Francisco Reyes Baños / Entre Lineas

Ciencia y tecnología, ¿para qué? – Francisco Reyes Baños

El jueves 18 de junio se llevó a cabo el “Segundo Parlamento Abierto: Fondos de Ciencia y Tecnología”, con la participación de legisladores y directivos de diversos Centros Públicos de Investigación (CPI’s). En este ejercicio democrático de intercambio de ideas se analizaron las consecuencias de la eventual formalización de una iniciativa de ley que elimine diversos fideicomisos en el sector público federal, en particular, los que se han creado al amparo de la Ley de Ciencia y Tecnología.

De este parlamento podemos concluir preliminarmente que el principal cuestionamiento en la permanencia de los fideicomisos se enfoca en la posible falta de transparencia y objetividad en el uso de los recursos. No obstante, fue ampliamente señalado que cualquier duda en esa materia puede y debe ser solventada a partir de una mayor y mejor revisión en el ejercicio de los recursos por parte de las entidades fiscalizadoras. Estamos hablando sobre figuras jurídicas claramente fiscalizadas y fiscalizables. En todo caso, la apuesta pendiente podría ser una mayor riqueza colegiada que garantice aún más la transparencia en términos de la aprobación y decisión en la transferencia y uso de los recursos, hecho que operacionalmente puede ser plenamente solventado sin llegar a la extinción de los fideicomisos.

También quedó claro que para los CPI´s los fideicomisos son un instrumento de agilidad y autonomía sobre la enorme y conocida rigidez presupuestal. Es claro que los plazos de la ciencia son complejos, continuos y de mediano plazo. Luego entonces, dejar de contar con ellos es un retroceso enorme en la gestión de las instituciones de investigación.

Por otra parte, quedó claro también que las disposiciones legales vigentes salvaguardan la integridad de los fideicomisos. Que no representan una acumulación de recursos fiscales, sino que provienen del beneficio económico por la colocación de sus desarrollos científicos o tecnológicas (recursos propios) en el sector productivo nacional, y que, en todo caso, resultan en un complemento al financiamiento de las necesidades sustantivas en los CPI’s.

Si estas conclusiones preliminares alcanzan el consenso, aún quedaría la pregunta: ¿para qué la ciencia y tecnología para nuestro país? Sin duda, la pauta que define el éxito de las naciones en la actualidad es el enfoque que hagan en la economía del conocimiento, es decir, en aquella donde la educación, la tecnología y la innovación figuran como elementos relevantes asociados al crecimiento y desarrollo económico. Dejar de lado este elemento estratégico para nuestras políticas públicas es, sin duda, un gran error.

Como país nos queda por resolver, más allá de la permanencia de los fideicomisos de CTI, una clara definición hacia la ciencia y tecnología que nos coloque en el camino de un desarrollo definido y sostenible. Un buen paso es resolver el tema de los fideicomisos, a partir de una definición que concilie las opiniones de todas las partes involucradas. La permanencia de los fideicomisos, en cualquier caso, debe incluir una mayor rendición de cuentas de parte de los investigadores, así como una mayor creatividad en la fiscalización e incluir como prioridad el desarrollo regional.

Finalmente, este momento y esta circunstancia particular nos debe despertar a todos, pero muy particularmente a los investigadores de todo el país, pues ahora queda claro que, aunado a su valiosa labor de investigación, existe una asignatura pendiente que no deben olvidar: está en sus manos colocar a la ciencia y tecnología en la agenda pública, a ustedes les toca en buena medida que conozcamos y reconozcamos su valioso esfuerzo y la pertinencia de su trabajo, ésta debe ser la ocasión para que la ciencia se coloque en el dignísimo lugar que le corresponde en las prioridades nacionales.

Francisco Reyes Baños

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