Jovita Zaragoza Cisneros - En Do Mayor

Las trampas del poder – Jovita Zaragoza Cisneros

“…Todos los problemas del imperio me abrumaban a la vez, pero el mío propio pesaba más. Quería el poder. Lo quería para imponer mis planes, ensayar mis remedios, restaurar la paz. Sobre todo lo quería para ser yo mismo antes de morir… Mi deseo de poder era semejante al del amor que impide al amante comer, dormir, pensar, y aún amar, hasta que no se hayan cumplido ciertos ritos. Las más urgentes tareas parecían vanas, desde el momento que me estaba vedado adoptar, como señor, decisiones referentes al futuro, necesitaba tener la seguridad de que iba a reinar para sentir de nuevo el placer de ser útil…”

El párrafo anterior es apenas un fragmento de una obra monumental de la literatura universal. Se trata de “Memorias de Adriano”, de Marguerite Yourcenar (1903 -1987), novela surgida de una minuciosa reconstrucción basada en documentos biográficos sobre el emperador romano, trabajo producto de una década de investigación y elaboración de la autora.

Marguerite Yourcenar, nacida en Bruselas, Bélgica, perteneció a la Academia Belga y es la primera mujer en pertenecer a la Academia Francesa. Fue, además, traductora de Henry James, Yukio Mishima y Virginia Woolf, entre otros.

Y el párrafo leído así, suelto y sin un contexto histórico, cabe en cualquier tiempo, porque el deseo de poder es intrínseco a la naturaleza humana. Hay quienes sostienen que el poder es un   potente afrodisíaco. “Alguien empoderado es atractivo porque tiene, o le confieren algunos, capacidad para dirigir, dar órdenes, hacer su voluntad. Ante los ojos de los demás lo eleva a nivel de semidios”. ¿Será?

No, por lo menos, para los especialistas en diferentes ramas en la salud, quienes desmienten tales alcances y explican: “El poder no produce efectos afrodisíacos como se cree, sino que crea una sensación en las personas que están fuera de querer estar al lado de esa persona que ostenta poder. El efecto es casi mágico y les encuentran mayor atractivo en todos los aspectos, así el poderoso no sea bien parecido, pero como todo el mundo lo solicita, entonces les despierta un interés superior…”, refiere la especialista Claudia Villegas de Díaz, psicóloga clínica y sexóloga, en una entrevista publicada por el periódico El País. Saque usted conjeturas, lector.

Por supuesto que este es apenas un ejemplo del impacto que tiene el poder en nuestras relaciones y de cómo funcionamos a su alrededor o desde su centro. Pero es un tema que ha sido objeto de estudios a profundidad y muestran la parte menos amable de su ejercicio, los grados distorsionados de su uso y los efectos a su paso.

Volvamos al párrafo que dio inicio al tema. El fragmento corresponde a una reflexión del emperador Adriano, un estadista, un hombre que encarna todas las apetencias de lo humano y que – sin embargo- , con una grandiosa lucidez para asumir sin remordimientos su papel de hombre y gobernante de una época. Eso es lo que la magistral pluma de la escritora Marguerite Yourcenar plasmó en su obra monumental: “Memorias de Adriano”, un libro que nos ofrece un viaje íntimo y revelador sobre la vida de este emperador y su relación con el poder.

Es el relato de un gobernante que se sabe rodeado de fidelidades y traiciones y que tiene claro los laberintos por los que transita sin vacilar, sabiendo que a la vuelta de alguno de ellos le esperan sus detractores y enemigos. Adriano, el heredero de un Imperio legado por otro gobernante, Trajano, cuya gestión quedó también impresa en la historia del mundo occidental.

Hay en la historia de Adriano y en su antecesor, el Gran Emperador Trajano, una historia de poder usado para fines más allá de mera satisfacción personal. Si bien no escapan, sobre todo Adriano, a las tentaciones que da el ejercer el poder y lo usó para satisfacer sus debilidades; predomina en ellos el dominio de carácter y sentido de responsabilidad, así como el deseo de trascender a esas debilidades. Lo anterior es lo que nos da lecciones y enseñanzas de que la naturaleza humana de todos los tiempos es la misma. Lo que hace la diferencia es cómo concebimos las diversas facetas que nos habitan y conforman nuestro carácter y personalidad. Nos muestra la voluntad, la sensibilidad, el conocimiento de los límites en el ejercicio del poder y en nuestra relación con los otros. Eso marca la diferencia entre un hombre de poder, o la vulgaridad de quien ve en el poder un pretexto para servirse de él.

Los desbordes pasionales de Adriano en lo personal, su desempeño equilibrado como hombre público, así como su prudencia, el talante bien templado y la valentía para asumir las decisiones tomadas, fueron apenas unos de los sellos que este emperador imprimió a su gobierno.

La magistral pluma de Yourcenar nos comparte el lado humano de quien. víctima de una enfermedad y avizorando su muerte, plasma en unas cartas enviadas a su sucesor (Marco Aurelio) una serie de confesiones sobre su relación con el poder en su calidad de emperador.

No oculta en sus confesiones las dudas y certezas que le acompañaron. En él están las grandezas y debilidades. Aciertos, temores, celos, sexualidad, su relación con las artes, su enorme sensibilidad, su sentido crítico y reflexivos, su honestidad para enfrentar el ocaso de su vida. Todo eso es lo que lo hace luminoso en su descarnada humanidad.

Adriano tuvo en el excelso Trajano, considerado –entre otras cosas- el mayor estratega militar de la historia, la inspiración para llevar a cabo su gobierno. Diferente en edad, en carácter y personalidad a Trajano, al heredar el trono Adriano supo hacer los cambios necesarios a su gobierno.

Si bien el libro de Yourcenar se centra en Adriano, un acercamiento al gobierno de su antecesor y su relación con él nos ayuda a dimensionar su papel en la historia. El gobierno de Trajano ha quedado documentado en los archivos de la historia. Nos muestra a un hombre sabio, con un conocimiento de los males y corrupción que aquejaban al Senado, señalados por malversación.

Trajano, decidido a terminar con este problema, designó a un órgano judicial (Concilius Principis) para investigar y castigar a quienes gobernaban las provincias y que se decía, ejercían el poder para beneficiarse de él. Su fama de sencillo y justo se extendió más allá de su territorio. Respetado y querido por su pueblo a quien recibía en el palacio para escucharles en los casos de petición de justicia, aplicó la frase de: “Trato a todos como quisiera que el emperador me tratase a mí, si fuese un ciudadano particular”.

Hay documentos fehacientes de su conservadurismo y convencimiento de que los beneficios de un buen gobierno para sus gobernados no estaban en las grandes reformas a las leyes, sino en una ordenada administración.

Adriano

Por su parte, Adriano ha pasado a la historia como un buen gobernante. Imprimió los cambios que consideró convenientes a su gobierno efectuando reformas administrativas, no siempre bien acogidas por los senadores, pero terminó imponiéndose su buena administración. La alta diplomacia llevada a cabo con otras naciones mantuvo en equilibrio su gobierno.

La grandeza de la pluma de Yourcenar nos permite adentrarnos en la parte terrenal del emperador Adriano, hombre culto, poeta y con alto honor el sentido del deber. Sin complacencias y sabiendo que rondaba la enfermedad que le llevaría a la tumba, escribió a su sucesor Marco Aurelio, confiando a él las motivaciones y contradicciones que le acompañaron.

Memorias de Adriano, el viaje interior de un emperador cuya biografía, junto a la de Trajano, debiera ser lectura de cada uno de los actuales aspirantes a la presidencia. Leer sobre los gobiernos de Trajano y Adriano, conocer sus aspiraciones y hechuras de hombres, templados y conscientes de su papel de estadistas que no se permitían exabruptos y privilegiaban la diplomacia a la confrontación.

Su lectura les ayudaría, si están dispuestos, a conocer la importancia de la mirada interior, punto de partida para lo exterior.

Hay indicios de que Adriano era supersticioso, pero buscaba en los misterios del universo respuestas que, al final, las encontró dentro de sí mismo. Sostenido sobre la inmensidad de la tierra y abrazando, a la vez, a sus demonios y a los demonios del poder, sostuvo un encuentro equilibrado con su papel de emperador, alcanzando en su ejercicio y su caminar la sabiduría, ese puerto al que arriban quienes logran ubicarse con lucidez entre seres humanos mortales y separar al César terreno del Dios omnipotente e inmortal.

Poco antes de su muerte, ocurrida alrededor de los 60 años, dejó escrito un poema:

Animula, vagula, blandula

Hospes comesque corporis

Quae nunc abibis in loca

Pallidula, rigida, nudula,

Nec, ut soles, dabis iocos…

Pequeña alma, blanda, errante

duésped y amiga del cuerpo.

¿Dónde morarás ahora

pálida, rígida, desnuda

incapaz de jugar como antes…?

 

Yourcenar recoge algunas frases que reflejan el pensamiento reflexivo de este emperador:

–Todo ser que haya vivido la aventura humana, vive en mí.

–Olvidaba que en todo combate entre el fanatismo y el sentido común, pocas veces logra este último imponerse.

–Dudo de que toda la filosofía de este mundo consiga suprimir la esclavitud; a lo sumo le cambiarán el nombre.

–La victoria y la derrota se mezclaban, confundidas, rayos diferentes de la misma luz solar.

Jovita Zaragoza Cisneros

zaragozacisneros.jov[email protected]

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