Luis Octavio Vado - Paradojas

Nueva normalidad – Luis Octavio Vado Grajales

Creo que los adjetivos tienen sentido cuando adicionan algo que no está en la palabra adjetivada. Por ejemplo, no es lo mismo decir que una canción es buena o que es muy buena; que un auto es lento o que es desesperantemente lento. De otra forma los adjetivos no tendrían razón de ser.

Esto pasa con la frase “nueva normalidad”, que tanta inquietud ha causado.

La normalidad, entendida como aquello que es común y ordinario, está anclada a un contexto específico, a un momento en el tiempo e incluso a una geografía particular. El contexto es el que ha cambiado con el Covid-19.

No podemos regresar a la normalidad anterior, a la “antigua normalidad” porque el bicho seguirá con nosotros y, al menos mientras no se encuentre una vacuna, no podremos volver a las viejas costumbres.

Esta nueva normalidad, con caretas y tapabocas, con sana distancia, horarios mixtos en las escuelas y los centros de trabajo, nos asusta no sé si por distinta a lo conocido, o por nueva.

Las personas solemos buscar lo conocido, lo probado y, por tanto, lo cómodo.

Salvo como desahogo emocional o como abandono a la nostalgia no estoy seguro de que tenga mucho sentido clamar por que “no será normalidad porque no regresaremos a ser como éramos”. Es cierto, no regresaremos porque no podemos regresar.

Porque literalmente se nos va la vida si volvemos a ser como fuimos.

Me gustaría bromear y decir que ahora será un reto saber si el color del tapabocas se combina con los zapatos y el cinturón, o si debe hacer juego con la blusa o la camisa; proponer que seamos creativos con las caretas plásticas y usemos colores para pintar en ellas diseños divertidos. Pero entiendo la ansiedad que provoca esa nueva forma de ser en comunidad que deberemos asumir, esa nueva normalidad que las propias autoridades siguen delineando.

Hasta que entendamos la naturaleza del virus y podamos atacarlo con eficacia, todo apunta a que deberemos ajustarnos a una nueva manera de actuar en los espacios públicos. Algunos, como mi caso, tuvimos ya que prescindir de la barba.

Claro, preocupa. Desde luego, da miedo. Pero tenemos también la posibilidad de, en nuestro entorno y con nuestros recursos, adaptarnos lo mejor posible, y buscar al cuidarnos, cuidar a los demás.

Luis Octavio Vado Grajales

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