Jovita Zaragoza Cisneros - En Do Mayor

La indignación y preocupación de Merino – Jovita Zaragoza Cisneros

Es uno de los intelectuales más respetados. Su mesura y carácter conciliador en la crítica, su desempeño impecable en cualquier institución están a la vista de quien quiera consultar. Es un hombre respetado por su inteligencia y lucidez.

Hablo de Mauricio Merino quien este viernes renunció a la Asamblea Consultiva del Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación (Conapred), al que perteneció alrededor de una década, en apoyo a la renuncia de la titular de ese organismo Mónica Maccise.

Momentos después siguió la renuncia de Katia D´Artigues. ¿Cuáles fueron los motivos de este respetable académico, gran impulsor también de procesos democráticos a los que ha contribuido en palabra y acción?

Capacidad de indignación, sentido de la dignidad y la preocupación al ver el actuar de un hombre que durante su campaña enarboló postulados razonables y esperanzadores y que hoy, ya instalado en el poder máximo, muestra su rostro autoritario, caprichoso, revanchista y hunde al país en una zozobra que no merecemos tener los ciudadanos.

Hoy tiene frente a sí a un presidente que ha hecho de su tribuna máxima el espacio desde donde puede esparcir odio hacia todo lo que estorbe a su plan preconcebido y en concordancia con sus incondicionales.

Y eso no es nada bueno para la vida democrática de este país que, además, se abre paso hacía un grave retroceso de la vida Institucional. Tiempos Recios, dijera don Mario Vargas Llosa en el título de la más reciente novela.

En la entrevista que diera Mauricio Merino para diversos medios, se escuchaba su voz dolida. Y preocupada. En el noticiero del programa de radio con Denise Maerker, Merino dijo también haber renunciado al Consejo Asesor del Programa de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación y un día después al Conapred.

“Lo que está pasando es inaceptable. Absolutamente incongruente. Estar suponiendo que pueda acompañar un proyecto que en realidad tiene como propósito DESMANTELAR las instituciones dedicadas a proteger los Derechos Humanos. Hay un momento en el que me parece que debemos hacernos cargo con toda tranquilidad, pero con toda conciencia también, de que lo que estamos viviendo no es sólo un pleito por la furia del señor presidente en contra de una funcionaria o de un cómico, que lleva este ataque desde el Estado porque invitaron al tal Chumel a un Foro, sino que es algo más profundo. Ya había sucedido con el nombramiento de la titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y ya se ha anunciado por el Jefe del Estado que se van a revisar todos los órganos que él considera inútiles y considera onerosos, incluso corruptos. Los ha calificado con todos los adjetivos posibles, pero fueron creados para defender minorías y para construir una situación más igualitaria en el país. En un país profundamente desigual, por cierto, en un país profundamente roto en sus estructuras de colaboración, de solidaridad social. Bueno todo eso está desmantelándose y lo menos que podemos hacer es decir que no estamos de acuerdo y expresarlo gracias a ustedes y a través de todos los espacios que se nos abran, porque -además- percibo una clarísima intención de bloqueo informativo. Entonces, mientras todavía se pueda hablar, lo diré. Lo digo deveras con un nudo en la garganta…”

Y tiene razón en estar preocupado y decirlo con el nudo en la garganta. Es ominoso lo que el presidente y su partido hacen desde el máximo puesto de poder. Golpeteo tras golpeteo. Falacias, infundios, señalamientos y condenas hacia todo lo que se oponga a sus planes de absolutos. El menosprecio a una institución fundada por uno de los hombres más queridos y respetados por su papel de defensor de las minorías, don Gilberto Rincón Gallardo, es un golpe bajo y falto del mínimo respeto hacia quien merece otra memoria.

Las actitudes del presidente dejan mucho qué desear como representante del país, pero también como ciudadano. Sus palabras, e incluso algunas actitudes, alcanzan niveles de crueldad. Quiero pensar que esta última es involuntaria, pero cuando veo las expresiones que salen de su boca, no puedo más que pensar que le traiciona su inconsciente a través de su decir y que, cada vez más, sale de él un cúmulo de resabios almacenados desde vaya usted a saber cuándo.

Periodistas y gran número de ciudadanos conocemos la trayectoria de Mauricio Merino. Su calibre profesional. Es un humanista que ha dejado asentado en algunos escritos su preocupación,  que viene desde años atrás, por el rumbo de la vida política de México. Hace unos años compartí fragmentos de un artículo qué el escribiera y llamara mi atención. En él plantea la disociación entre la ciudadanía y la vida política nacional en el país. Analiza el desinterés ciudadano por la toma de decisiones en la vida de México. Su artículo es conciliatorio y hasta parece coincidente con algunos puntos que AMLO enarboló durante su campaña.

“¿Por qué estamos tan lejos de la vida política? ¿Por qué la gran mayoría de los mexicanos detesta esa palabra que, sin embargo, define la calidad de nuestra vida en común?”, se preguntaba entonces, Merino. Daba razones: “Porque hemos confundido la idea de la convivencia con los abusos cometidos por el poder. Odiamos a quienes cometen esos excesos. Pero nos hemos equivocado mirando una sola cara de la moneda: la cara de la política que muestra las garras, sin atrevernos a darle la vuelta y advertir que, en el otro lado, hay una sonrisa, unas manos entrelazadas y una promesa de amor”.

Pregunté entonces al leer ese texto: ¿Qué tendría que hacer el amor en un escenario en los que se establecen duelos de destreza del arribismo, de marrullería, de utilitarismo y el medio no importa si de conseguir el objetivo final se trata?

Sostiene en su artículo de entonces, Mauricio Merino: “Nos hemos abandonado a la falsa idea de que la política sólo les pertenece a los poderosos. Es mentira y tenemos que hacer algo para contradecirla, pues esa falacia les favorece tanto como nos aísla, nos excluye y nos fragmenta en nuestros esfuerzos cotidianos por construir una vida mejor… Los círculos de odio producidos por quienes se han adueñado de la palabra política anulan la enorme potencia que tiene el amor para enfrentar nuestros desafíos; para enfrentarlos con los antídotos a los egoísmos, las violencias y los enconos en los que han querido atraparnos: la compasión, el altruismo, el compromiso, la fraternidad…

Me pregunto si acaso es posible convocar a un movimiento social basado en la reivindicación del amor, que se atreva a negar sus opuestos para devolverle la dignidad y el sentido a la palabra política. No otro movimiento de odio, confrontación y resentimiento que añada nuevos agravios al dolor que ya nos agobia, sino uno que ponga en acción y armonice nuestras pequeñas batallas para conjurar la miseria, la desigualdad ofensiva, la ignorancia deliberada, los fanatismos y el egoísmo que se traducen en las muchas violencias que está sufriendo el país. Un movimiento para humanizar la política y darle sentido a la democracia, sin puestos públicos ni posiciones artificiales… Octavio Paz sugería abrazar la fraternidad como el principio de una nueva filosofía política, capaz de reconciliar libertad e igualdad, “esas dos hermanas enemigas…”

Confesé entonces rendirme emocionada ante la finura y profundidad de su pensamiento. En gran parte de su escrito está la esencia del mensaje que manejó mucho tiempo el actual presidente. Y continué leyendo: “Si queremos vivir en un México que sea nuestro, es necesario recuperar la política, la verdadera política que está en las manos de la gente común y corriente, para darle viabilidad y sentido a la convivencia de todos los días que, negando el amor, se nos ha vuelto en contra y nos amenaza en vez de abrazarnos. ¿Se trata de una utopía? Es probable, pero en ella nos va la vida”.

Este artículo, escrito hace ya cuatro años, es revelador. Infiero que Mauricio Merino sabedor de las grandes fisuras que estaban ya en el sistema, el menosprecio ciudadano a todo lo que de política se tratara, vio en su momento en López Obrador –como muchos lo vimos- un punto de esperanza para el necesario cambio. Hoy sabemos que toda esa palabrería que enarboló el entonces candidato y hoy presidente tuvo como único propósito la obtención del poder para usarlo en la consecución de un proyecto caprichoso. Hoy Mauricio Merino, quizá decepcionado y dolido al ver el rumbo al que llevan a este país y que ese hombre que ocupa la presidencia no tiene empacho alguno ya en mostrar su verdadero rostro, del que no hace falta decir más porque allí está para quien quiera verlo sin construir a su alrededor atributos que no existen.

Jovita Zaragoza Cisneros

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