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Los mexicanos tienen un país maravilloso, pero no se dan cuenta: Celina, refugiada venezolana

Reportaje: Patricia López Núñez/EnLaLupa.com

En agosto de 2015 Celina hizo una fila en Venezuela durante 14 horas en compañía de su hijo para comprar carne. Cuando llegó su turno, ya no quedaba nada. Ese día empezó a pensar en qué hacer si en su país no podía conseguir comida, a pesar de tener dos licenciaturas y hablar 3 idiomas. Resistió dos años más, hasta que en 2017 llegó a México y hace poco recibió su carta de residencia, con la esperanza de obtener la ciudadanía.

Celina es una de las 28 mil 533 personas refugiadas en México, según cifras de la Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en este país. En 2019 se tuvo un registro de otras 70 mil 400 personas que solicitaron el asilo del gobierno mexicano; ese número de solicitantes representó un aumento de 138% en comparación con 2018.

Del total de los solicitantes en 2019, 43% eran de Honduras, 13% de El Salvador, 12% de Cuba y 11% de Venezuela. A pesar de ese incremento, la cifra porcentual de refugiados en México es bajo: 0.60 personas refugiadas por cada mil habitantes, cuando en el Líbano hay 133, en Jordania, 68 y en Turquía, 42.

Las cifras de la ACNUR son claras sobre quiénes solicitaron refugio en México durante el año pasado. El 44% fueron hombres, pero el 56% de las personas que lo solicitaron fueron mujeres, niñas y niños.

Al referirse a la importancia de abrirle la puerta a las personas de otros países que enfrentan diversas necesidades, Celina afirmó que el Día Mundial del Refugiado, que se conmemora el 20 de junio, no es otra cosa más que reconocer la historia de la humanidad.

La de los refugiados, la historia del mundo

“Esta es la historia del mundo, no somos los primeros ni somos los últimos, desde el primer africano que salió porque la tierra estaba muy seca y no pudo cultivar, esta ha sido muestra historia. Duele muchísimo dejar tu país porque están tus raíces, tus vivos, tus muertos, tus amistades, no sabes cuándo los van a volver a ver, pero México es un país maravilloso y nos aceptó”, puntualizó.

“Comprar jabón como si fuera droga”

El papá de Celina fue ministro en el gobierno de Venezuela en los años 70. Ella tiene dos licenciaturas, una en Ciencias Políticas y otra en Derecho, una maestría en Ciencias Políticas, habla 3 idiomas y administraba algunos inmuebles que dejaron sus padres al morir. Divorciada y con dos hijos, sin hermanos y con sus padres muertos, poco a poco vio complicarse la situación en su país.

“La inflación se hizo insostenible y lo más trágico es que no importaba si tenías dinero, no había cómo subsistir. Vivía en un departamento, ¿dónde sembraba? ¿dónde ponía una gallina? Tu preparación no te sirve allá, trataba de montar un negocio, buscaba un local y cobraban en dólares, un local chiquitito, 3 mil dólares. No podía alimentar a mis hijos. Un día no había crema dental, otro no había desodorante, no había papel, llegué a comprar jabón de lavar ropa como si fuera droga, en una bolsa negra”, recordó.

Una de las situaciones que más la marcaron se dio en agosto de 2015, cuando a las 2 de la mañana se formó, acompañada de su hijo, para comprar carne en un local. A las 4 de la tarde, cuando fue su turno de entrar a la carnicería, ya no había qué venderles. “Todo se acabó. Ese día dijimos: esto es imposible y empecé a buscar otros trabajos para salir del país”.

El 4 de diciembre de 2015 acudió a la escuela a ver a su hija tocar, pero cayó por las escaleras del teatro y sufrió una factura que requirió cirugía, así que estuvo dos meses sin poder caminar. Esa temporada le sirvió para enviar papeles a todos los países en los que pensó: Chile, Colombia, cualquier lugar donde le dijeran que sí. Fue una universidad mexicana la que le ofreció puesto como profesora y acudió a la primera entrevista, para después regresar por sus hijos y llegar a México juntos.

“En el nombre de Dios, con dos maletas, ya estaba cerrada la frontera y pensábamos pasar por el río, pero 2 días antes de salir abrieron la frontera y eso nos permitió salir caminando por el puente de Colombia, porque ya no pudimos salir por el aeropuerto principal de Caracas, ahí vimos otro mundo, otras posibilidades. Se metió cada uno en su maleta lo que cabía y nos fuimos empezar una vida nueva”, agregó.

Llegó a México en 2017 y a la par que daba clases inició un negocio, que se convirtió en su único sustento cuando terminó su trabajo en la universidad. En sus esfuerzos por legalizar su situación en el país, supo que existía ACNUR y ahí le apoyaron con los trámites. Incluso le ofrecieron ayuda inmediata cuando alguien en Migración se equivocó y en lugar de enviar el último documento para firmar la residencia, le envió una orden de deportación con un plazo de 10 días para dejar el país.

“Ya somos residentes legales, esperamos poder ser ciudadanos. Si regresamos o no, cada día lo veo más difícil, primero porque mi hijo y mi hija hacen su vida acá, amistades, noviazgos, yo también comienzo a tener mis amistades acá, nadie de mi familia y mis amigos está, regresas y no está nadie, da miedo saber que lo que dejaste no está, quizás algún día regrese a vender lo que quedó, si se puede”, añadió.

Para Celina, ser refugiada es la historia del mundo, “desde el primer africano que salió porque la tierra estaba muy seca y no pudo cultivar, esta ha sido muestra historia”. Todavía lamenta cómo empezaron a complicarse las cosas en Venezuela, cómo cada persona empieza a llegar a su límite y a buscar otras opciones.

Ya en México, se sintió bien recibida, porque “los mexicanos tienen un país maravilloso y no se dan cuenta, normalmente los mexicanos se quejan mucho, pero este país sí sirve, es un país maravilloso que se tiene que arreglar y seguir caminando”.

Según las cifras de la ACNUR, en los últimos 5 años, más de 4.5 millones de personas salieron de Venezuela por el deterioro de las condiciones que enfrenta ese país, en otras naciones, las situaciones de violencia, como la presencia de pandillas, es una causa para huir y buscar refugio en otro lugar.

México, país destino

Desde noviembre de 2019 Querétaro cuenta con una representación local de la ACNUR, para brindar apoyo a la población refugiada y solicitante de refugio, así como para implementar programas de integración con el apoyo de autoridades locales y con las empresas.

La presencia en Querétaro atiende a todo el fenómeno que vive el país en términos de personas refugiadas. El representante del ACNUR en México, Mark Manly, advirtió que México debe jugar un papel doble, porque por un lado tiene que apoyar los “esfuerzos multilaterales para prevenir y resolver conflictos armados, empujar a los Estados a respetar los derechos humanos de las personas que viven en sus territorios” y por otro, “México está llamado cada vez más a jugar el papel de país de recepción de personas refugiadas”.

De acuerdo con la ACNUR, en 2019 se contabilizaron 28 mil 533 personas refugiadas en México y 70,400 solicitaron la condición de refugiado durante el mismo año. Mark Manly estimó que el incremento de las personas desplazadas de manera forzosa “es un indicador de las amenazas a la paz y la seguridad globales”.

En los últimos años, México se convirtió en un país de destino para personas refugiadas, “es decir, personas que han tenido que huir de sus países por motivos de violencia y persecución, lo que requiere de una respuesta muy distinta al fenómeno de la migración de tránsito, pues se necesita de una política pública que garantice que la protección de las personas refugiadas en el ejercicio de sus derechos en el país”.

Con el fin de atender a todas las personas refugiadas, la ACNUR trabaja con 90 albergues del país y tiene presencia en más estados de la república, como Querétaro, para brindar información y asesoría jurídica a los solicitantes de asilo, así como apoyo a las autoridades mexicanas para aumentar su capacidad de procesar estos casos y brindar asistencia humanitaria.

Además, las personas que solicitan refugio en México ven más perspectivas de integración aquí, frente a las probabilidades inciertas de conseguir protección como refugiados en Estados Unidos.

El representante del ACNUR en México precisó que es importante diferenciar entre la persona migrante y la persona refugiada, ya que la segunda tuvo que dejar su país de manera obligada por un conflicto armado, violencia generalizada, violaciones serias de derechos humanos o persecución.

Sin embargo, es frecuente que las personas que solicitan refugio en México digan que dejaron su país porque no tenían empleo o debían alimentar a su familia, pero muchas veces el problema económico tiene un trasfondo de violencia, como las extorsiones, las amenazas, la violencia en contra del entorno social o familiar que los obligó a salir.

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