Niels Rosas Valdez - Procesos del Poder

Los desilusionados por López Obrador – Niels Rosas Valdez

Andrés Manuel López Obrador llegó a la presidencia de México ganando las elecciones en julio de 2018 por más de 30 puntos porcentuales de diferencia, una que no habíamos visto desde 1994 cuando Ernesto Zedillo – heredero impuesto de la trayectoria de Luis Donaldo Colosio – venció a Diego Fernández de Cevallos; permitiendo abandonar un escenario polarizado en la política mexicana. Pero hoy, a más de un año y medio del inicio de la administración presidencial, la popularidad del mandatario ha disminuido. ¿Qué es lo que ha pasado?

No cabe duda que el proyecto y la transformación que aseguraba López Obrador en sus mítines de 2018 eran sumamente necesarios para el país. Lo que le había dolido más a México era la corrupción, la injusticia, la negligencia de las autoridades, la inexistencia del diálogo y la limitada participación de otros actores de la sociedad en las decisiones de gobierno. Todo esto iba a ser cambiado por el tabasqueño, así lo prometía en cada discurso que ofrecía en los pueblos, ciudades, entrevistas y demás. Pero hasta hoy lo cierto es que poco se ha cumplido.

Antes y durante la campaña presidencial al tabasqueño se le vio como un político de izquierda, uno que necesitaba el país para reparar las varias desigualdades: económica, social, educativa y de género, entre otras. No obstante, sus políticas no han permitido que este plan se concrete y, por el contrario, en algunos aspectos las desigualdades se han ensanchado con respecto a otros sexenios. La izquierda se asocia con el progresismo, algo de lo que carece la presente administración. Se ha procurado al sector de la población que se encuentra económicamente más vulnerable, y eso es esencial en el programa de bienestar social que necesita México, pero una cosa es regalar dinero a través de becas y apoyos – que bien puede interpretarse como clientelismo político –, pues el sector estaría condenado a depender de ellos; y otro diferente es crear las condiciones para que dicho sector sea autosustentable y garantizar poco a poco una movilidad social que urge en el país.

En esta misma línea, es menester esclarecer que el respaldo a las libertades y a la justicia es central en un proyecto progresista, como afirma ser la 4T, pero, por ejemplo, hemos visto el rechazo del presidente por hablar y emitir su postura acerca del aborto y su desdén hacia los movimientos feministas y las marchas en contra de los feminicidios. La solidaridad aquí no se emplea y la justicia se vuelve a alejar un sexenio más.

Las libertades de opinión y de expresión han sido minimizadas y desestimadas casi cada día por López Obrador. Aquí su narrativa toma mayor relevancia, ya que aquella prensa y personas que disciernen de él, son nombradas “conservadoras”, “fifís”, etcétera, con entonación peyorativa y un claro ánimo de desprestigiarlas.

Periodistas, reporteros, académicos, científicos y hasta médicos en plena pandemia, por decir algunos, han sido receptores de los insultos del mandatario, es decir, de la persona que debería poner el ejemplo a toda una nación. Nos quejamos mucho de que Donald Trump usa una narrativa que justifica los actos racistas e ideas supremacistas, y ¿qué diferente es el tabasqueño? Su discurso no respeta y en cambio divide, aunque se pretenda ocultar. En la democracia debe haber voces disidentes y abrazar otras perspectivas para generar un mejor camino, pero en vez de crearlo, el mandatario destruye cuestionamientos, preguntas y canales de comunicación entre los diferentes actores de la sociedad si es que no piensan igual que él, de ahí que haya declarado que se está con la 4T o se está en contra de ella. ¿Dónde está el diálogo que prometió en campaña?

El manejo de la pandemia también ha sido criticado y con justa razón. La narrativa de menosprecio al virus por parte del mandatario, haber invitado a las personas a salir de casa, asegurar que no robar, no mentir y no traicionar protege a la gente del nuevo coronavirus y no seguir las medidas sanitarias declaradas por la secretaría de Salud, seguramente han causado muchos de los contagios registrados, ya que una gran porción de la población toma como verdad inmaculada todo lo que diga y haga López Obrador.

Por otra parte, negarse a aplicar pruebas aseverando que no sirven – cosa que no es cierto, ya que hay amplia evidencia de lo contrario – es un claro mensaje de que no hay recurso para comprarlas y aplicarlas. ¿Y por qué no lo hay? Aeropuerto de Santa Lucía, refinería Dos Bocas y Tren Maya…

El medio ambiente y las energías renovables, elementos centrales en un proyecto progresista, son también un punto débil, muy débil en la presente administración. Santa Lucía, Dos Bocas y el Tren Maya son planes inviables para el medio ambiente por donde se quiera ver y, no obstante, hace unos días López Obrador dio el banderazo de inicio para este último, y encima de eso, en vez de que funcione a base de energía eléctrica, usará diésel, mismo que México no produce y que tendrá que comprar en el exterior. Mientras que otros países han invertido y tienen avances significativos en el uso de energías limpias, nosotros gastamos en un tren que usa hidrocarburos y nos aferramos al petróleo, celebrando que nos hayan permitido producir una cifra de millones de barriles que no hemos alcanzado en mucho tiempo.

Petróleos mexicanos no es una opción para el presente y el futuro. ¿Cuándo se entenderá eso? No importa si alguien le tiene un valor sentimental a la empresa o no, desde hace años ha estado trabajado en números rojos y representa un cargo insensible al erario, pues hay evidencia de que cuesta menos producir energías limpias que petróleo. Es incongruente y aquí no vemos la injerencia de la Austeridad Republicana.

La necesidad de un cambio político, económico y social en México era y es ineludible. No hay duda que el ideal de la 4T era imprescindible para nuestro país y por ello venció en 2018, pero el cambio de intereses y políticas del plan original, la protección de dinosaurios, la actuación de López Obrador y la ejecución del mismo proyecto han dejado mucho que desear.

No sé si el trato del presidente a la sociedad en general, o su desdén y decepcionantes respuestas a preguntas de alto interés público, o las políticas reales que ha implementado, o su constante ataque severo a aquellas personas que difieren de lo que diga y haga, o sus recortes a la ciencia y tecnología y a otros rubros más sin reflexionarlo antes era algo que esperaban muchas personas. Yo no. Creo que muchos esperábamos algo mejor.

Niels Rosas Valdez

Escritor, historiador e internacionalista

@NielsRosasV (Twitter)

[email protected]

¿Quieres dejar algún comentario?

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

To Top