Luis Tamayo Pérez - Ecosofia

La transición energética de México (I) – Luis Tamayo Pérez

Hoy la humanidad se encuentra amenazada desde dos frentes: el microcosmos por la pandemia viral (crisis microbiológica) y el macrocosmos por los cambios en la atmósfera (crisis climática). [Afortunadamente existen] propuestas alternativas, para imaginar y construir una nueva civilización: Buen vivir, descrecimiento, comunalidad, pueblos en transición, futuros locales.
Víctor Toledo[1]

Bajo los auspicios del Conacyt y la Sener, y de acuerdo con la afirmación del secretario de Medioambiente de la nación, el Dr. Víctor Toledo Manzur, de que “La reactivación pos-Covid-19 será ecológica o no será”, inició, el lunes pasado, una serie de reuniones virtuales con la comunidad científica del país para revisar el modelo de Transición energética que se pretende llevar a cabo en la nación mexicana.

Tal y como indicaron los doctores Luca Ferrari y Omar Masera, las razones para hacerla son dos y muy evidentes:

  • México ya no es una potencia petrolera. Desde el declive de Cantarell, la producción petrolera del país se redujo a menos de la mitad de lo que era hace 40 años.[2] Hemos entrado a la era del petróleo caro, por lo que cada vez será más costoso extraerlo. Esa realidad, en el futuro próximo, hará económicamente inviable tal industria: los pozos de aguas profundas o la fractura hidráulica (fracking) son muy onerosos. Importamos también el 85% del gas que utilizamos[3] y las reservas de carbón son insuficientes. La soberanía energética de México –que requerirá, además, mucha innovación y reducción del consumo— sólo puede provenir de las energías renovables.[4]
  • Es un grave error seguir consumiendo combustibles fósiles a causa de los gases de efecto invernadero que emiten –y permanecen— en la atmósfera. Tal y como informó el quinto informe del IPCC[5], el bióxido de carbono (CO2) permanece en las capas altas de la atmósfera, con el 80% de su poder sobre calentador, ¡más de 500 años! El metano (CH4) que, sobre todo, emiten las millones de cabezas de ganado vacuno que pueblan la tierra, tiene un efecto casi 30 veces más sobre calentador que el CO2. Es imperativo dejar de lanzar tales gases a la atmósfera.

Los objetivos de la insoslayable Transición energética, tal y como lo indica el Conacyt, son:

  • Promover un sistema energético resiliente y diversificado, con creciente participación en fuentes renovables, que brinde beneficios ambientales, sociales y económicos a la población.
  • Alcanzar un nivel de consumo de energía sustentable a largo plazo y que contribuya globalmente a la mitigación del cambio climático y a la soberanía estratégica.

La Sener, por su parte, recalca que tal programa de transición energética, contribuirá a “mitigar el cambio climático mediante una reducción absoluta de las emisiones debidas al uso de energía y una mayor seguridad e independencia energéticas”. Asimismo, apuesta a la “democratización de la generación de energía” por lo que buscará “reducir la inequidad, asegurando el acceso universal a servicios energéticos dignos en zonas rurales y periurbanas”. Todo ello “con base en la generación distribuida comunitaria de energía usando fuentes renovables”.

Sabemos bien que México se comprometió, en el Acuerdo de París del 2015, a:

[…] la reducción no condicionada de 22 por ciento de los gases de efecto invernadero que emite para 2030”, [así como a] reducir la vulnerabilidad de los 160 municipios más afectables según el Atlas Nacional de Vulnerabilidad ante el Cambio Climático, reducir la deforestación a cero por ciento, y generar mecanismos de prevención y alerta temprana ante eventos climáticos extremos.[6]

El problema que tenemos para poder cumplir nuestros compromisos en tal acuerdo es que, como bien indica el Dr. Toledo, “la crisis ecológica (inseparable de la social) es, esencialmente, una crisis de la civilización industrial”, por lo que, en México, la reducción de la emisión de Gases de Efecto Invernadero implica:

[…] bajar significativamente el uso de combustibles fósiles para el transporte (principalmente autos) y garantizar que la generación de electricidad provenga cada vez más de vías renovables. Hoy la electricidad del país se genera a partir del gas (50 por ciento) buena parte importado, petróleo (20), carbón (10.7) y energía nuclear de la planta de Laguna Verde (3.7 por ciento). Es decir, 85 por ciento del total, y sólo 15 por ciento se produce de energías renovables. Por ello, en concordancia con lo comprometido, existe el plan de pasar al doble de energías renovables en 2021, a 35 por ciento en 2024 y a 43 en 2030.[7]

El modelo extractivista de México

Dicha tarea no se aprecia sencilla pues implica una reconversión de la manera con la que se genera la energía en el país. México se ha acostumbrado al modelo extractivista –como si el petróleo, el carbón y el gas fuesen infinitos— y por ello la nación hizo muy poco durante las administraciones pasadas. Peña Nieto nunca entendió la importancia del asunto por lo que colocó a un verdadero inepto –Rafael Pacchiano— en la Semarnat, el cual redujo en más de la mitad el presupuesto para los programas prioritarios de la secretaría mientras gastaba en su camioneta blindada, artículos deportivos y publicidad.[8] En el gobierno de Calderón no fue muy diferente. Su administración gastó el grueso de su dinero en su guerra contra el narco (o más bien contra aquellos cárteles que no eran sus amigos como ha mostrado el juicio de García Luna) y a ella también debemos que, en México –y sólo aquí—[9] se considere a la producción de electricidad mediante gas una “energía limpia”.[10] La administración de Calderón, con el objeto de favorecer a sus amigos de las grandes corporaciones transnacionales de producción energética, torció la Ley e hizo que, conforme a la fracción II del artículo 36 de la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica (LSPEE), sea considerada la producción de electricidad mediante gas una “energía limpia”.[11] Este es un buen ejemplo de la manera cómo las grandes corporaciones, con el contubernio de los gobiernos, tuercen la Ley para garantizar el predominio de sus intereses.

Y mientras el futuro climático del planeta entero se ensombrece, los Estados Unidos eligen al negacionista Donald Trump como presidente. Tan pronto tomó la administración, Trump frenó el impulso de Obama en la lucha contra el Calentamiento Global Antropogénico (CGA), abandonó el Acuerdo de Paris y, como niega la existencia del cambio climático y culpa a China de tal “invento”,[12] al interior redujo significativamente el presupuesto de todas las instituciones del sector y, al exterior, ha retirado prácticamente todo el apoyo de su nación a la mitigación del CGA.

Del otro lado del continente, y haciendo acuerdo con tales políticas, Jair Bolsonaro, en Brasil, apoya a los productores de soya transgénica –para consumo de ganado bovino— y permite que quemen la Amazonia a un ritmo devastador, en uno de los peores genocidios ecosistémicos de los que se tiene memoria.

Afortunadamente, no todas las naciones tienen dirigentes de tan escasa visión de futuro. En la civilización humana existen dirigentes que sí aprecian la gravedad del asunto y han puesto manos a la obra. Por ejemplo, la canciller de Alemania, Ángela Merkel y, más recientemente, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, en Europa, han tomado la iniciativa y establecen programas innovadores para conservar el nivel de vida de sus ciudadanos –y de muchos otros en el mundo— ante la amenaza que representa el CGA.

En el México de nuestros días, acostumbrado desde hace décadas a la simulación, la Sener, desde enero del 2020, ha iniciado un programa de transición energética, el cual corre el riesgo, como históricamente ha pasado, de quedarse solamente en el papel. Afortunadamente, los mexicanos contamos con los más de 500 científicos mexicanos que reunió virtualmente la directora del Conacyt –la Dra. Elena Álvarez-Buylla— así como con el decidido apoyo de nuestro secretario de Medio Ambiente –Víctor Toledo—, los cuales entienden perfectamente la importancia de la cuestión y han adoptado el tema. Pero ellos no pueden hacerlo solos, necesitarán de todo el apoyo ciudadano.

Ésta es quizás nuestra última oportunidad para construir una nación sostenible, una donde exista justicia socioambiental, donde haya democracia energética y donde los ciudadanos seamos lo más autónomos posibles, todo lo cual es clave en una verdadera república en sentido aristotélico.

Lograrlo implicará que no sólo el ejecutivo federal se comprometa verdaderamente con el impulso a las energías renovables –dejando atrás proyectos insostenibles como la refinería de Dos bocas, el tren Maya o el aeropuerto de Santa Lucía, de lo cual trataré en mi entrega de la próxima semana—, sino que el empresariado mexicano comprometido con el futuro de la nación se sume a la tarea.[13] Sinceramente espero que lo mejor de nuestro empresariado se dé cuenta de que el modelo que llevaba la nación, si bien a muchos los enriqueció, depredaba el medioambiente de todos y ensombrecía el futuro de las generaciones venideras. Volver al modelo civilizatorio anterior, eso que buscan personajes vergonzosos como Gilberto Lozano y su Frena, no sólo es insostenible sino profundamente injusto. Tal y como indica el Dr. Enrique Leff en su ensayo Ecología política:

No es posible mantener una economía en crecimiento que se alimenta de una naturaleza finita: sobre todo una economía fundada en el uso del petróleo y el carbón, que son transformados en el metabolismo industrial, del transporte y de la economía familiar en bióxido de carbono, el principal gas causante del efecto invernadero, que ha modificado la composición química de la atmósfera causando el calentamiento global que hoy amenaza a la organización de la vida en la biosfera y a la vida humana en el planeta tierra.[14]

No termino sin antes recordar las propuestas del Dr. Toledo para la transición energética mexicana:

Una cosa es transitarla [la Transición energética] bajo el modelo privado/estatal basado en empresas del Estado y corporaciones privadas, lo cual refuerza el control centralizado y vertical, y otra es la vía estatal/societaria donde el “switch energético” va quedando en manos de la sociedad y sus redes: manejo de energía so­lar, eólica e hidráulica a pequeña escala y con dispositivos accesibles y baratos para hogares, manzanas, edificios, barrios, comunidades, municipios. Eso se llama democracia energética. Obnubilados con el petróleo, aun cuando éste se agotará en seis años, no hay a la fecha ningún proceso activo de transición hacia energías renovables en México. Lo anterior hará que el país no cumpla con sus compromisos con el Acuerdo de París sobre cambio climático. Durante la transición, Pemex se deberá convertir en Solmex y las gasolineras en estaciones eléctricas. Tendrá que crearse una empresa estatal o público-privada de automotores eléctricos, aprovechando la abundancia de litio, el cual se debe considerar estratégico. Igualmente se deben formar miles de cooperativas rurales productoras de energía renovable, creando igual número de empleos verdes. Así, se integrará una red de energía descentralizada de prosumidores, es decir, de consumidores que producen su propia energía.[15]

 

Luis Tamayo Pérez

[1] Toledo, V., “La reactivación pos-Covid-19 será ecológica o no será”, La jornada, 5 de mayo de 2020.

[2] https://d.elhorizonte.mx/finanzas/mexico-ya-no-es-potencia-petrolera/1785931

[3] https://energiahoy.com/2019/03/28/mexico-es-una-potencia-de-gas-no-petrolera-urge-producir-no-convencionales/

[4] https://www.greenpeace.org/mexico/noticia/4245/mexico-ya-no-es-potencia-petrolera-la-soberania-energetica-solo-posible-a-traves-de-las-renovables/

[5] Siglas en inglés del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático.

[6] Toledo. “La transición energética y la 4T”, La jornada, 14 de enero de 2020.

[7] Ibidem.

[8] Flores, E. La Semarnat de Peña quitó 63.1% a rubros ambientales y subió, año con año, los gastos innecesarios, Sin embargo, 27 de mayo de 2019: https://www.sinembargo.mx/27-05-2019/3586278

[9] https://es.ucsusa.org/nuestro-trabajo/energia-limpia

[10] Por definición, una energía limpia es la que no produce emisiones contaminantes, lo cual no pueden evitar las plantas que producen electricidad a base del carbón el petróleo o el gas. https://www.energyavm.es/cual-es-la-diferencia-entre-energia-renovable-y-energia-limpia/

[11] http://www.laenergiadelcambio.com/cogeneracion-eficiente-energia-limpia-en-mexico/

[12] Recordemos el Tweet de Donald Trump de 1012: The concept of global warming was created by and for the Chinese in order to make U.S. manufacturing non-competitive: https://www.elfinanciero.com.mx/mundo/los-dichos-del-trump-sobre-el-cambio-climatico

[13] Aunque sabemos que la principal fuerza contraria es la de las grandes corporaciones ecocidas: [es necesario] “identificar otro virus mortal que existe en nuestra propia especie: el 1% que destruye el delicado equilibrio del planeta, los 500 corporativos, bancos y magnates que lista la revista Fortune. Contra ellos será la próxima guerra”. Toledo, V. ¿Cambiará el Covid-19 la visión de mundo?, La jornada, 24 de marzo de 2020.

[14] Leff, E. (2019), Ecología política, SXXI, México, p. 283.

[15] Toledo, V. La reactivación pos-Covid-19 será ecológica o no será, La jornada, 5 de mayo de 2020.

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