Antulio Sánchez - La caza de los bits

Xenofobia y pospandemia – Antulio Sánchez

La humanidad ha conocido a lo largo de la historia muchas pandemias. Algunas han diezmado a importantes porciones de personas. De la fiebre amarilla, pasando por la viruela que arribó a América y aniquiló a la población nativa, hasta el surgimiento del temible Ébola, los humanos hemos trabado una relación constante con los virus.

No obstante, a diferencia del pasado, nunca habíamos vivido una situación de cuarentena mundial por un virus como sucede con el Covid-19, lo que ha generado a lo largo del planeta un severo trastrocamiento de la vida diaria.

El Covid-19 tiene una propagación alta, pero una letalidad baja. Desde el 31 de diciembre de 2019 —cuando la OMS indica que las autoridades sanitarias reportan varios casos de neumonía en China, que posteriormente se determinará que son causadas por el nuevo coronavirus— hasta el 10 de mayo, con base en datos de la Universidad Johns Hopkins el número de muertos en el planeta representa el 6.89 por ciento de los casos confirmados, es decir, el total de muertos por Covid-19 en el planeta representa el 0.003 por ciento del total de la población mundial.

No obstante, no sólo la dispersión de este virus es veloz e intensa, sino también el pánico al mismo se difunde con celeridad, lo que es alimentado por los medios de comunicación, las redes sociales o cadenas de mensajes de WhatsApp. Las mismas medidas de aislamiento tienden a profundizar el temor.

Ya el filósofo italiano Giorgio Agamben criticaba las medidas restrictivas a la ciudadanía (bit.ly/2LkfkFD), que para él eran el pasaporte para, en nombre de las cuestiones sanitarias, imponer una especie de Leviatán sanitario, cercenar el espacio publico y, desde su óptica, mutilar el espacio público y las garantías individuales de sus conciudadanos italianos.

Pero la propagación del virus ha dado paso a múltiples manifestaciones en la ciudadanía, que van de la mano de la alarma, la ignorancia, el racismo, terminando en lo que Adia Benton (bit.ly/2Wh8ozn) denomina discursos tóxicos, que buscan chivos expiatorios no sólo para estigmatizar a quienes padecen la enfermedad, sino a quienes la combaten, como ha sido el caso en México en donde se persigue a personal sanitario, se les asesina o incluso se amenaza con quemar los hospitales que atienden a enfermos de este virus. O en Italia, en donde ya se permite que la gente que estaba en el norte del país se pueda desplazar, y al retornar a sus lugares de origen no son bien vistos por sus paisanos, ya que pueden ser portadores del virus.

El avance del Covid-19 por el planea ha servido para que sea usado para fines políticos y electorales, como es el caso del Donald Trump, pero al mismo tiempo eso desencadena ataques xenofóbicos contra los chinos.

No obstante, no se puede soslayar que hay datos del retraso de las autoridades chinas en responder a la aparición del virus, incluso noticias recientes hablan de que deportistas franceses que viajaron a Wuhan en octubre de 2019 habrían contraído el virus (bit.ly/2YME5lW), alimentando esa idea de negligencia del gobierno chino.

Por las profundas implicaciones que el virus ha traído, es que se multiplican las voces que hablan de las responsabilidades que tienen los países para implementar mecanismos sanitarios que impidan la propagación de estos emergentes virus, en particular los de origen zoonótico (como es el caso del Covid-19 como coinciden múltiples virólogos), en donde los usos y costumbres de un sector de la población china, que importa legal e ilegalmente diversos animales de otros continentes con fines gastronómicos y medicinales, que son comercializados en mercados de ese país sin las medidas adecuadas, son fuentes de contagio de virus que se difuminan por el orbe.

Por eso es momento de que China cumpla rigurosamente con los tratados de biodiversidad, que se frene la comercialización de especies protegidas de animales que son comercializados como alimento, no sólo porque en muchos casos violentan las normas internacionales de biodiversidad, diezman especies que están en peligro de extinción, sino porque trastocan el ecosistema y, también, son reservorios de virus que, ante la falta de sólidas medidas sanitarias, saltan a los humanos y se propalan.

Seguramente cuando volvamos a la «normalidad», ese será un tema de la agenda pospandemia de algunas naciones, como ya lo vienen reclamando desde tiempo atrás varios especialistas.

Antulio Sánchez

@tulios41

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