María Alemán - Punto y Coma

Buenas conciencias – María Alemán

“(…) ora que hubo una polémica por un comentarista de redes sociales que fue invitado para un debate, me enteré de que existe… ¿cómo se llama? -preguntó a la secretaria de Gobernación- ¡Conaprep! (sic) (…) es que un día voy a poner aquí cuantos organismos crearon…”, expresó el presidente López Obrador en la mañanera del pasado 18 de Junio.

El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) es la institución encargada de promover políticas y medidas que contribuyen al desarrollo cultural, social e incluyente que permitan garantizar el derecho a la igualdad. Recibe y resuelve las quejas por presuntos actos discriminatorios cometidos por particulares o por autoridades federales en el ejercicio de sus funciones.

El Conapred desarrolla acciones para proteger a las y los ciudadanos de toda distinción o exclusión basada en el origen étnico o nacional, sexo, edad, discapacidad, condición social o económica, condiciones de salud, embarazo, lengua, religión, opiniones, preferencias sexuales, estado civil o cualquier otra que impida o anule el reconocimiento y/o el ejercicio de los derechos y la igualdad real de oportunidades.

Cuenta con personalidad jurídica y patrimonio propios, está sectorizado a la Secretaría de Gobernación, goza de autonomía técnica y de gestión, adopta sus decisiones con plena independencia, y no está subordinado a ninguna autoridad para sus resoluciones en los procedimientos de quejas.

La polémica a la que se refirió el presidente en la mañanera la inició Beatriz Gutiérrez Müller -su esposa-, a través de un tuit, luego de que cuestionara la invitación que hizo el Conapred a Chumel Torres para participar en el foro “¿Racismo y/o Clasismo en México?.

Acto seguido el foro fue cancelado y, al día siguiente, Mónica Maccise presidenta del organismo presentó su renuncia. Pero ahí no acaba la historia, el presidente amenazó con desaparecer el organismo por considerarlo innecesario. Entendamos entonces que la importancia de una institución puede estar supeditada a la ignorancia de “El Nerón de Macuspana”.

La controversia surgió a la par de la conmemoración del aniversario luctuoso de Carlos Monsiváis. Monsi, fue quizás el intelectual más solidario con las causas populares, se consideraba como “minoría de minorías” por haber crecido bajo la fe protestante, condenó y luchó incansablemente contra los abusos cometidos hacia los indígenas y la comunidad LGBT+, era común verlo desenfundar su arma: el lenguaje, que para él representaba un elemento fehaciente de la existencia de Dios.

“…me provoca mucha culpa ver la miseria, y de ahí que me interese tanto la lucha contra desigualad, pero decirlo te merma, te disminuye en la medida en que te estas atribuyendo un nivel ético que se parece sospechosamente a la buena conciencia; que es el horror”.

¿Qué vamos a hacer sin ti, Monsi?, preguntó Elena Poniatowska el 20 de Junio de 2010 en el homenaje final en Palacio de Bellas Artes a una de las mentes más brillantes que ha tenido nuestro país.

Diez años después la pregunta sigue vigente. Monsiváis apoyaba abiertamente a López Obrador, pero su sentido crítico seguramente ya lo habría convertido en un enemigo más, es probable que su nombre se hubiera incluido en el documento que da vida al BOA.

Es una absoluta incongruencia cuando el actual gobierno se desgarra las vestiduras hablando de discriminación, de clasismo, de polarización.

“¡Con los niños no!”, dicen, cuando han dedicado mucho tiempo y esfuerzo a dividirnos, a hacer más grande la brecha categorizando entre liberales y conservadores, entre el pueblo bueno y sabio y los fifís. No se han dado cuenta que además de incongruentes son hipócritas.

María Alemán Muñoz-Castillo

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