Andrea Sosa - Navegando entre Letras

El reflejo en el mar – Andrea Sosa

En un mundo de fantasía, una familia emprendió viaje con dirección al mar, en busca de un tesoro mágico que todo el mundo buscaba. Dentro del bote de madera, se encontraba un niño pequeño, el cual, toda su familia pensaba que era muy inocente o que no tenía el carácter necesario para congeniar con la gente o con la vida misma. Pero nuestro adorable viajero también estaba muy entusiasmado por encontrar aquel tesoro mágico que todos anhelaban.

“Yo escuché que el premio vale más que millones de monedas de oro”; “yo que es lo más bello de la tierra, que de tan solo verlo, te hace llorar cautivado”; “eso no es todo, recuerden que te resuelve todos los problemas que tengas y te guía a una solución en los momentos más difíciles”. El niño escuchaba con atención los diferentes comentarios sobre lo que buscaba su familia y mientras más tiempo pasaba, su intriga de descubrir lo que les esperaba, también.

Cayó la noche, la luna y las estrellas comenzaron a brillar; mientras tanto, nuestros aventureros empezaron a dudar de la existencia de su objetivo, debido que les habían comentado que el tesoro se encontraba a una hora de distancia desde la playa del pueblo, pero ellos llevaban horas esperando que el mar les entregará su tesoro preciado.

De repente, todos en la barca empezaban a discutir todos contra todos, a excepción de uno, el niño. Desde el primer segundo del viaje, se cuestionó a manera profunda cómo luciría el tesoro; ¿sería tan hermoso como su sonrisa que vale más de millones de monedas de oro?, ¿del mismo tamaño que él, que hasta su madre llora de ternura por su estatura?, o ¿será como su forma de pensar al momento de buscar respuestas a sus problemas?.

Mientras nuestro protagonista se cuestionaba todas estas preguntas, se dio cuenta que podía ver su reflejo claramente en el mar, así que decidió decirle a su familia de lo que había descubierto y mientras señalaba su reflejo con su dedo comentó, “lo encontré”; en ese momento todos se callaron y comprendieron que el tesoro mágico eran ellos mismos.

En un mundo fuera de fantasía, no se trata de tomar un paseo de una hora por el mar para descubrir que somos nuestro propio tesoro; se trata de darnos la oportunidad de conocernos y poder utilizar nuestras fortalezas para crecer y disfrutar de las experiencias que el mismo tiempo nos da. Y si un día nos perdemos, al menos podremos saber que el reflejo que nos otorgue el mar, es el tesoro más maravilloso.

“Hasta que no te valores a ti mismo, no valorarás tu tiempo. Hasta que no valores tu tiempo, no harás nada con el” – M. Scott Peck

ANDREA SOSA

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