida en varias ocasiones. Pero ¿la de la reactivación de los virus milenarios? Antes de que ocurriera el primer caso oficialmente registrado de Covid-19 en nuestro país se había publicado, en la edición digital del diario El Universal, una noticia atribuida a la agencia de noticias Europa Press, con el título de “Descubren virus que yacían congelados desde hace 15 mil años en el Tibet”[7]y en la que se informa que se trata de “33 grupos de géneros de virus, 28 de los cuales no son conocidos por la ciencia moderna”. La de hace 15 mil años ¿fue la fase menos uno de la actual pandemia?

[1] La Organización Mundial de la Salud ha informado que no hay evidencia acerca de que tengan inmunidad quienes se han recuperado de la pandemia. Esto puede deberse a que es muy pronto para confirmar si existe, por una parte, y a que se intenta evitar que quienes han sanado tiendan a ignorar las directrices de salud pública impuestas.
[2]El título original de este artículo es “Antibodytestssuggestthat coronavirus infectionsvastlyexceedofficialcounts.” <https://www.nature.com/articles/d41586-020-01095-0?utm_source=fbk_nnc&utm_medium=social&utm_campaign=naturenews>
[3]<https://www.infobae.com/america/eeuu/2020/04/24/estiman-que-el-coronavirus-ya-circulaba-por-las-principales-ciudades-de-estados-unidos-mucho-antes-de-la-confirmacion-de-los-primeros-casos/>
[4] En los años 70 y 80 del siglo pasado se transmitió en México por televisión, doblada al castellano, la serie Columbo, protagonizada por el actor Peter Falk. El personaje, un detective con grado de teniente del área de homicidios de la policía de la ciudad de Los Ángeles, Estados Unidos, se refería con frecuencia a su esposa −quien nunca apareció a cuadro porque solo existió en el libreto de la serie−, a quien le atribuía conocimientos valiosos que empleaba en la resolución de sus casos. En cambio, Erika Rascón, para mi fortuna y la de muchas otras personas, sí existe<https://es.wikipedia.org/wiki/Erika_Rascón>
[5]Ahí se define al electrosmog comola contaminación invisible que deriva de la radiación electromagnética, <http://www.electrosmogprevention.org/>
[6] Y, más bien, me preocupa sobremanera que el actual encierro forzoso sea un ensayo para incrementar el estado de excepción que ya se vivía en el mundo: ese momento del derecho en el que se suspende el derecho, como lo aborda Giorgio Agamben en su libro Estado de excepción, publicado por primera vez en nuestro idioma en Argentina por la editorial Adriana Hidalgo en 2004, a un año de la primera edición italiana. Erika piensa que el confinamiento al que estamos sometidos tiene más fines que el loable propósito de garantizar nuestra salud.
[7] Esa publicación data del 24 de enero. <https://www.eluniversal.com.mx/ciencia-y-salud/virus-descubren-28-grupos-desconocidos-que-yacian-congelados-en-el-tibet>

Carlos Blas Galindo es crítico de arte, curador independiente, artista visual y artista conceptual. Licenciado en Artes Visuales por la UNAM con estudios concluidos de maestría en la misma institución. Ha publicado en más de 70 medios nacionales y extranjeros, entre ellos EnLaLupa.com. Textos suyos han sido traducidos al alemán, chino, francés, inglés, italiano y ruso.

FB: Carlos Blas Galindo Mendoza

TW: @carlosblasgm

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