Eric Rosas - La onda plana

La esperada Era del Litio – Eric Rosas

Entre los muchos cambios irreversibles que nos ha traído la pandemia de Covid-19, uno que quizá termine impactando para bien del medio ambiente podría ser la sustitución definitiva de los combustibles fósiles en varias industrias, como la de la fabricación de automóviles ligeros.

A la crisis que ya está enfrentando la industria petrolera a consecuencia de la caída de la demanda por causa de las medidas de confinamiento impuestas en todo el mundo, debemos agregar ahora el gigantesco avance tecnológico que supondría el desarrollo de baterías de alto rendimiento y bajo costo, dado a conocer hace unos días por la empresa china Contemporary Amperex Tecnology Co. Limited, conocida mundialmente como Catl.

Catl ha anunciado que cuenta ya con la capacidad para manufacturar baterías que podrían durar hasta 16 años o un millón 920 mil kilómetros, con lo que aventajaría con creces a sus competidores más cercanos, que ofrecen vidas útiles de entre 3 y 8 años de duración o entre 60 mil y 150 mil kilómetros. El nuevo producto de Catl podría aumentar la autonomía de los vehículos eléctricos y su precio de reventa, y desvanecer así unas de las pocas ventajas que aún mantienen los vehículos convencionales, que por otra parte enfrentan ya fechas fatales para su prohibición en varios países del mundo, lo que también ha mermado su demanda.

En Europa, por ejemplo, las ventas de vehículos eléctricos crecieron en 72 % en el primer trimestre de 2020, en relación al mismo periodo de 2019. Y en el Reino Unido, el gobierno planea dar bonos de hasta 6 mil libras esterlinas a aquellos propietarios que deseen cambiar sus vehículos a diesel o gasolina por modelos eléctricos.

Aunque la firma oriental tiene contratos firmados con armadoras como Honda, Toyota, BMW, Daimler, Wolkswagen y Volvo, se sabe que es también la principal proveedora de Tesla y todo indica que habría desarrollado su nueva batería en colaboración con esta compañía.

La armadora de Elon Musk mantiene desde hace años una relación muy estrecha con el grupo de investigación dirigido por Jeff R. Dahn, profesor de la Universidad de Dalhousie en Canadá, y cuyo grupo de investigación publicó en agosto de 2019 el artículo titulado «Long cycle life and dendrite-free lithium morphology in anode-free lithium pouch cells enabled by a dual-salt liquid electrolyte» (Larga vida útil y morfología de litio libre de dendritas en celdas de litio de bolsillo sin ánodo habilitadas por electrolito líquido de sal dual) en la revista Nature Energy, en el que se informa de un novedoso desarrollo que elimina los ánodos de cobalto usados en las baterías actuales de iones de litio y los sustituye por litio líquido.

Los autores concluyen que con la adición de un electrolito basado en una mezcla salina formada por bi(oxalato)borato de litio y tetra-fluoro-borato de litio, las nuevas baterías de litio pueden mantener una alta capacidad de almacenamiento luego de un mayor número de recargas, lo que termina por disminuir su desgaste e incrementar su vida útil.

Esta tecnología desarrollada conjuntamente por Tesla Motors y Catl bien podría encontrar pronto otros nichos de mercado, pues habiendo millones de vehículos eléctricos que eventualmente necesitarán conectarse a la red eléctrica, el negocio de la generación de electricidad y su almacenamiento será cada vez más costeable.

Mientras eso sucede, cuando el Modelo 3 de Tesla comience a ser distribuido con las nuevas baterías fabricadas por Catl, habremos visto un ejemplo más de cómo la investigación científica, por más básica que llegue a ser en sus momentos iniciales – recordemos que el Premio Nobel de Química de 2019 reconoció a los descubridores del principio que hace funcionar a las baterías de iones de litio –, puede retribuir abundantemente no sólo en materia económica, como será el caso para Tesla Motors en esta oportunidad, sino también en beneficio de la humanidad, pues las nuevas baterías permitirán reducir el deterioro del medio ambiente ya que al alcanzar costos competitivos de hasta alrededor de cien dólares por kilowatt-hora, podrán desplazar a los combustibles fósiles de la industria del transporte en el orbe; salvo en el anacrónico y ecocida Tren Maya.

Lo anterior, dicho sin aberraciones.

Eric Rosas

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