Eric Rosas - La onda plana

El Efecto Monarca – Eric Rosas

Este 20 de mayo se celebró un aniversario más del «Día Mundial de la Metrología». Y, si bien en estos tiempos toda la conversación ha sido monopolizada por la trágica pandemia de Covid-19 que enfrentamos en el mundo entero, la comunidad metrológica internacional hizo un esfuerzo por evitar que la fecha pasara desapercibida, aunque quizá sin el éxito esperado, al menos en México.

La metrología es la actividad científico-técnica que estudia los procesos de medición. Se encarga de desarrollar referencias estables que permitan realizar unidades de medida con gran exactitud y a partir de las que luego sea posible derivar escalas y otros patrones de medición con menor calidad metrológica, pero mucho mayor uso en la práctica: en la industria, el comercio, los servicios de salud pública, etc.

La metrología es por ello una actividad importante y hasta clave para el desarrollo de la industria de alta calidad en cualquier economía, México incluido. Nuestro país mantiene en vigor trece acuerdos de libre comercio con importantes naciones y bloques económicos del mundo. E inclusive a pesar del nulo crecimiento del 2019, México alcanzó el décimo quinto producto interno bruto (PIB) más alto en el orbe, con un valor de 1.3 millones de millones de dólares estadounidenses, de acuerdo a un informe publicado por el Fondo Monetario Internacional. Una economía de tal tamaño y nivel de globalización, no puede prescindir de una política industrial fundamentada en una sólida base metrológica.

En los países y regiones económicas más desarrolladas, la actividad metrológica soporta objetivamente la estructura de estandarización que luego puede constituirse en regulación. Estas herramientas legales basadas en sólidos e incorruptibles principios científicos, funcionan como las bisagras que abren o cierran el acceso a los mercados, otro aspecto en el que México también resulta apetecible dados sus más de 125 millones de habitantes y a pesar de que sus aproximadamente diez mil dólares estadounidenses de PIB per cápita nos colocan muy por debajo en cuanto al nivel de ingresos, respecto de nuestros principales socios comerciales, los Estados Unidos de América y Canadá.

Junto con nuestros socios comerciales de Norteamérica acumulamos casi 500 millones de habitantes, aproximadamente la misma población de los 27 países que integran la Unión Europea (UE) en su conjunto. Sin embargo, a diferencia de la UE, en el bloque norteamericano aún nos encontramos por detrás de Europa en el uso de la regulación como una herramienta efectiva para hacer valer nuestra relevancia económica. La potente influencia regulatoria europea, a la que algunos expertos le han denominado el «Efecto Bruselas», se basa en tres factores.

El primero es el tamaño de su mercado, pues los estados miembros de la UE concentran una quinta parte del PIB mundial, con lo que difícilmente alguien puede atreverse a despreciarlos o prescindir de ellos. El segundo es el nivel de exigencia de su regulación, que es el más alto de todo el mundo, con lo cual muchos productores deciden cumplir con las normas europeas, pues saben que así aseguran su acceso a otros mercados, ya que habrán superado con creces las posibles barreras técnicas que pudieran enfrentar. Y en tercer lugar estos dos factores hacen que la regulación europea se extienda de facto más allá del continente, pues muchas compañías con negocios en Europa y que por ello ya cumplen con los estándares de la UE, terminan presionando a sus gobiernos para que eleven el nivel de exigencia de su regulación doméstica y con ello eviten que otros productores se beneficien de un mercado local con menores estándares.

Si Norteamérica quiere hacer frente al Efecto Bruselas, tendrá que construir pronto un Efecto Monarca, un contrapeso basado en una regulación unificada para la región, al menos para todas aquellas industrias de índole estratégico. Y si México aspira a consolidar su integración a este importante bloque económico, del que no podemos desprendernos geográficamente, necesita fortalecer cuanto antes su sistema metrológico, para que pueda soportar una mejor regulación.

Lo anterior, dicho sin aberraciones.

Eric Rosas

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