David Castellanos - Lo que un día fui

Diario de una loca (V) – David Castellanos

et sanguinem nuptias

Durante mucho tiempo creí que se trataba de ti. Todo. Te di el crédito de mi desdicha y el mérito de mi felicidad. Até mis ideas al concepto de ti y volqué mis sentimientos a ti. En resumen: dejé que mi vida orbitara la tuya. ¡Qué equivocada estuve! No eras tú y tu mala forma de quererme. No eras tú y tus demonios, tardé en comprender que todo empezaba y terminaba solamente en mí. Eran mis manías y mis ilusiones, era mi imaginación la que te fabricaba como un hombre que me amaba o al menos lo haría, cuando descubriera una a una mis virtudes y contara mis lunares. Eran mis expectativas las que te daban color cuando eras un lienzo a medio pintar en escala de grises. Eran mis pensamientos los que te dotaban de atributos que me hacían creer que valías la pena y mi locura te justificaba. ¡Qué loca! Entonces fue la boda y tú no fuiste invitado.

Me casé con mis miedos e inseguridades, caminé hacia el altar de tus mentiras vestido de negación y mis votos fueron como esa canción repetida de la radio. La desconfianza decoró el evento mientras que los celos fueron el centro de mesa. El banquete fue vomitivo, debo reconocerlo, fueron todas mis ilusiones y sueños rotos. Y no podía faltar el réquiem que acompañó mi ceremonia. Entonces llegó el momento de la unión matrimonial. Me cubría un velo de estupidez y el lazo matrimonial fue una simple y bruta dependencia emocional. Entonces exclamaron: “Si hubiere oposición, y la causa de esta fuere capaz de impedir la celebración del matrimonio que se manifieste ahora”. Entonces al unísono sonaron las voces de mis amistades: no lo hagas; ¡no vale la pena! Pero hice caso omiso, ignoré las razones para no hacerlo, me negaba a aceptar que no podía ser digna de tu amor. Pronuncié con aburrimiento mis votos y entonces me di cuenta de la fatídica realidad: no estabas. Tenía una boda lista y tú no estabas, dentro de mí afloraba la débil esperanza de que aparecieras y todo fuera un retraso, entraras al recinto y acabaras de una vez por todas, con esta falsa parafernalia. Pero pasaron los minutos, las horas, y no llegaste. Me di cuenta entonces de mi fantasía. Nunca llegarías.

Tomé el ramo de astromelias y crisantemos y lo destrocé mientras caí en la cuenta de que no me amarías nunca de la forma tan entregada que yo lo hice. Caí en la cuenta de que la única culpable de todo era yo, que yo fabrique tu amor, que yo organicé una boda, que yo planeé una ceremonia y todo, absolutamente todo, lo hice sola y alimentada de tus “te quiero” expresados a cuenta gotas y las moronas de tu cariño.

Me quedé esperando por ti, pero llegaron por mí. Entonces decidí pasar la luna de miel con alguien más, disfruté el placer de ser de alguien más y no de ti. No sé si fue adulterio, pero gocé del pecado sutil de las caricias ajenas, tu némesis fue entregarme enteramente a alguien. Alguien que pilotea mis pensamientos y sobrevuela mi imaginación, alguien que enciende la llama que tú dejaste morir lentamente. Alguien que con su mano recorre mi cuello y con ello logra desabrochar mi bragueta, pero vamos, tampoco te contaré esos detalles. Vivirás con la incertidumbre del efecto de sus besos en mí, con el misterio de nuestras escapadas, con el pesar de haber dejado a esta loca que te quería.

P.D Te dejé mensajes en tu buzón de voz para quedar de vernos y anular de una maldita vez por todas esta unión. Firma en este cuerpo que nunca te perteneció y disuelve con tus caricias esta falsedad.

David Castellanos

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