Cartas desde la cuarentena

Sólo queda esperar – Miguel Bonilla

Vagamente reviso el calendario. Recurro a éste cuando me confundo con los días, lo cual ha sucedido al menos tres veces en lo que va del encierro. Un día más es un día menos. Así hasta que sea seguro salir, aunque sinceramente he dejado de crear expectativas sobre la fecha en la que todo volverá a ser como antes. Si es que vuelve a ser como antes, claro está.

Para mí, el encierro inició una semana después de que fuera declarada la Jornada Nacional de Sana Distancia. La semana del 18 de marzo aún me encontraba laborando, al paso de los días empecé a notar el inicio del confinamiento. La cantidad de personas en la calle me parecía comparable al del famoso “día sin mujeres”, que semanas atrás vivimos en la CDMX y del cual hice un cursísimo Tik Tok en la oficina.

“En términos prácticos mi vida no ha cambiado demasiado, en la oficina pasaba la mayor parte de mi jornada laboral sentado frente a la laptop y ahora en casa sucede lo mismo.”

Una semana después, ya entrado en el home office, constaté que la incertidumbre y la sobreinformación comenzaban su reinado. Desde entonces no ha pasado un día sin que la palabra Covid-19, o sus variantes, aparezcan en cualquier publicación en Facebook, Twitter, Instagram, YouTube o Tik Tok. Ni qué decir de las páginas o impresos de los medios de comunicación.

En términos prácticos mi vida no ha cambiado demasiado, en la oficina pasaba la mayor parte de mi jornada laboral sentado frente a la laptop y ahora en casa sucede lo mismo. Nada nuevo bajo el sol. Si acaso había días en los que tenía que trasladarme a San Lázaro para obtener insumos de las cuentas que manejo, pero ahora con el uso de la tecnología los legisladores trabajan de forma remota.

“Dentro de todo, he usado a mi favor la cuarentena para retomar o crear nuevos hábitos, alimentarme mejor, hacer ejercicio, dedicar más tiempo a la lectura.”

Lo que sí cambió es mi forma de relacionarme con mi círculo más cercano, conformado por mis amigos, camaradas y novia. Era habitual salir a comer para despejarse o ir a algún lugar al terminar el trabajo para alimentar el espíritu con películas, música o tragos. Hemos tenido que buscar alternativas para vernos de vez en cuando, ya sea a través de Duo, Meet o Zoom. Pero no es lo mismo.

Dentro de todo, he usado a mi favor la cuarentena para retomar o crear nuevos hábitos, alimentarme mejor, hacer ejercicio, dedicar más tiempo a la lectura, así como a las series y películas, algo que estaba dejando de lado y que realmente echaba de menos. También para conversar más tiempo con mi mamá y atender a mis mascotas (dos perros y un gato).

“He tenido más tiempo para conversar con mi mamá y atender a mis mascotas (dos perros y un gato).”

En estos meses solo he salido cada 15 días para hacer compras en un Bodega Aurrera, Walmart o Sam’s cercano, así como para retirar efectivo en algún cajero los días de quincena y pagar mis deudas en el banco. El ambiente y el trato personal en estos lugares se ha vuelto glacial, casi autómata.

En las pocas charlas que he tenido, la mayoría de ellas con personas al volante durante mis traslados en taxi o uber, las conclusiones son las mismas: el país entró en una pausa que ha costado vidas y fuentes de trabajo, lo mismo formales que informales. Y lo peor es que no se ve “para cuándo” vayamos a salir de esta situación.

“Me mantengo informado todo el tiempo, sin embargo confieso que me cansé de ver las conferencias vespertinas con un subsecretario de salud que lo mismo dice una cosa y al otro día dice lo contrario, cayendo en una retórica bien articulada pero no por eso convincente.”

Me mantengo informado todo el tiempo, sin embargo confieso que me cansé de ver las conferencias vespertinas con un subsecretario de salud que lo mismo dice una cosa y al otro día dice lo contrario, cayendo en una retórica bien articulada pero no por eso convincente. En fin, sólo la historia podrá revelarnos si el manejo de la pandemia fue adecuado o no en nuestro país.

Como mencioné al principio, he dejado de crear expectativas sobre el retorno a la normalidad. Me temo que nada volverá a ser como lo conocimos, muchos espacios cambiarán, otros tantos desaparecerán y sólo quedarán recuerdos. Al día de hoy, como en el primer día del encierro, sólo queda una cosa: esperar.

Miguel Bonilla estudió comunicación en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán. Ha colaborado en medios digitales e impresos como Filos MX, Diario en Bici y El Universal. Se ha desempeñado como creador de contenido, analista y estratega de redes sociales en Ecobici e Indatcom.

Facebook: Miguel Bonilla
Twitter: @miguijendrix

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