Daniela Salgado - Lo que no se mide no se puede mejorar

El maltrato infantil, una espiral infinita que hay que detener de una vez por todas – Daniela Salgado

Los niños son como el cemento húmedo, todo lo que los toca deja una huella.

Haim G. Ginott

Hay de errores a errores y particularmente uno cuya gravedad solemos desestimar por lo normalizado que está en nuestra sociedad es el maltrato de nuestros niños como un recurso en su formación, mismo error que con el correr del tiempo se convierte en uno potencialmente peligroso.

Todos nuestros niños tienen derecho a recibir una crianza positiva basada en el respeto y el amor; sin embargo, no todos tienen el privilegio de ser formados bajo esas premisas. México está colocado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), como el primer lugar a nivel mundial en violencia y maltrato infantil con más de 4 millones y medio de niñas y niños víctimas de este delito al año.

De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda, en Querétaro habitan 545 mil 065 niños y niñas de cero a 14 años, los cuales representan 30% de la población y, de éste, alrededor del 60% sufre violencia con 15% en situaciones bastante severas de violencia, no solamente física.

Si le damos un trago al recuerdo entenderemos con mucha claridad el enorme daño que producen estos gestos violentos y la poca efectividad que tienen como medida de corrección. Sin embargo, como adultos repetimos el patrón y ahí vamos en esta espiral infinita que hoy es necesario detener de una vez por todas.

Se habla mucho de que los niños deben recibir una crianza positiva, pero ¿qué es? Ésta se caracteriza por la empatía, la comprensión y el respeto, y consiste en enseñarles a los niños a hacer lo correcto utilizando positividad y paciencia, en lugar de implantar el miedo o castigos humillantes o físicos.

Una de las partes más importantes de la crianza positiva es educar con el ejemplo, pues nuestros pequeños imitarán todo aquello que vean en nosotros, sus modelos a seguir, sea bueno o malo.

Cada familia funciona y educa de manera distinta, pero si yo como adulto sólo puedo controlar a un niño a través de un manazo o nalgada, lo que le estoy dando a entender es que eso funciona y está permitido. No obstante, el real problema es que todo puede comenzar a desarrollarse a partir de una “insignificante” nalgada, y desenlazar de una manera catastrófica.

Son situaciones delicadas y debemos ir a la prevención, el castigo corporal es un fenómeno generalizado en América Latina y tiene un impacto directo en los ámbitos físico, médico, psicológico y emocional de los menores de 18 años. Tenemos la obligación de asegurar la protección a este sector de la población contra el uso del castigo corporal en todos los entornos, familia, escuela, instituciones públicas y privadas, centros de detención y en comunidades.

Ninguno de los que formamos parte de esta sociedad estamos ajenos al maltrato infantil, lo traemos incrustado debajo de la piel porque todos hemos conocido por lo menos un caso de violencia y castigo corporal de algún menor.

Para prevenir la violencia contra las niñas y los niños se deben tomar medidas, crear políticas, promulgar y aplicar de forma fiable leyes, y para promover formas positivas de disciplina y proteger a los niños y niñas contra los abusos y la violencia dentro de sus familias y así no llegar a casos extremos.

Daniela Salgado Márquez

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