Eric Rosas - La onda plana

¡Ahí TVs! – Eric Rosas

Hace unos días la gigante sudcoreana de la industria electrónica, Samsung Electronics, anunció que iniciará pronto el retiro de su producción de pantallas del gigante asiático, China, para reubicarla en la isla de Taiwán.

Esta decisión se une a otra también comunicada por la empresa a inicios de abril pasado, en la que refería que sus líneas de producción de televisores con pantallas de cristal líquido (LCD por Liquid Cristal Devices) dejarían de funcionar y los esfuerzos de la firma se centrarían en los aparatos basados en diodos emisores de luz de materiales semiconductores (LED por Light Emitting Diodes) y orgánicos (OLED por Organic Light Emitting Diodes). Directiva, esta última, que también impactará en otros de sus productos como los teléfonos inteligentes y tabletas electrónicas.

Y es que, si bien Samsung Electronics se beneficiaba de los bajos costos de la mano de obra china en sus plantas de pantallas instaladas en ese país, luego de los estragos causados por la pandemia Covid-19, tales beneficios han quedado cancelados tras los cierres obligatorios impuestos por el gobierno de Pekin. Pero, además, la empresa sudcoreana cuenta desde hace tiempo con seis instalaciones de manufactura y un par de centros de investigación operando en Taiwán. En estos se han alcanzado avances tecnológicos que, de seguir implementando en sus líneas de producción instaladas en China, podrían quedar expuestos a la práctica de “ingeniería inversa” tan bien dominada por el dragón oriental.

Luego de seis décadas, la antigua industria de los televisores surgida en la década de los años 50 del siglo pasado con base en los bulbos, finalmente dejó atrás la tecnología de los tubos catódicos y las pantallas cubiertas internamente de fósforo y hace diez años migró hacia la era de las señales digitales – aunque en México este cambio tardó en llegar todavía unos años más –. Tras un efímero y casi desapercibido paso de los televisores de plasma, la tecnología de alta definición (HDTV por High-Definition Television) inauguró una vertiginosa cascada de innovaciones en los aparatos de televisión que, incluso terminaron por dejar de ser exclusivos de esa industria del entretenimiento para abarcar un mayor número de usos, al punto que ahora todos nos referimos a ellas como pantallas y podemos encontrarlas en diversas arquitecturas y otros aparatos como las computadoras.

La evolución del formato analógico al digital sustituyó los originales 30 cuadros de imagen – cada uno formado por 486 líneas – proyectados por segundo, por los diminutos cuadros denominados pixeles. Los primeros televisores de alta definición tenían 2 millones 73 mil 600 pixeles ordenados en arreglos rectangulares de 1 920 por 1 080 pixeles. Pero pocos años más tarde las filas y columnas de estas retículas duplicaron su número a 3 840 y 2 160 pixeles, respectivamente. Con ello la resolución de los nuevos televisores se cuatriplicó y recibieron el pomposo calificativo de televisión en tercera dimensión (3D TV) o 4K. Tras los avances logrados recientemente en las técnicas de fabricación de los leds en miniatura que forman la nueva generación de pantallas, fue posible aumentar nuevamente al doble el número de filas y columnas de las pantallas 4K. Los aparatos más recientes de despliegue de imágenes cuentan ya con arreglos de 7 680 x 4 320 pixeles que cuadruplican nuevamente al número previo y por consiguiente se conocen como pantallas 8K.

Pero, aunque estas pantallas 8K aún no penetran el mercado en su totalidad, empresas como Samsung Electronics saben que sus participaciones de mercado estarán pronto en riesgo, a menos que desarrollen las capacidades de manufactura a escala que les permitan llevar a la comercialización masiva muchos de los desarrollos largamente trabajados en sus laboratorios. En los años por venir la industria de las pantallas vislumbra la incorporación de tecnologías tan futuristas como las películas delgadas y transparentes, que no requerirán ya de mueble alguno que les soporte y podrán ser desplegadas o desenrolladas para utilizarse y plegadas o enrolladas para guardarse sin ocupar espacio innecesariamente.

Lo anterior, dicho sin aberraciones.

Eric Rosas

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