Jorge Luis Montes - Psique Parlamentaria

El anhelo del poder absoluto – Jorge Luis Montes

Desde el momento en el que el Gobierno del Estado irrumpió en el municipio de Ezequiel Montes el sábado 14 de marzo del 2020, para tomar el control de la seguridad pública municipal, sabía que las cosas no irían bien.

Comenzando por la inconstitucionalidad del acto, dado que el artículo 115 de la Constitución concede expresamente a los municipios la función de seguridad pública. Ante ello hice un posicionamiento público en el que reprocho la violación a la libertad y soberanía municipal, por parte de la Secretaría de Seguridad Pública, puesto que no justifican las causas de fuerza mayor o la alteración grave del orden público que la propia carta magna establece como excepción para que el gobernador asuma el mando policial.

Ante la falta de una causal grave para justificar tal arbitrariedad, me permite advertir que fueron motivadas más por razones políticas, que por temas de seguridad pública, eligieron el municipio de Ezequiel Montes para ensayar el anhelo del panismo por desaparecer las policías municipales para centralizar el poder policial y con ello mantener el control de los municipios bajo el argumento de la falta de capacidad de estos.

La idea de desaparecer a las policías municipales fue concebida por el ex secretario de Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna, quien propuso la creación de un mando policial único a nivel nacional, con intenciones de centralizar la seguridad pública.

Ahora entendemos cuáles eran las verdaderas intenciones de quien, actualmente, se encuentra preso en Estados Unidos acusado de proteger a cárteles de las drogas.

Qué casualidad que sea el municipio de Ezequiel Montes el piloto de prueba de esta política centralizadora de la seguridad pública, precisamente, en el único municipio queretano gobernado por MORENA, pese a que hay otros municipios que verdaderamente lo requieren.

Es preocupante la violencia policial que se pretende instaurar con este modelo de cuerpo de seguridad centralizado.

El sábado pasado se me presentó la desafortunada posibilidad de experimentar en carne propia la nula capacitación de la policía estatal en materia de derechos humanos. Su intolerancia quedó registrada en los hechos de ese día, en el que acudí a preguntar por la situación de dos amigos, como ocurre normalmente en una comunidad en la que todos nos conocemos.

Mis ex profesores fueron detenidos. Ante la noticia acudí a verificar su situación jurídica y cuál fue mi desagradable sorpresa, sólo por el hecho de intentar acercarme a su celda, fui brutalmente agredido por los policías de turno. La violencia incrementó cuando me identifiqué como diputado federal, ahora todo tiene sentido.

No me cabe la menor duda, el mensaje que pretende emitir la Secretaría de Seguridad Pública del gobierno de Francisco Domínguez, al exponenciar artificialmente  el poder policial mediante una campaña de intimidación, pasó por atropellar el fuero constitucional de un diputado federal, en el afán de instaurar el temor en la ciudadanía. con la idea de fijar en el imaginario colectivo la idea de que si esto le hacen a un diputado, ¿que será de nosotros?

El sello del panismo es instituir, mediante el uso de la fuerza pública, un sistema que amordaza los derechos humanos. El paquete de la ley denominada “garrote” aprobado por el Congreso Local, aprovechando el pretexto de la pandemia para reformar el Código Penal, endureciendo algunos delitos y creando algunos otros, entre los que se destaca la reforma al artículo 289 del Código Penal que busca mutilar el derecho de protesta social al establecer pena prisión a las personas que se atrevan a obstruir obras o trabajos públicos.

Tales reformas demuestran la nula empatía de este gobierno con la sociedad, puesto que el momento que atraviesa la humanidad entera, requiere de unidad y solidaridad, de reconciliación de los gobiernos con sus pueblos y no del fascismo que sólo promueve el desencuentro entre la sociedad y sus gobernantes.

Reformas retrógradas, distintivo de gobiernos tiránicos y despóticos. Tal parece  que el gobierno panista, encabezado por Pancho Domínguez, no aprendió de la experiencia fallida del sexenio calderonista, que intentó, mediante el uso desmedido de la fuerza pública, imponer su gobierno a sangre y fuego. Los resultados funestos saltan a la vista.

Por suerte la era de terror está casi por llegar a su fin.

Jorge Luis Montes Nieves

Twitter: @jorgeluismn

FB: @JorgeLuisMontesN

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