Luis Octavio Vado - Paradojas

Influenza 2009 – Luis Octavio Vado Grajales

Un lunes del último tercio de 2009. Tengo que dar clases en la universidad y me despierto con el cuerpo cortado, pesado; los síntomas inequívocos de una gripe que taconea fuerte anunciando que durará un buen rato, pero que no me impide ir a la facultad. Sé que estas cosas se resuelven tomando mucha agua.

La primera hora transcurre cada vez más difícil, siento que aumenta la debilidad con rapidez, lo que es extraño porque normalmente con el calor del sol mi cuerpo reacciona mejor a los resfriados y bichos similares. Esto es algo extraño.

No puedo dar la segunda hora de clase. Me regreso a mi casa manejando con la conciencia de que, si me espero más, no podré hacerlo. A la cama.

Para ese momento ya temía tener la influenza AH1N1, que todavía llamaban «gripa puercuna». ¡Maldito Homero Simpson por haber besado al Puerco Araña!

Sospecho inmediatamente porque mi desmejoramiento es demasiado rápido. El médico que me recibe por la tarde confirma que me ha dado la enfermedad de moda y, si bien me manda hacer análisis, me indica que las pruebas rápidas, que eran las que se hacían, no son confiables y no debo esperar a iniciar el tratamiento.

A conseguir la medicina, lo que no fue fácil. Debo aislarme en mi casa, usar cubrebocas, plato, vaso y cubiertos personales. Mi hijo de meses se contagia, si bien no tan gravemente y le dura el malestar un par de días.

La debilidad es mucha. Me recuerda lo que sentía cuando, a los seis o siete años tuve hepatitis A. Esa sensación de agotamiento cuando caminas apenas unos pasos de la recámara al baño.

El susto mayor viene al segundo o tercer día, cuando empiezo a escupir de un negro que recuerda a las ciruelas pasas; cuando hablo con el médico me dice (o entiendo) que es, digamos, el recubrimiento interior de los pulmones, lo que facilita el pescar otra infección.

Fuera de esas pocas cosas no recuerdo mucho de mi experiencia con la influenza, que me dejó la costumbre de usar el alcohol en gel. En lo personal fue un año raro ese 2009: me quitaron una piedra del riñón, nació mi hijo y me dio influenza. Tiempos extraños.

Luis Octavio Vado Grajales

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